jueves 26 de abril de 2007

Consuman como si no hubiera un mañana


¿Hay alguien que pueda hacer el favor de informar al Consejo Ejecutivo del Sierra Club que la idea de un “coche ecológico” tiene tanto sentido como la “pena de muerte no violenta?” Mientras la vasta mayoría de los que se preocupan por el calentamiento global considera la reducción de la producción innecesaria como la base de una política sana, el Sierra Club ha endosado un plan que no incluye virtualmente ningún papel para la preservación.
En enero de 2007, la Sociedad Estadounidense de Energía Solar (ASES, por sus siglas en inglés) publicó un documento de 180 páginas “Tackling Climate Change” [Afrontando el cambio climático] en USA. Como es típico en un gran análisis del entorno, se basa en una economía de crecimiento dominada por las corporaciones. La novedad son sus estudios altamente técnicos que pretenden computar cuántas emisiones de CO2 pueden ser contrarrestadas mediante la eficiencia energética (EE) y la energía renovable.
En asociación con ASES para presentar el estudio al Congreso, el Sierra Club escribió con entusiasmo que “la eficiencia energética y las energías renovables solas pueden lograr entre un 60 y un 80% de reducción en las emisiones de calentamiento global hasta 2050.” El que agregaran la palabra clave “solas” en el primer párrafo de su comunicado indicó que el Sierra Club quería asegurarse de que los políticos y los donantes corporativos comprendieran que no tiene intenciones de criticar la gran cantidad de chatarra innecesaria creada por USA corporativo.
Lo que no dicen
La energía solar, la energía eólica y la eficiencia energética (EE) juegan papeles vitales en la reducción del CO2. El problema es el papel de la preservación, o la reducción de la producción total. Para los “verdes profundos,” el objetivo más básico es el cambio social que fomente la reducción de energía. Para los “verdes claros,” la preservación es, en el mejor de los casos, algo que produzca jarabe de pico mientras mantiene la estrechez de miras sobre los artilugios ecológicos.
Más patente que el típico análisis medioambiental corporativo, el informe ASES/Sierra trivializa la preservación como si fuera “pasárselas sin” o “privación”. Presenta una vasta gama de juguetes tecnológicos, algunos de los cuales son bastante buenos y otros que son menos que ecológicos. Lo que es más revelador es lo que no incluye. Discute el transporte sin utilizar la palabra “bicicleta” o “caminar.”
Considera el diseño eficaz de construcciones sin discutir el uso de edificios vacíos o el diseño de edificios para que duren más de 50 años. El informe que Carl Pope ensalza como “la actual estrategia oficial de calentamiento global del Sierra Club” contiene una extensa discusión del calentamiento y enfriamiento doméstico sin mencionar la palabra “árbol.” El recientemente publicado “Heat” [Calor] de George Monbiot concluye que la producción de una tonelada de cemento crea una tonelada de CO2, un hecho que no es destacado por los que proponen edificios EE.
En un análisis de la eficiencia energética, no aparece ni una vez la frase “agricultura orgánica” y no se menciona el uso masivo de petroquímicos o de granjas industriales y hay cero preocupación por el hecho de que el producto alimenticio estadounidense promedio viaja 2.000 kilómetros desde la granja al plato. El extraño enfoque de la EE no cuestiona el crecimiento canceroso de los electrodomésticos, la obsolescencia planificada, o la creación corporativa de deseos artificiales de productos innecesarios.
Los autores no comentan sobre el inmenso derroche de atención sanitaria o de inmensos edificios de las compañías de seguros que derrochan energía sin crear nada de valor. Los capítulos sobre el transporte, tales como sobre coches eléctricos híbridos enchufables, ignoran el hecho de que el transporte aéreo en el Reino Unido se duplicará hasta 2030, época en la que tendrá más efecto sobre el calentamiento global que los automóviles. El llamado a aumentar 10 veces la biomasa no dice nada sobre los efectos de los monocultivos, la deforestación, la ingeniería genética o el uso de pesticidas.
Estas posiciones dejaron algo fuera del gran plan ecológico por la eficiencia energética: existen soluciones de baja tecnología, o sin tecnología, de sentido común, que involucran la reducción de la cantidad de uso de producción y energía sin disminuir la calidad de la vida. Tienen algo más en común: no involucran la inflación de los beneficios corporativos mediante el aumento de la manufactura.
¿Cuándo deja de ser eficaz la eficiencia energética?
Casi tanto como la energía solar y eólica, la eficiencia energética se está convirtiendo en el mantra indiscutible de las soluciones para el calentamiento global. Los refrigeradores que usan un 75% menos de energía son una ventaja. Incluso mejor sería la Passivhaus [casa pasiva] diseñada en Alemania, que está tan bien aislada que tiene cero sistemas de calentamiento y de enfriamiento.
EE es buena. Pero las proyecciones de lo que puede ofrecer rayan a veces en alucinaciones. Es el caso con la afirmación de ASES/Sierra de que la EE puede contrarrestar el calentamiento global en un 57%.
La primera limitación de la EE es la vieja máxima de que mientras más partes contiene un sistema, más partes se pueden romper. El informe ASES/Sierra se lee como una enciclopedia de artilugios de arreglo tecnológico para edificios, coches y agujeros en la tierra. Cada ítem involucra un aumento en la interdependencia industrial. A medida que los recursos comienzan a escasear como resultado de su agotamiento, de guerras o de acaparamiento, es probable que el futuro traiga una disminución de la capacidad de remendar sistemas interconectados. Aumentar la dependencia de ellos es como pedir que haya colapsos industriales.
Otro factor que actúa contra la EE es la ley de retornos decrecientes. Joseph Tainter explicó que las sociedades comienzan a derrumbarse cuando los se agotan los recursos para satisfacer las necesidades de una complejidad creciente. Del mismo modo, el mayor impacto de los descubrimientos viene cuando son introducidos por primera vez. Es cuando hay la mayor restitución de energía por la energía invertida. Las mejoras adicionales tienden a costar más y a rendir menos. El petróleo fue barato y fácil de obtener cuando recién salió a la superficie. A medida que pasó el tiempo, se hizo más caro bombear el petróleo, disminuyó la cantidad disponible, y empeoró la calidad. El mayor impacto de las drogas vino de los antibióticos. Ahora nos bombardean con anuncios para nuevas drogas cuya investigación cuesta más pero que tienen menos ventajas sobre la generación previa.
Los tecnócratas tienden a tener fe en el potencial ilimitado de la EE. La verdad es que probablemente hemos visto la mayor parte de los mayores impactos de la eficiencia y que los cambios futuros serán sobre todo perfeccionamientos que ofrecerán menos y menos mejoras.
La dificultad más importante para la EE es la economía de mercado, tan amada y tan poco comprendida por los ecologistas. Las corporaciones no compiten para ganar menos dinero. Compiten para aumentar sus beneficios. Las fuerzas del mercado obligan a cada corporación a expandir la producción lo más rápido posible. Cuando haya un calentamiento más eficaz, las corporaciones que lo vendan alentarán a sus clientes a subir sus termostatos y a andar por ahí en ropa interior en medio del invierno.
La gente vive a distancias que permiten viajes diario de y a su trabajo. El automóvil ha alargado esa distancia. Coches eficientes en su consumo de combustible no harán nada por afectar esa distancia o los kilómetros adicionales de carretera, la pérdida del hábitat que acompaña la construcción de carreteras, el espacio para el estacionamiento o la energía utilizada para producir coches.
No cuesta imaginar a yuppies tan orgullosos de su apartamento EE en Nueva York que se compran una casa EE en Phoenix, o un condominio EE en Chicago, un coche híbrido para cada ciudad, y un helicóptero modificado para que funcione con biocombustibles a fin de volar regularmente entre las ciudades.
La eficiencia energética no es eficaz cuando algunos artefactos individuales son más eficaces, pero la cantidad general de artefactos aumenta tanto que la masa total de energía utilizada aumenta en lugar de disminuir. Guste o no, es la coacción irredimible de la economía de mercado.
Esto no quiere decir que la EE no juegue un papel en la prevención de que el planeta se rehogue. Es decir que la EE debe estar acompañada por un intenso programa de conservación, de rediseño económico y de regulación gubernamental. Sin esto, la EE en una economía de mercado no es sólo inútil, sino es probable que resulte en una expansión de la producción y en un aumento del calentamiento global.
Invasión de los tecno-parlanchines

Cualquiera que se haya opuesto alguna vez a un incinerador de basuras, a un horno de cemento o a una planta termoeléctrica a carbón sabe que ha perdido la lucha si permite que la industria lo fuerce a una discusión sobre cuál sistema de control de la polución debe ser añadido después de haber creado las toxinas. La única solución auténtica es la fácil – comenzar por impedir la creación de los venenos.
Si alguien trata de vender un incinerador o un sistema EE demasiado complicado para comprenderlo, eso debería indicar que es una mala idea. Hacer cosas simples es típicamente el camino hacia la mayor eficacia. Totalmente ajeno a las razones sociales del calentamiento global, el informe ASES/Sierra afirma que cualesquiera problemas de gases invernadero que subsistan después de EE, pueden ser resueltos con seis tecnologías renovables: “concentración del poder solar, fotovoltaicos, energía eólica, biomasa, biocombustibles y energía geotérmica.” Los tres últimos mencionados son tecno-cháchara.
La “biomasa” es sobre todo un esfuerzo por convertir cualesquiera zonas sin cultivar que queden en este planeta para plantar monocultivos y producir energía. No sorprende por lo tanto, que la palabra “ecología” no aparezca en el capítulo sobre la biomasa. Lo que sorprende es la sub-sección sobre “residuos urbanos” que discute el uso de desechos sólidos municipales como combustible para convertir calor en electricidad. Es un modo cortés de decir que los ecologistas debieran endosar la diseminación de toxinas de los incineradores al aire de las ciudades y abandonar la noción de no generar desechos.
La “energía geotérmica” no tiene asociaciones tan ofensivas. Pero menos de un 0,1% de la energía geotérmica está dentro de tres kilómetros de la superficie, lo que la hace actualmente recuperable. Sugerir que técnicas que aún están por ser perfeccionadas podrían permitir que la geotérmica suministre un 20% de la energía de USA es pura especulación. No puede formar parte de un estrategia energética seria.
Uno de los capítulos más vergonzosos del informe concierne a los “biocombustibles.” No contiene nada contra el etanol de maíz. Sólo rechaza el uso de granos de maíz para producir etanol sobre la base de que los 38.000 metros cúbicos de etanol que podrían ser producidos con maíz estadounidense representarían sólo un 5% de la demanda de gasolina de este país. No presta atención a temas introducidos este mismo mes en un artículo en Scientific American de que (1) la refinación del etanol usa más energía de la que produce, y (2) que el etanol requiere “robar cultivos de alimentos para producir combustible.” La falta de preocupación tanto por la eficiencia del etanol como por el hambre en el mundo hace que el informe endosado por Sierra sea menos orientado a la ecología que el de Scientific American, el prototipo de las publicaciones híper-tecnológicas.
El capítulo se aferra a la esperanza de que etanol pueda ser producido si, en lugar de utilizar grano de maíz, la materia prima fuera “residuos de cosechas de maíz y trigo.” Existen varios problemas con esta estrategia de la “celulosa”. Primero, como en el caso geotérmico, la producción de etanol de tallos de maíz es altamente especulativa y no tiene un sitio en proyecciones a largo plazo. Si pudiera hacerse, sería de maíz genéticamente modificado para hacer que sea más aceptable para la separación de los azúcares de la lignina. Ya ha habido demasiada contaminación genética de alimentos. Más modificación genética es precisamente lo que la agricultura no necesita.
El mayor problema con el etanol celulósico es que da por sentado que el suelo no debe ser otra cosa que un medio estéril para producir cultivos y que el “residuo” no tiene nada que ver con el reabastecimiento del suelo. Precisamente como el Servicio Forestal bajo Bill Clinton nos trajo el “talado salvaje” basado en la creencia de que la madera descompuesta no tiene importancia para los ecosistemas forestales, Hillary Clinton podría liderar el concepto de que los tallos de maíz en descomposición no contribuyen a los ecosistemas del suelo.
Los que se concentran en los biocombustibles no parecen comprender que separar del suelo a los fertilizantes naturales significa depender más de fertilizantes petroquímicos. Con cara dura proponen reducir el uso de petróleo en los coches, aumentando el uso de fertilizantes basados en el petróleo.
Preguntas duras/realidad difícil
Los móviles perpetuos, la biomasa y los biocombustibles no detendrán la extinción de especies causada por el cambio climático. Una vez más, la eficiencia y la energía solar y eólica son componentes críticos de una sociedad sustentable. Pero concentrarse en ellos distrae la atención de los verdaderos problemas que hay que afrontar – cómo reducir dramáticamente la producción de energía mientras se mejora la calidad de la vida. Esta es la base de las preguntas duras que evitan los ecologistas corporativos.
Por ejemplo, USA necesita reducir la cantidad de autos en las rutas en por lo menos un 95% y asegurar que los pocos que sean producidos sean híbridos. ¿Cómo puede la economía de USA ser reorganizada de manera que los trabajadores de la industria automóvil y los de las refinerías tengan puestos de trabajo comparables a los que tienen actualmente?
Muchos países pobres dependen de industrias destructivas como el petróleo. ¿Cómo puede reorganizarse la economía mundial para que aumenten su nivel de vida mientras modifican lo que producen?
Es bien sabido que la reducción de los gases invernadero necesita una reducción de la población, lo que puede ser logrado mejor reduciendo la brecha entre ricos y pobres y logrando igualdad para las mujeres. ¿Cómo invertimos el modelo derechista de la creciente disparidad?
La economía global aumenta la producción de bienes de alta energía como ser carreteras, coches, aviones, comida chatarra, carne y montañas interminables de basura consumista. ¿Cómo cambiamos esto a la producción de bienes de baja energía que la gente realmente necesita, como ser alimentos orgánicos producidos localmente, atención sanitaria preventiva y vestimentas y casas que duren?
La creación de necesidades artificiales de nuevos objetos estalla como si se tratara de enfermedades genéticamente modificadas en un laboratorio de bio-defensa. ¿Cómo convencemos a los grandes medioambientalistas que no es un “sacrificio” o una “privación” si nos concentramos en la producción de artículos que la gente realmente necesite y que duren?
Todos queremos creer que nuestros cheques para Sierra o para Nature Conservancy hacen algún bien a la larga y que sólo se demoran un poco en hacer lo correcto. La triste realidad es que los grandes medioambientalistas están haciendo cosas equivocadas que llevan en la dirección equivocada.
La tarea más elemental para detener el calentamiento global es que haya una revolución moral, ética y espiritual basada en la creencia de que demasiada chatarra es algo malo. La reducción de la producción innecesaria es la antítesis de lo que representan las corporaciones. Por destructivo que sea para el planeta, las corporaciones tienen que tratar de convencer a la gente de que consuma más y más.
Vienen los grandes medioambientalistas y le dicen a la gente que el exceso de consumo de ninguna manera es malo porque da al consumidor la capacidad de afectar el cambio con su poder de compra. El erudito tecno-mago agita su varita, y dice: “No miren las montañas de chatarra descartada que llevan a los vertederos. Miren para acá, a los fabulosos eco-artilugios de nuestros amigos corporativos.”
Los grandes medioambientalistas podrán estar haciendo más por preservar el ethos del consumismo auto-devorante que lo que jamás podrían hacer las grandes corporaciones. ¡Qué sorpresa saber que el Sierra Club tiene un historial de obtener fondos del Chemical Bank, ARCO y British Petroleum! Los grandes medioambientalistas posiblemente suministran al gran petróleo lo que más necesita – fe en una economía de mercado puede proteger el planeta.
Karl Marx dijo una vez algo en el sentido de que si quedaran sólo dos capitalistas, competirían por ver cuál puede vender la cuerda para colgar al otro. Una versión moderna podría ser que si el planeta estuviera tan tostado que sólo quedaran dos grandes grupos medioambientalistas, competirían para ver cuál puede obtener una subvención del gran petróleo para demostrar que lo que queda del mundo podría ser salvado por las decisiones de los consumidores.
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Don Fitz es editor de Synthesis/Regeneration: A Magazine of Green Social Thought, que es enviada a miembros de The Greens/Green Party USA. [Los Verdes/Partido Verde, USA] Para contactos escriba a: fitzdon@aol.com
Fuente
Heinberg, R. The party’s over. New Society Publishers, 2003.
Kutscher, C.F. (Ed.) Tackling Climate Change in the U.S.: Potential Carbon Emissions Reduction from Energy Efficiency and Renewable Energy by 2030. American Solar Energy Society, 2007. www.ases.org/climate change
Monbiot, G. Heat: How to stop the planet from burning. South End Press, 2007.
Sierra Club, Renewable energy experts unveil report. Sierra club press release, January 31, 2007. Contact Josh Dorner, josh.dorner@sierraclub.org
Tainter, J. The collapse of complex societies, Cambridge University Press, 1988.
Tokar, B., Earth for Sale. South End Press, 1997.
Wald, M.L. Is ethanol for the long haul? Scientific American. January 2007.
http://www.zmag.org/content/showarticle.cfm?SectionID=56&ItemID=12636


Don Fitz
Zmag

miércoles 25 de abril de 2007

LA DESHONRA DE MORIR EN ACCIDENTE LABORAL

En las muertes por accidente, incidente o enfermedad laboral siempre se le achaca la responsabilidad de su final a quien muere. Las campañas publicitarias sobre la prevención de accidentes laborales siempre piden a quienes curran que cuiden de su salud y de sus vidas. Dicho más claro le piden que recen para que no les ocurra nada. Quienes mueren en accidente laboral son personas sin rostro, ni nombre, ni situación familiar, ni amistades. Nunca he visto en los medios de comunicación que nos hablen de si quien ha fallecido era una persona de tal o cual manera, si le gustaba esto o lo otro, de cómo se quedaba su familia, sus amistades, de qué había aportado en su trabajo.

Las instituciones, los medios de comunicación, la sociedad en general tratamos a este tipo de lacra que son los accidentes, los incidentes, las enfermedades laborales, como algo consustancial al trabajo asalariado. Vamos, como si ya fuese incluido en el salario que te pagan.

Detrás de cada muerte por accidente o incidente laboral hay otros miles de personas heridas, enfermas, que en muchos casos arrastrarán de por vida las secuelas de "su torpeza". Porque "la torpeza del currela" es la única explicación que nos dan a este tipo de lacra. Porque no te pones las prendas de seguridad. Porque no atiendes a las decenas de normas que te hacen firmar como recibidas. Porque no llegas al curro olvidándote de tus preocupaciones, sociales, familiares, económicas, políticas. Porque en el trabajo hay que estar a lo que se está: a que la patronal gane todo lo que pueda y lo más rápido que se lo puedas hacer ganar.

Desde luego que se dan algunas respuestas de denuncia o protesta a estas situaciones, pero a la vista está que no sirven para evitarlas. La patronal y las instituciones que la acunan, potencian la baja autoestima de la gente asalariada. La patronal y las instituciones que la acunan, disfrazan estos crímenes como errores individuales de quienes los sufren. Quienes forman la patronal y las instituciones coinciden en muchos intereses empresariales y de negocios.

Ni la patronal, ni las instituciones, deberían intervenir en la investigación de estos accidentes, incidentes, enfermedades laborales, por tener un interés directo en sus causalidades. Así las cosas, parece lógico que este asunto fuese asumido de forma ejecutiva por las organizaciones propias de la gente asalariada.

Entretanto propongo que a cada una de las víctimas mortales de accidente, incidente o enfermedad laboral se le homenajee, dando a conocer su identidad, su rostro, loando sus aportaciones en el trabajo, en su círculo familiar, de amistades, en el barrio o pueblo, porque de seguro que habrá hecho tantas cosas positivas como cualquier miembro de la patronal o de las instituciones.

Arrieta (Trebiñu), 7 de marzo de 2007.

Javier Ruiz (activista social)
Clique en la figura para mirar mejor.

Si muere alguien de la patronal se suceden los panegíricos, las condolencias, los homenajes, las loas ¿Vale más la aportación a la sociedad de la patronal que la de los currelas?
Fuente:Alerta Euuskalheria

lunes 23 de abril de 2007

Primavera latinoamericana

Frei Betto
Alai-amlatina

Decepcionados con las tradicionales oligarquías políticas, los electores de América Latina canalizan ahora sus votos hacia candidatos que encarnan la esperanza de cambios capaces de reducir la desigualdad y la miseria. Votan a gente con cara de gente: al obrero Lula en Brasil, al mestizo Chávez en Venezuela, al indígena Morales en Bolivia, al militante de izquierda Correa en Ecuador, al exguerrillero Ortega en Nicaragua. Y quiera Dios que, dentro de poco, Fernando Lugo sea elegido presidente de Paraguay y Rigoberta Menchú de Guatemala.

En Venezuela Chávez refuerza el poder popular instalando los Consejos Comunitarios. Ésa es la única vía por la que los gobiernos democráticos pueden, en efecto, asegurar su gobernabilidad sin correr el riesgo de quedar como rehenes del Congreso y vulnerables a los golpes de Estado orquestados desde Washington, como sucedió en Venezuela en el 2002.

En Brasil Lula optó por la vía parlamentaria, formando una coalición partidista que le garantiza la mayoría en el Congreso, aunque sin metas definidas en cuanto al proyecto de un nuevo Brasil. Los partidos fueron atraídos por el ofrecimiento de cargos en la maquinaria del poder Ejecutivo. Al contrario de Chávez, Lula no se interesa por movilizar a los movimientos sociales, temeroso de que le exijan cambios en la política económica neoliberal, de riguroso ajuste fiscal, y en la política social, que está debiendo la reforma agraria, puerta de salida de las familias pobres que, hoy, dependen de los recursos del Estado para su sobrevivencia.

Reelegido en diciembre por el 63% del electorado, Chávez obtuvo la aprobación por el Congreso de la Ley Habilitante, que le permite gobernar en los próximos 18 meses sin consultar al parlamento. Se trata de la versión venezolana de las Medidas Provisionales adoptadas anteriormente en Brasil. A partir del 1 de mayo Chávez pretende reducir el poder de los consorcios petroleros que operan en la región del río Orinoco, donde se extraen cerca de 600 mil barriles diarios y con potencial para llegar al millón 300 mil barriles por día.

La medida afectará a las empresas extranjeras que hasta ahora se hartaban del petróleo venezolano e inflaban su facturación sin contrapartida en el desarrollo sustentable del país: las norteamericanas Chevron, Exxon Mobil, Texaco y Conoco Philips; la francesa Total; la noruega Statoil; y la británica British Petroleum. La expresa venezolana PDVSA es la socia minoritaria en este consorcio. A partir del 1 de mayo ésta se quedará con la cuota del 60% y las demás con el 40%.

En los planes de Chávez entra el nacionalizar la empresa Electricidad de Caracas, controlada ahora por la AES de los Estados Unidos, y no renovar la concesión de frecuencia del Estado a la empresa de telecomunicaciones RCTV (Radio Caracas Televisión), que podrá seguir operando por satélite y por cable. La RCTV apoyó el golpe de abril del 2002, que trató de derribar al presidente Chávez y, en diciembre del mismo año, apoyó el sabotaje a PDVSA, lo que puso en peligro la economía del país. Chávez prefirió, en aquel momento, no castigar a la emisora.

Al contrario de lo que pregonan los medios de los Estados Unidos, Chávez es el presidente latinoamericano con menos poderes y más mediatizado por dispositivos constitucionales limitadores de su actuación. El más importante de ellos es el Referéndum Revocatorio, que autoriza al 5% de los electores -unas 800 mil personas- a exigir que el elegido se someta a la aprobación popular a mitad de su mandato. Su aplicación tuvo lugar en agosto del 2004, cuando la oposición venezolana pidió el referéndum y tuvo que tragarse la amargura de su resultado: la mayoría de la población reafirmó su confianza en Chávez.

Si hubiera habido un Referéndum Revocatorio en Argentina y en Bolivia, Fernando de la Rúa y Sánchez de Losada habrían sido destituidos sin falta de aquella presión popular que pagó el alto precio de vidas sacrificadas. Y en Perú Alejandro Toledo, que gobernó con un índice de aprobación inferior al 15%, habría cedido su lugar a otro a mitad de su mandato.

En el Ecuador, país que tuvo ocho presidentes en los últimos diez años, Rafael Correa movilizó a la nación para conformar una Asamblea Nacional Constituyente, aprobada por más del 70% de los electores el domingo pasado. Y en Bolivia Evo Morales conmemora la reducción, en apenas un año, del déficit fiscal, la duplicación de las reservas del país y el avance de los indicadores económicos, gracias al cobro del precio justo del gas explotado por compañías extranjeras y a la recuperación de la propiedad sobre los hidrocarburos.

Por la vía democrática y pacífica, América Latina va liberándose de la miseria a la que la mayoría de su población fue condenada por las grandes potencias. Si éstas reaccionan ante la pérdida de sus privilegios exorbitantes, el escenario de Iraq podría trasladarse a esta región. El sentido común y el incienso no le hacen mal a nadie. (Traducción de J.L.Burguet)

- Frei Betto es escritor, autor de “Sabor de uva”, entre otros libros.
Fuente: Rebelión

sábado 21 de abril de 2007

Las gafas de Gandhi


Albert Domingo Curto
Rebelión
Para Eric, de quien todavía espero aprender mucho más.

“No se me objete que los animales son en su mayor parte seres feroces, incapaces de sentir el mal que hacen, pues, ¿acaso los hombres distinguen mejor los vicios y las virtudes? Ferocidad hay en nuestra especie como en la de aquéllos. Los hombres que tienen el hábito bárbaro de transgredir la ley natural no se sienten tan atormentados como los que por primera vez la infringen, puesto que a éstos la fuerza del ejemplo no los ha endurecido”.1

Una de las más nefastas consecuencias del desarrollo tecnológico bélico de los últimos siglos, quizás la peor, puede observarse a diario con la constatación de que dicho progreso no ha venido acompañado en la misma medida por el acrecentamiento de las armas morales de las que la racionalidad humana es perfectamente capaz. Sin duda, la posibilidad de que la evolución del comportamiento humano emparejara por igual ambos elementos resulta a priori contradictoria, ya que daría lugar a un doble esfuerzo en sentidos antagónicos: la elaboración, por un lado, de la estrategia y la técnica del ataque (aunque fuera meramente defensivo, si es que ello es dable más allá del ámbito de la excusa) y, por el otro, el desarme moral, esto es, la aceptación del abandono de la racionalidad como base del propio comportamiento y su sustitución por el uso de la fuerza, aceptación presupuesta en esa concepción que proclama la solemne sinrazón de la agresión y del abocamiento al recurso violento. Sin embargo, es muy posible también que esa actitud esquizoide se vea agravada por la situación creada, entre otras razones, por el alejamiento físico de los escenarios reales de los acontecimientos, a los que nos ha llevado la creciente tecnificación y monitorización de lo bélico, a través de la aparición del poder remoto de provocar sucesos cruentos en otros en latitudes lejanas. Claro está, este no-querer-poder-ver debió iniciarse con la piedra y con la azagaya, y bien pudo convertirse en ceguera crónica con la invención del gatillo. Konrad Lorenz lo dejó escrito hace casi medio siglo con lucidez meridiana: “Las profundas capas emocionales de nuestro ser, sencillamente, ya no registran el hecho de que apretar el gatillo significa destrozar con el tiro las entrañas de otro individuo”.2 Nos ahorraremos los detalles de extrapolar las consecuencias de lo dicho hasta aquí al uso de las armas nucleares de destrucción masiva, que no provocan unívocamente la muerte de un individuo sino el horror de una barbarie dantesca en las antípodas. Pero ello no nos puede evitar la consideración, ciertamente banal, de que nuestro registro perceptivo del entorno, cercano o lejano, funciona mucho más allá de nuestros meros sentidos y de que, aunque no sean directamente observados, los efectos catastróficos del uso de gatillos y botones atómicos no pueden obviarse ni tan siquiera con el descaro del cinismo o el de una pretendida excusa de orden pretendidamente superior a la de la propia preservación de la vida humana. No se tratará aquí, por lo tanto, de una cuestión que ataña al ámbito de las meras sensibilidades sino a algo mucho más esencial. El alejamiento antropológico que se produce con la toma de partido por el recurso a la violencia no puede concebirse sin una intoxicación previa de los valores considerados básicos de la fundamentación histórica de la moralidad. Intoxicación que introduce en nuestras mentes, como se ha repetido muchas veces, los elementos suficientes indispensables de alteridad en el vecino como para convertirlo en nuestro enemigo mortal. Es precisamente por eso que la guerra, cualquier guerra, requiere, junto a la piedra, la pólvora o el plutonio, el elemento generalizador y propiciatorio que sólo la propaganda podrá aportar. Curiosamente, ninguna de las multitudinarias guerras atroces que han sembrado el siglo XX y que siguen haciéndolo en el XXI, ha sido concebible sin ese esfuerzo, a veces titánico y siempre con el mejor dominio técnico asequible en cada época, por captar, controlar y manipular mentalmente primero a la intelectualidad más predispuesta y posteriormente al grueso de la población, con la finalidad de la aceptación de la pretendida inevitabilidad del giro de tuerca mortífero. Por eso, aceptar, como hace Eduardo Subirats en un artículo suyo que lleva por título “Violencia y civilización”3, que: “Nuestra civilización es violenta en cuanto a sus premisas epistemológicas y en cuanto a sus últimas consecuencias a la vez tecnológicas y militares”, o que: “la violencia no es el origen negativo contra el cual la civilización construye su sentido, sino el final que revela el sinsentido de su empresa” es, cuanto menos, no querer ver el gigantesco esfuerzo que han debido desplegar históricamente los gobernantes (y con ellos sus servicios de propaganda) de los países en períodos pre-bélicos, para convencer y conseguir obligar a asumir a sus respectivas poblaciones esa aparente inevitabilidad de la guerra y de los sacrificios que todo ello comporta. Los recursos destinados a la generación de opinión pública o, mejor dicho, para los tiempos que corren, al mantenimiento del atolondramiento de la opinión, sólo ellos puede hacer posible que sean concebibles y socialmente aceptables esos discursos primarios (y esas prácticas bélicas) que se caracterizan por el uso de términos insultantemente primarios y maniqueos como, por ejemplo, “la madre de todas las guerras” (S. Hussein), “la lucha contra el eje del mal” (Bush Jr.) o, incluso, aquel patético y viejo grito legionario: “¡Viva la muerte!” (Millán Astray). El tono y la elección semántica en el uso del lenguaje bélico propagandístico permite ir difundiendo dosificadamente el clima de opinión que calará, según corresponda a cada ámbito, en la permeable conciencia del tejido social. A este efecto, el uso de los eufemismos pretendidamente técnicos, por no decir del cinismo más políticamente correcto, resultará crucial. No en balde, el siglo que ha visto crecer desmesuradamente el poder de los media y de la propaganda es el que mayor cinismo ha empleado en el uso de su vocabulario público. Las múltiples caras de la barbarie han sido aceptadas públicamente como moneda corriente cuando para ellas han sido acuñadas las expresiones propicias: “solución final”, “tratamiento especial”, “traslado”, “limpieza étnica”, “efectos colaterales”, “tratamiento eugenésico”, “apartheid”, “internamiento”, etc. ¿Debemos asumir, como hace Subirats en su artículo que, independientemente de las épocas, de los estratos de poder, de los consorcios industriales, de la mansedumbre apática de las poblaciones ante el omnímodo poder de las propagandas institucionales belicistas, “la violencia es inherente al concepto de civilización”, o que “el papel civilizador y ordenador de la violencia puede reconstruirse asimismo a partir de la propia estructura epistemológica del conocimiento científico-industrial”?.4

La habitual indistinción ideológica a la que se ven abocados gustosamente los intereses corporativos empresariales, pero quizás de manera más ansiosa en época de pre-guerra o de guerra declarada, con tal de ver acrecentar el volumen de sus arcas, fue ya curiosamente puesta de manifiesto por el propio J. Maynard Keynes, el cual argumentó, al finalizar la 1ª Guerra Mundial, su oposición a las condiciones de la Conferencia de Paz de París (y su correspondiente dimisión como representante oficial británico ante la misma), entre otros razonamientos, por el de la debilidad moral de la “clase de los capitalistas negociantes”, debido a la voracidad de sus prácticas especuladoras y corruptoras del sistema. Keynes llegará a decir de ellos lo siguiente: “Estamos, pues, colocados en Europa frente al espectáculo de una debilidad extraordinaria por parte de la gran clase capitalista que ha surgido de los triunfos industriales del siglo XIX y que hace unos cuantos años parecía nuestra dueña todopoderosa. El terror y la cobardía personal de los individuos de esta clase son ahora tan grandes; la confianza que tenían en su papel en la sociedad y en la necesidad que de ellos tiene el organismo social está tan disminuida, que son víctimas fáciles de la intimidación. (...) Ahora tiemblan ante cualquier insulto; llamadlos germanófilos, financieros internacionales o especuladores, y os darán cualquier cosa que pidáis para que no habléis de ellos tan duramente”.5 Pero, probablemente, uno de los ejemplos más claros de esa voluntaria indistinción ideológica, y no por esperable menos espeluznante, es el del concurso técnico y humano, durante los años cuarenta, de la norteamericana IBM en el control (esto es, identificación, clasificación, cuantificación, localización, etc.) de la población considerada indeseable por el III Reich y que fue masivamente detenida, distribuida y en buena medida dramáticamente exterminada en los Lager centro-europeos. Como ha mostrado Edwin Black: “En la Alemania de Hitler, la comunidad de estadística y censos, dominada por nazis doctrinarios, se jactaba públicamente de los nuevos adelantos demográficos que lograrían sus maquinarias. Todas las tareas estadísticas emprendidas por IBM para Alemania se relacionarían con la política racial, la dominación aria y la identificación y persecución de los judíos”.6 Lejos de reforzar tesis primarias, fruto de una generalización precipitada, como la de la predeterminación de la violencia civilizatoria, si nos molestamos en estudiar transversalmente los períodos históricos, descubriremos que las alianzas de los estamentos de poder, institucionales o bien privados, y su propia necesidad de permanencia en los mismos hace que, en determinadas circunstancias, acaben muy a menudo por ser suprimidas las condiciones imprescindibles del mantenimiento de la paz y sean potenciados otros elementos considerados paradójicamente esenciales para la preservación de dicha paz, como el propio conocimiento científico-técnico de posible aplicación militar, aunque provenga del espionaje, de la extorsión, o de la asimilación de la comprometida intelligentzia universitaria e industrial del enemigo. Eso fue precisamente lo que hizo el gobierno de EEUU con ciertos científicos nazis y japoneses cualificados al término de la II Guerra Mundial, haciendo tabula rasa de su pasado, mientras simultáneamente organizaba a bombo y platillo los tribunales de Nuremberg. Hoy sabemos de la existencia de la denominada “Operation Paper Clip”, con la que los servicios de inteligencia del Ejército norteamericano tenían carta blanca, una vez terminada la 2ª Guerra Mundial, para rastrear y localizar científicos centroeuropeos (alemanes, austríacos, etc.) que pudieran serles de utilidad en sus investigaciones, para ofrecerles contratos de trabajo, una nueva nacionalidad y redimirles así de su oscuro pasado nazi. Hacia 1955 eran ya unos 800 los científicos alemanes nacionalizados norteamericanos. Esa perversión de los estamentos de poder y esa vulneración de la moralidad básica del científico, acompañadas por el indispensable secretismo impuesto en circunstancias parecidas, constituyen claramente una usurpación de funciones que atañe, como se ha dicho más arriba, a determinadas alianzas de poder cívico-militares y en ningún caso pueden ser considerados grosso modo como tradición civilizatoria. El riesgo de un excesivo efecto generalizador y globalizador al que suelen condenarnos ciertas reconstrucciones estetizantes, mistificadoras, transhistóricas o posmodernas del devenir civilizatorio es patente cuando nos resignamos a que la metáfora o el símil se conviertan prácticamente en nuestra única herramienta de trabajo y nos limitamos asimismo a tener de la Historia o de la Ciencia una mera concepción fílmica, la cual nos encorsetará un grupo de sucesos a un cierto tipo de presentación dramática, con la que inexorablemente estaremos forzados a bajar el telón, a colgar el end como imagen postrera y a declarar públicamente el final de la historia. Es probable que la tentación de arriesgar cierto tipo de propuestas venga dada por la necesidad no reconocida, esto es, por la insinceridad, de seguir presentando modelos a gran escala de reconstrucción de sucesos civilizatorios, cuyos elementos parciales nos plantean hoy una tal complejidad técnico-científica de comprensión, que acabamos comprensiblemente optando por la novelización, cuando no por la simulación con pretensiones realistas. Dichos intentos, en ocasiones, trocan nuestra percepción hasta tal punto que desenfocan nuestra visión de la realidad cotidiana, mientras acrecientan el pulido y la brillantez de las innumerables lentes que nos separan de ella. Quizás por ello, no es posible reprimir cierta sonrisa resignada cuando alguien como Gandhi, a pesar de los problemas de vista que le obligaban a usar gafas, nos ofrece su visión a ojo desnudo y con cierta provocación en la utilización del sentido común. Hace prácticamente un siglo, esto es, antes de esa indeleble cicatriz histórica de Hiroshima y de Auschwitz, y en plena lucha contra la atroz colonización británica, aquél escribía: “El hecho de que todavía haya tantos hombres vivos en el mundo muestra que éste reposa no sobre la fuerza de las armas, sino sobre la de la verdad o del amor. Por lo que, la prueba más grande y la más irrefutable del éxito de esta fuerza reside en el hecho de que a pesar de las guerras el mundo existe todavía. La vida de millones, de decenas de millones de seres depende de la actividad de esa fuerza. Ante ella ceden las pequeñas querellas cotidianas de millones de familias. Centenares de países viven en paz, pero la historia no los menciona”.7 Justo en el punto meridianamente contrario a la idea central del artículo de Subirats, este texto de Gandhi, como si fuera en un espejo, nos devuelve otra imagen de la historia radicalmente opuesta, igualmente mistificada pero esta vez no por la fuerza de la violencia que “ha desempeñado en la historia de las ideas y de las instituciones un papel fundador y ordenador”8, sino por ese apacible equilibrio fruto de la actividad de la verdad y del amor. Curiosamente ambas interpretaciones apelarán al olvido sistemático al que se han visto relegadas, según cada autor, sus respectivas fuerzas primigenias. Gandhi, lo acabamos de comprobar en el propio texto citado más arriba, tira académicamente de las orejas a los historiadores. Subirats, a su vez, irá mucho más lejos, no sólo al pretender enmendarles la plana a aquéllos, sino al establecer en el propio pecado original de la existencia humana el germen de la destrucción: “... nos resistimos a comprender la violencia como parte integral de nuestro orden civilizatorio, de su progreso científico y tecnológico, de su sistema jurídico o sus mitologías mediáticas. Somos reacios, en primer lugar, a reconocer la violencia como un principio interior a nuestra existencia”.9 A pesar de la tremenda realidad que Gandhi tuvo que observar a través de los cristales de sus gafas y que además fue obligado a sentir en propia piel, tanto en Sudáfrica como en la India, realidad teñida con toda la gama de los rojizos de la sangre derramada, difícilmente podremos encontrar un solo texto suyo en el que atribuya dicha violencia civilizatoria, racista y colonizadora a algún genérico principio interior de la existencia humana. Precisamente, a través de dichos cristales será capaz de observar la proyección histórica de las diferentes sensibilidades, la brutalidad de determinados mecanismos de poder y, entre otras muchas cosas, ciertas estrategias individuales y colectivas de resistencia contra todo ello que, de manera imperativa, negarán por sí mismas patentemente la justificación de cualquier innatismo o atavismo de cariz violento en el comportamiento humano.

Es de sobras conocida la atracción y la fascinación que ejerce la violencia cuando de ella se tiene una imagen mediatizada y hasta cierto punto ajena. Es el caso de la percepción general ante un televisor encendido en plena emisión agresiva (esto es, casi siempre) o ante un relato más o menos realista de alguna contienda habida. Ahora bien, cuando de lo que se trata es de la vivencia interiorizada, es decir, de la propia rememoración como actor en vivo de los sucesos violentos acaecidos, como por ejemplo los soldados destinados al frente, resulta sorprendente comprobar la extensa gama de sensibilidades que afloran espontáneamente en ellos (desde la angustia al hambre o desde el frío sepulcral hasta el pánico metafísico), y que prácticamente nunca constituyen esas otras actitudes que tradicionalmente asociamos a la violencia más directa o primaria como el odio, el resentimiento, el escarnio, la agresividad, etc.

Quizás fuera eso, esa humanidad escondida tenuemente en las trincheras europeas de la Gran Guerra, lo que provocó un enorme interés y una general expectación en Francia hace unos años, cuando desde las ondas de Radio France, Jean Pierre Guéno y Yves Laplume solicitaron a los oyentes de hoy que recuperaran de los cajones y baúles de sus casas las cartas, las notas personales o los diarios de sus abuelos, combatientes de antaño, en aquella feroz contienda de 1914 – 1918, con el compromiso “humanista y literario”, según afirmaron, de “hacer oír todos esos gritos del alma, confiados a la pluma o al lápiz, y que acabaron convirtiéndose en otras tantas botellas lanzadas al mar y cuya misión sería la de forzar la memoria de las generaciones futuras”. A las pocas semanas, más de 8.000 personas respondían al llamamiento e iban entregando a los convocantes mucho más que 8.000 escritos de anónimos “poilus”10: podemos asegurar que con ello volvían a reescribir, desde un punto de vista radicalmente distinto, ese período histórico. Efectivamente, una lectura de la parte de esos escritos que ha sido publicada en forma de antología (la colección completa está depositada en los archivos del Ministerio de la Defensa de Francia y en los fondos del Historial de la Grande Guerre, en Péronne), vuelve a poner en cuestión el fondo y la forma de las reconstrucciones usuales de la memoria colectiva incorporadas a los manuales al uso, por lo que se refiere a la exposición de los conflictos violentos de la historia más o menos reciente. A parte de denunciar el evidente poco peso que se ha dado a un acontecimiento que en total causó más de 10 millones de muertes y el doble de heridos, J.P. Guéno, en la introducción de dicha antología, no esconde su irritación al afirmar: “nuestros libros de historia (...) han silenciado durante demasiado tiempo el verdadero estado de ánimo de esos poilus, que en su mayor parte no se hacían ninguna ilusión sobre las bases reales del conflicto y que, sin embargo, no dejaban por ello de cumplir con su deber con un coraje sobrehumano. Dichos libros han silenciado durante demasiado tiempo la incompetencia criminal de ciertos oficiales de alta graduación, los cuales, a pesar de todo ello, curiosamente no han acabado dejando ninguna huella negativa en la memoria colectiva”.11 Un ejemplo de esas pocas ilusiones y de ese estado de ánimo descorazonado lo encontramos en una carta de mayo de 1916, en la que su autor, alguien que firma sólo con su nombre de pila (“Fernand”), explica a sus padres: “Es inútil que intentéis reconfortarme con historias sobre el patriotismo, sobre el heroísmo, o mediante cosas semejantes. ¡Ay, pobres padres! Queréis volver a meterme en la cabeza mis ilusiones de antaño. Pero es que yo ya me he dado cuenta, he podido ver y finalmente he comprendido. Aquí abajo, no existe otra cosa más que la mentira, e incluso los sentimientos más elevados, al observarlos minuciosamente, se nos presentan como viles y vulgares. En estos momentos siento que me importa todo un comino, que recrimino, que me exalto, y que en el fondo todo eso me da exactamente igual. ¡Para mi la vida no es más que un viaje! Qué puede importar el fin, más lejos o más cerca, mientras consigamos que las peripecias sean lo más placenteras posible. Esa es la única razón por la que no me siento desgraciado aquí. Lo único que deseo es poder seguir con buena salud. Fernand”.12

En otras muchas cartas, ese ánimo deprimido y pesimista se convierte en actitud dura y crítica contra los propios mandos militares a los que se acusa de convertir la situación bélica en un callejón sin salida, sólo para su exclusivo provecho personal. En esta línea, otro combatiente, Henri Aimé Gauthé, con ocasión de una inesperada visita de inspección efectuada por el mismísimo Clemenceau a las trincheras del frente de batalla, se molestará en recoger en su diario personal la actitud prepotente de éste último ante sus subordinados y en denunciar la insinceridad de su interés por la vida en primera línea de fuego, al formular algunas preguntas directamente a los soldados, estando éstos únicamente autorizados, bajo pena de sanción severa, a responder con un simple monosílabo. Asimismo, dejará constancia de las circunstancias de dicha visita con las siguientes amargas palabras: “La explicación menos plausible que se puede dar de su visita de inspección es que con ella se haya querido informar de la situación. Muy humildemente yo podría proponerle una manera mejor para poder hacerlo, si es que realmente él quiere informarse, cosa de la que dudo. De nada le servirá desplazarse hasta la primera línea del frente; que vaya completamente solo, sin las alharacas de los galones, a los acantonamientos de descanso de los Bons, que se mezcle entre los soldados y que, habiendo elegido algunos de entre ellos que tengan aspecto de inteligentes –teniendo en cuenta su actitud y su uniforme-, que se gane su confianza y si es suficientemente hábil -a pesar de las órdenes que tenemos de mantener la boca cerrada y de desconfiar de todo el mundo- en sólo un par de horas podrá escuchar cosas bien gordas. Entonces se enterará de verdad de dónde ha estado”.13

Los fragmentos citados más arriba, lejos de ser la expresión palpable del ardor guerrero inmarcesible y de la defensa por la vía violenta de un determinado orden frente a la agresividad de un enemigo que pretende forzar el establecimiento de un orden distinto, ideales todos ellos que a buen seguro hay que suponer en todo soldado modélico y bien adiestrado, dichos fragmentos, como decíamos, proponen una visión radicalmente distinta, a partir de la cual tenemos claramente la impresión de que son las propias circunstancias de la guerra, probablemente las de cualquier guerra, las que en buena medida condenan y obligan a la población a convertirse en soldados y a actuar en forma violenta y agresiva. Con esa nueva perspectiva se irá poniendo de manifiesto esa peculiar situación de violencia interior existente dentro de las propias filas y que permanecerá siempre ensombrecida y escondida por debajo del clamor de la batalla, debido tanto a razones de evidente secretismo militar, como a causa de la incomodidad que suele provocar la amoralidad de ciertos acontecimientos que resulta conveniente guardar en privado. Dicha situación, que bien podríamos definir como de violencia interior larvada o latente, acabará por encumbrar, después de siglos de gestación, uno de los mecanismos sociales de mayor concentración de poder y, por qué no decirlo, de mayor impunidad por lo que hace a la generación y ejercicio de la violencia. Amalgama de instancias relacionadas con el control y la fuerza en todos sus ámbitos, organización y fomento de aquellas regiones del conocimiento que permitan asegurar y ampliar el ejercicio de la primacía, en su centro neurálgico se parapetarán las organizaciones científico-militares establecidas a espaldas de la propia población.

La propia existencia de los ejércitos nacionales (y de los transnacionales), junto a sus respectivos departamentos de defensa, siguen mostrándose hoy como una de las amenazas más serias de la civilización. Y, sin embargo, paradójicamente, es más que probable que buena parte de la punta de lanza de la sabiduría tecno-científica contemporánea deba ahora mismo su existencia y sus mejores descubrimientos a la potente actividad de las mal denominadas organizaciones institucionales de defensa. Organizaciones cuya consolidación, tal como hoy las conocemos, fue justificada en su momento por ciertas razones coyunturales establecidas durante el siglo pasado, esto es, durante la guerra fría y la denominada carrera de armamentos y que, a principios del tercer milenio, bien podríamos acabar considerando caducas y obsoletas, cuanto menos debido a que no responden ya a los fines específicos para los que fueron creadas.

En la época de Arquímedes era ya de sobras conocido que el potencial inventivo con finalidad destructiva de los hombres de ciencia en períodos bélicos o pre-bélicos era sufragado y muy bien recompensado, en dinero y honores, por quienes detentaban las riendas de una hegemonía disfrazada en forma de orden local, que hoy denominaríamos nacional. A lo largo del devenir histórico, el mantenimiento en el sentimiento público, aunque fuera artificialmente, de un clima socio-político parecido al de las situaciones pre-bélicas fue permitiendo la justificación, sin posibilidad de contestación alguna, de un derroche humano y económico sin precedentes en la actualización y modernización de organizaciones de “defensa” y, por otro lado, claro está, fue reforzando con creces los bastiones de aquella hegemonía. Hoy menos que nunca eso no representa ninguna novedad. Lo novedoso de la modernidad, si quiere llamarse así a ese indefinido y relativamente reciente período histórico que se inaugura con aquel premonitorio “Knowledge is Power” (“El Conocimiento es Poder”) de Francis Bacon, es que en él se absorberán y se incentivarán sistemática e institucionalmente las posibilidades bélicas del conocimiento, con la incorporación a la ciencia militar, sin paliativos ni indecisiones, del propio planteamiento civil de la generación de conocimiento, esto es, de la sabiduría adquirida y transmitida en los propios laboratorios y departamentos de la universidad y de la industria. Y esto se hará, como ya antes se ha insinuado, tras la forja institucional de las indispensables condiciones exculpatorias de salvaguardia del interés nacional y cuando desde los departamentos de defensa se vaya organizando y administrando a gran escala esa violencia latente o larvada en las propias filas. Y esto último sólo será posible manteniendo sin escrúpulos a buena parte de la propia población rehén del estudio experimental, de los secretos de la tecnología y de la estrategia militares y manteniéndola sometida a las decisiones cruciales tomadas a bien alto nivel, en esos ámbitos encumbrados que, como ocurre asimismo con el Vaticano, no conocen las más elementales reglas de la democracia. Referente a esto último, tal como J.J. Salomon ha puesto de manifiesto hace unos años, se da una situación paradójica que merece la pena reseñar: ¿cómo es posible que, habiéndose desarrollado una tecnología militar tan poderosa y tan potentemente destructiva (recordemos aquí, no sólo Hiroshima y Nagasaki, sino también la famosa y muy gráfica expresión “destrucción mutua asegurada”, acuñada a finales de la penúltima guerra fría), eso mismo, ese enorme aumento de la capacidad agresiva de los ejércitos de ciertas sociedades, no haya provocado una mayor o una completa militarización de esas mismas sociedades. En palabras de J.J. Salomon: “Aunque es cierto que las sociedades industriales no han acabado por suprimir la guerra, la vida guerrera no es lo que permite definirlas de una manera precisa. La paradoja de la guerra tecnológica consiste en que se ha conseguido incrementar el carácter mortífero de la guerra, sin por ello reforzar necesariamente el carácter guerrero de las sociedades que la preparan: se puede llegar a destruir a millones de personas mientras, desde un punto de vista general, se puede seguir siendo una sociedad no esencialmente militar”.14 Referente a dicha paradoja, no sin cierta precipitación, pero no con menor convicción, podemos recordar aquí la inmejorable efectividad de la que ha hecho gala el trabajo, científico por otra parte, de aquellas instancias que, durante el último medio siglo, han ido regulando los mecanismos de generación, incentivación, control, aplicación y, aunque esté en último lugar no por ello será el elemento menos importante, de silenciación y confusión de la violencia latente en las propias filas de la sociedades militarmente desarrolladas. Se tratará, por ejemplo, de aquella situación de incentivación de violencia interna impuesta a las poblaciones de los dos lados del telón de acero, durante los años posteriores a la 2ª Guerra Mundial (aunque de hecho había empezado mucho antes), de rastreo sistemático, de denuncia y persecución, de procesos judiciales sin garantías, de “caza de brujas” contra cualquier disidencia considerada peligrosa.

Con el establecimiento del clima político-neurótico propicio, serán las propias instancias civiles de poder las que desbloquearán nuevos fondos académicos y monetarios con el fin de redoblar las investigaciones y las experimentaciones con fines ideológicos y/o militares. En ese contexto, es más que probable que la certera efectividad y la magnífica fecundidad del conocimiento científico-técnico de aplicación bélica de las últimas décadas hayan sido fruto, en primer lugar, de una extraordinaria financiación, en segundo lugar, de cierta selecta colaboración académica y, finalmente y en muy buena medida, del desprecio olímpico por las más elementales normas éticas del trabajo científico (esto es, por ejemplo, en el campo bio-médico y genético, la obtención del indispensable consentimiento informado, con garantías y libremente, de los sujetos sobre los que se experimenta, la creación de comités éticos de control de los ensayos, la supervisión de los procedimientos por especialistas distintos a los que realizan las pruebas, etc.). En una palabra, aquél ha resultado ser un progreso basado en la impunidad ética y moral con la que se han desarrollado las investigaciones de base y las estrategias de aplicación y que, a su vez, ha sido herméticamente blindado ante la opinión pública con el argumento clásico del secreto militar y de la defensa a ultranza del interés público. Vivimos ahora, como reacción a los atentados del 11 de septiembre de 2001, una nueva vuelta de tuerca en la escalada de creación y sofisticación tecnológica de las condiciones de violencia interna (aparte, claro está, de la otra): intromisión militar en las atribuciones civiles de control de poblaciones, sobre todo en pasos fronterizos, vulneración de los derechos legales de los detenidos, intoxicación de la información en los media, prepotentes exigencias de impunidad de ciertos ejércitos o tropas de interposición destinados en misiones no de guerra en terceros países, vulneración repetida tanto de acuerdos bilaterales como de ciertas normas básicas del derecho internacional, etc. Pero eso es sólo lo que podemos leer en los periódicos, lo que viene siendo el pan de cada día en los últimos tiempos. Ahora bien, a parte de lo anterior, ¿cuál no será la realidad, hoy mismo, de la investigación científico-técnica con finalidad hegemónica que sólo unos pocos elegidos conocerán y que a buen seguro estarán desarrollando a pleno rendimiento y con los mejores medios (públicos, por supuesto), desde los campos más clásicos referidos a la obtención, gestión y archivo rápido y completo de grandes volúmenes de información sobre actividades de personas o grupos, criptografía y transporte seguro e instantáneo de la misma, etc., hasta esos otros campos más sofisticados, relacionados con la mejora de la identificación automatizada y remota de individuos, tanto a través de imágenes en directo como a través de otras huellas personales consideradas intransferibles (pruebas de ADN, tests y perfiles génicos, etc.), con los ensayos de ciertas vacunas y antídotos contra enfermedades fruto de la guerra bacteriológica (como la famosa y funesta “pyridostigmina” de la Guerra del Golfo) o, como ya se ha avanzado públicamente hace meses y ha sido confirmada su puesta en marcha, con el proyecto norteamericano de seguridad estratégica antiterrorista, basado en la localización y destrucción de cualquier blanco móvil considerado hostil dentro de un territorio, cuanto menos continental, delimitado por el perímetro de un paraguas de protección vía satélites militares ofensivos.

Habrá, como no, quien no quiera distinguir el entramado de poder que subyace, ideológica y organizativamente, bajo esos confusos entresijos de la evolución histórica de la práctica tecno-científica reciente, quien se niegue a distinguir los difusos y entremezclados márgenes que separan las lógicas de la guerra y las de la paz en su aprovechamiento mutuo del conocimiento científico y finalmente proponga, a partir de una visión muy pretendidamente trascendente, sólo porque al final lo acaba emborronando todo, que se trata de un único fenómeno civilizatorio, es decir, de un supuesto uso indiscriminado y único que de “la Ciencia” hace, o ha hecho, “la Humanidad”. Algo parecido a esto último es lo que parece estar en sintonía con la percepción de E. Subirats cuando afirma: “La destructividad inherente a muchas formas de la producción científica, la opacidad de sus objetivos económicos y políticos, que en bastantes ocasiones son altamente problemáticos desde un punto de vista moral, y la eliminación de cualquier forma de responsabilidad social y política por parte del científico, son condiciones normalizadas de la práctica científica y académica tardomoderna. Es, en el peor de los casos, una hipótesis bastante plausible que la administración político-académica de muchas investigaciones científicas de vanguardia han seguido, hasta el día de hoy, la misma estrategia de amurallamiento y fragmentación frente a la reflexión intelectual y social sobre sus efectos que el coronel Groves impuso en la fase ejecutiva del Manhattan Project”, esto es, el programa del Departamento de Defensa norteamericano de construcción, en los años cuarenta, de la bomba atómica.15

El grado de destructividad o de “toxicidad” de una ciencia no puede evaluarse en absoluto atendiendo esencialmente a su grado de secretismo o de sectarismo (“amurallamiento y fragmentación”): esos suelen ser elementos organizativos y funcionales de gestión en fases más o menos embrionarias o de gestación y que responden en esencia a su eticidad metodológica. El rasgo fundamental de dicha toxicidad radicará en su proyección y en su intencionalidad al devenir sabiduría técnica y en su capacidad, no para mejorar la condiciones generales de preservación de la vida, sino precisamente para empeorarlas, o directamente para acabar con ella. Por eso no es de recibo, en este punto menos que en cualquier otro, la transposición a modelo, sin más, de unos concretos casos de práctica tecno-científica genocida, por muy cruciales y devastadores que hayan resultado para la civilización, como lo fueron Auschwitz e Hiroshima, dando con ello por perdida toda una tradición de conocimiento que se ha mantenido durante siglos como telón de fondo histórico que ha ido permitiendo, al mismo tiempo que aquella devastación, lo queramos o no, el establecimiento de las vías de incremento de la esperanza y de la calidad de la vida humana, a pesar de su evidente nefasta distribución social y geográfica.

La revisión activa de las condiciones de eticidad metodológica y funcional de las investigaciones científicas, actuales o del pasado, junto a la denuncia de la inmoral apuesta por la desigualdad que implica el uso de ciertas tecnologías que suelen tener como fin inmediato la mera predación económica a gran escala del ser humano o del entorno natural y/o la imposición violenta de hegemonías político-geográficas frente a fuerzas (o culturas) pretendidamente enemigas deberían ser, cuanto menos, los dos ejes que nos permitieran superar la fácil tentación, al abordar estos temas, de caer en cierto tipo de visiones drásticamente integradoras, teleológicas y en el fondo meramente estetizantes. Sin embargo, y a pesar de la legitimidad de las propuestas que podamos hacer, es indudable que las mayores dificultades, entre otras de orden secundario, que entorpecen hoy más que nunca la evaluación de las condiciones éticas de la investigación y de la aplicabilidad tecnológica suelen ser las que están relacionadas, como no, con el secretismo que rodea éstas últimas. Sólo con el paso de los años, es decir, con la consolidación del conocimiento y a través de ciertos relevos en las estructuras de poder, tanto en los escenarios nacionales como en el juego de fuerzas internacional, se ha ido produciendo una desclasificación parcial de documentos y de información que ha permitido saber de la evolución de la investigación de cariz bélico, desde las propias instancias oficiales. Este será un proceso que, con variantes importantes aunque con un planteamiento semejante, se duplicará durante el siglo XX, con el desvelamiento de las pugnas entre las grandes corporaciones científico-industriales, las cuales acabaron por asimilar determinados vicios de procedimiento de la órbita militar al fomentar investigaciones blindadas en su aspecto publicitario pero también en cuanto al planteamiento de la rentabilidad inmediata de las aplicaciones, financiando sólo estudios pre-dirigidos, cerrados en sus posibilidades de descubrimiento inventivo y con análisis de previsión de mercado y de estrategia incluidos.

No será sino hasta bien entrados los años noventa, con la desclasificación de cierta información confidencial orquestada por la administración Clinton (comenzando a atender así, finalmente, las innumerables denuncias presentadas y los derechos de los afectados) y con la puesta en marcha de una comisión investigadora oficial, que finalmente podrá irse estableciendo un cuadro aproximado de lo que fueron las funestas secuelas del Manhattan Project y de la planificación de los sucesivos programas de experimentación científico-militar norteamericanos después de la 2ª Guerra Mundial. En buena parte de ellos, sin tener aquí en cuenta los dedicados exclusivamente a la mejora del potencial destructivo del armamento, la investigación y el interés militar se centrarán en el propio cuerpo humano, empezando por los diversos efectos que, fruto de la bomba atómica y de los experimentos nucleares, producirá en el mismo la radiactividad. Había sido abierta precipitadamente una caja de Pandora y ahora había que conocer a fondo las consecuencias de un acto tal. Para ello no se reparó en gastos, ni económicos ni humanos. No estamos hablando aquí de las filmaciones secretas realizadas por el propio ejército de los EEUU en Hiroshima y Nagasaki pocas semanas después de explosionar las bombas, para poder conocer y documentar los efectos inmediatos sobre la vida (y la muerte) de sus ciudadanos, tampoco nos estamos refiriendo a los miles de militares y civiles afectados por la radiactividad en las zonas de las detonaciones de prueba (en ciertas islas del Pacífico, en Nevada, en Nebraska, en Nuevo México, etc.), forzados los primeros a exponer sus cuerpos en sucesivos círculos concéntricos o “niveles” en torno al epicentro de la explosión y recibiendo inesperadamente los segundos el viento y el polvo radioactivos. Todo eso, a pesar de todo, sólo fue fruto directo de las órdenes dictadas por el mando militar. A lo que aquí nos estamos refiriendo es a algo más sofisticado, más “científico”: a todo un programa bio-médico de investigación, con más de 400 subprogramas de aplicación, auspiciado por el Departamento de Defensa de los EEUU y desarrollado en alrededor de una veintena de instalaciones universitarias y hospitalarias norteamericanas, a partir de mediados de los años cuarenta y, según parece, hasta los sesenta o incluso después: se trata de la aplicación en seres humanos (muchos de ellos enfermos hospitalizados por dolencias graves, otros en fase terminal, otros en coma ...) de inyecciones de plutonio, de uranio, de polonio, de radio, de torio, de americio, de circonio, de plomo radioactivo, etc.), de los ensayos de “total body irradiation”, de la investigación no-terapéutica con isótopos radioactivos en niños, en soldados, en prisioneros de las cárceles, etc. Y todo ello, claro está, sin las más mínimas garantías exigidas hoy a cualquier protocolo clínico de investigación; garantías que, por otro lado, fueron bien conocidas en aquel momento, ya que a partir de 1945 habían sido fijadas en los diez puntos recogidos en el famoso Código de Nüremberg. El objetivo de dichas investigaciones era conocer, entre otras cosas, los “procesos metabólicos de asimilación”, según reza literalmente en los informes de la época, y conseguir establecer los distintos grados de tolerabilidad del cuerpo humano y los efectos a corto plazo, según las cantidades de producto suministrado o según los diferentes niveles de radiación a los que se les sometía, antes de la aparición de los correspondientes cánceres. Dicho conocimiento debería beneficiar en el futuro a los propios soldados desplegados en zona comprometida, a aquellos otros que montaban y manipulaban el armamento atómico y también, en general, a los trabajadores de la industria nuclear.

En el informe final (“ACHRE Report”) de la comisión investigadora de los experimentos sobre los efectos de la radiación en humanos (“Advisory Committee on Human Radiation Experiments”), presidida por Ruth R. Faden, en las conclusiones al capítulo dedicado a las inyecciones de material radioactivo, esto es, el capítulo V, se dice literalmente: “Resulta también relevante que cuando la Comisión de Energía Atómica (Atomic Energy Commission) sucedió al Manhattan Project, el 1 de enero de 1947, los oficiales decidieron mantener en secreto las inyecciones de plutonio. Según parece, la decisión se basó en consideraciones referentes a la responsabilidad legal, a la reacción adversa de la opinión pública y en absoluto se debió a asuntos relacionados con la seguridad nacional. Los documentos muestran que la A.E.C. reaccionó ante el hecho de que el consentimiento no había sido obtenido en los experimentos con plutonio y que no había en ellos beneficios terapéuticos, estableciendo los requerimientos referentes al consentimiento informado y a los beneficios terapéuticos para futuras investigaciones, dejando sin embargo por el momento los experimentos en secreto. (...) Como resultado de dicha decisión de mantener las inyecciones en secreto, tanto a los sujetos experimentales, como a sus familias, así como al público en general, les fue denegada cualquier información sobre estos experimentos hasta los años setenta”16. Como puede observarse, el secretismo que se impuso a esas investigaciones, a parte de no permitir la posibilidad de que los nuevos médicos que visitaran posteriormente a los pacientes pudieran conocer lo sucedido y poder así establecer los diagnósticos y tratamientos adecuados para aquellos que tuvieron la fortuna de seguir en vida años después, (es preciso recordar que los propios sujetos no fueron informados de que se experimentaba con sus cuerpos -salvo en el caso, parece ser, de las inyecciones de polonio- , aprovechando su situación de pacientes ingresados en los hospitales donde trabajaban los propios médicos experimentadores), dicho secretismo, como decíamos, no se debió a la preservación de información considerada reservada y de interés nacional, sino pura y simplemente al ocultamiento de posibles pruebas inculpatorias, tanto para los médicos implicados en las pruebas como para los responsables político-militares de los programas.

Otros programas de investigación hoy desvelados y conocidos, de índole diversa aunque también relacionados con intereses primariamente bélico-militares, concebidos a espaldas de la población aunque experimentando secretamente con ella, fueron desarrollados en EEUU por organismos institucionales desde los años de la posguerra hasta bien entrados los años setenta. Son, por ejemplo, el Proyecto CHATTER, de la U.S. Navy, que desde 1947 hasta 1953 se dedicó, entre otras cosas, “a la identificación y experimentación de drogas para su uso en interrogatorios y en el reclutamiento de agentes”, el Programa BLUEBIRD, auspiciado por la CIA desde 1950, para intentar “prevenir la extracción de información” y “ el control hostil del personal de la agencia”, mejorar “el control de individuos a través de interrogatorios técnicos especiales” mediante “métodos no convencionales” como la hipnosis y ciertas sustancias novedosas en aquel momento en dichos ambientes como el pentotal sódico17. Serán asimismo los programas desarrollados a partir de los años sesenta basados en el descubrimiento y almacenaje de material para la guerra bacteriológica, como el Proyecto MKNAOMI, organizado por la CIA y la SOD (Special Operations Division, del Laboratorio Biológico del Ejército en Fort Detrick), con el que se pretendía, fundamentalmente, “la acumulación de material fuertemente incapacitante y letal para su uso específico por la División de Servicios Técnicos (TSD)”, o el alucinante proyecto que desencadenó un verdadero escándalo en EEUU al ser descubierto por azar a finales de los setenta, y que llevaba el nombre genérico de Proyecto MKULTRA, detrás del cual se organizaban 149 subproyectos de aplicación, desarrollados entre 1953 y 1964. Entre aquéllos cabrá destacar, según la propia declaración, ante el correspondiente comité del Senado, del director de la CIA durante esos años, el almirante Stansfield Turner, investigaciones en torno a los cambios producidos en el comportamiento humano y que pudieran tener relación con las sesiones de psicoterapia, estudios sobre las variaciones generales de la motivación personal, sobre la evolución del sueño y sus distintas fases, sobre métodos hipnóticos, sobre poligrafía y criptografía, sobre los cambios psicológicos inducidos por el alcohol y por la administración de determinadas toxinas, de distintos elementos patógenos de origen exótico, de medicamentos psicotropos, de alucinógenos como el LSD, etc. Las razones que llevaron a la CIA a poner en marcha tamaño proyecto, según parece, habría que buscarlas en las sorprendentes reacciones adversas para los intereses de EEUU, manifestadas por algunos soldados norteamericanos hechos prisioneros durante la Guerra de Corea y que, llegado el momento, se negaban a regresar a su país, declarando públicamente su paso al enemigo y su nuevo credo comunista. Todo ello desencadenó una verdadera paranoia en la CIA y en el Departamento de Estado referente a los inauditos avances de la neuropsiquiatría soviética, china, coreana, etc., avances que debían ser convenientemente contrarrestados con nuevos programas de investigación científica. Otra vez con el argumento de la seguridad nacional por delante, se movilizó para tal fin a 44 “colleges” y universidades, a 15 fundaciones dedicadas a la investigación y compañías farmacéuticas y químicas, a 12 hospitales y clínicas y, finalmente, a 3 grandes instituciones penitenciarias. Parte de los sujetos experimentales fueron, según parece, voluntarios. Otros, como el malogrado Dr. Frank Olsen, suicidado después de una ingesta experimental de LSD, nunca otorgaron su consentimiento para prestar sus cuerpos a dichos ensayos. La propia Comisión gubernamental de investigación, en su informe final de 1977 afirma: “Los datos más significativos que recientemente han sido descubiertos son, en primer lugar, la lista en la que figuran los nombres de los investigadores y de las instituciones que participaron en el proyecto MKULTRA y, en segundo lugar, la posible indebida colaboración de la CIA con instituciones de carácter privado. Conocemos en estos momentos los nombres de 185 investigadores y colaboradores no gubernamentales, los cuales han sido identificados gracias al material recuperado referente a aquellos 149 subproyectos”.18

Algunos años más tarde, a principios de los noventa, cuando a raíz de los preparativos de la Guerra del Golfo se desencadenó el temor a que las tropas norteamericanas pudieran ser repelidas con armamento químico o bacteriológico, se pensó de entrada en determinados productos inmovilizantes o letales como el gas sarín, el soman u otros, o en compuestos con toxinas de botulismo, con esporas de ántrax, etc. Aunque las vacunas contra la transmisión de estas dos últimas enfermedades aún estaban en las primeras fases de experimentación y no había ni la seguridad ni la certeza suficientemente contrastadas sobre su eficacia general, el Departamento de Defensa se enfrentó durante meses, mientras iba realizando ensayos parciales a toda prisa, con el organismo oficial norteamericano encargado de la regulación de los medicamentos y la alimentación, la FDA (“Food and Drug Administration”), con el fin de conseguir unas condiciones favorables de experimentación, no convencionales, basadas en el secreto y en la rapidez, que consistían fundamentalmente en poder investigar con los sujetos (esto es, los soldados) sin obtener de ellos el correspondiente consentimiento informado. El acuerdo final, según parece, se consiguió en base a cierta información verbalizada, más o menos detallada, que se daría a los soldados vacunados. Un tercer compuesto, también experimental, el bromuro de pyridostigmina, se añadiría a las dos vacunas anteriores, con el fin de contrarrestar el posible envenenamiento debido a ciertos agentes nerviosos en forma de gas. Todo ello fue planificado en la denominada Operación Escudo del Desierto (“Desert Shield”), que se inició el 8 de agosto de 1990, casi medio año antes de que se iniciara efectivamente la Guerra del Golfo. El informe de la correspondiente comisión investigadora gubernamental, presentado en 1994, afirma: “Según el Departamento de Defensa, a la totalidad de los 696.562 soldados USA destacados en la Guerra del Golfo Pérsico se les suministró bromuro de pyridostigmina, en concepto de pre-tratamiento contra el envenenamiento por agentes nerviosos y los mandos estiman que aproximadamente las dos terceras partes tomaron dicho medicamento durante distintos períodos de tiempo. De los 150 soldados entrevistados por el personal del comité investigador, 73 ingirieron pyridostigmina y el 74 % de ellos manifestaron que no pudieron negarse a dicha ingesta. A aproximadamente 8.000 sujetos se les administró la vacuna contra el botulismo en el Golfo Pérsico. Dada la alta proporción de los que han informado que no tuvieron otra elección, de ello se concluiría que centenares de miles de soldados USA recibieron la orden de ingerir un medicamento experimental o una vacuna sin poder tener la oportunidad de negarse”.19 Los efectos adversos en la salud denunciados por los soldados, que siguen afectándoles todavía muchos años después, están recogidos en la última parte del informe, agrupados en los 25 síntomas más frecuentemente reportados: fatiga, problemas dermatológicos (sarpullidos), pérdida de memoria y de conocimiento, dolores articulares, dolores de cabeza, cambios de personalidad, diarreas, dolores musculares, problemas de visión, insomnio, problemas reproductivos, náuseas, vómitos, hijos nacidos con malformaciones, etc.

Es posible que lo resumido hasta aquí referente a algunos aspectos concretos de la investigación científico-militar norteamericana centrada en el cuerpo humano, forzosamente parcial y fragmentario respecto de lo conocido, sea sólo una mera punta respecto de lo que desconocemos, bien porque hoy siga estando considerado oficialmente reservado, bien porque haya sido destruido. Da sin duda la impresión que otros servicios de inteligencia u otros responsables científicos de investigación, como por ejemplo los soviéticos o los ingleses han sido, a escalas distintas, más capaces de nadar y guardar la ropa. No hay que olvidar que buena parte de esa información ha devenido pública de manera forzada y clamorosa al irse poniendo de manifiesto el registro de secuelas físicas, psicológicas, radiológicas, genéticas, etc. que han ido emergiendo en los cuerpos de los seres humanos supervivientes sobre los que se ha ejercido esa práctica científica que, según parece, tenía por misión salvaguardar los intereses nacionales, tanto en época de paz como de guerra. Es probable que esto último sea del todo indiferente para los que hacen de la violencia (la larvada o la otra, da igual) su profesión de fe, su trabajo cotidiano y su visión de la historia. Quizás sea cierto, como opina Subirats, que “nos complace representarnos la civilización como un orden armónico”, que “nos sentimos más seguros al invocar la violencia como algo ajeno, cuando no lo radicalmente opuesto al orden civilizatorio” y que no queremos ver ese “principio interior a nuestra existencia”, marcado en origen por “un instinto agresivo o una pulsión originaria de muerte”, pero ahora mismo, tal y como soplan los vientos en el umbral del tercer milenio, y visto lo visto, quizás prefiramos seguir identificando las responsabilidades donde nacen las acciones, escrutando en la urdimbre de la historia y en las perversiones del poder.20 Para ello, quizás nada mejor que escuchar y transponer a las distintas realidades nacionales las agudas insinuaciones de Einstein, quien desde su sagacidad serena y clara, aunque desde otros contextos, nos pregunta: “¿Quién es el enemigo potencial que sirve de blanco a todas estas maniobras? ¿Quién provoca tanto miedo entre los ciudadanos norteamericanos para que éstos se sientan obligados a aceptar la sumisión permanente a los militares?”.21

1 J. O. De La Mettrie, L´homme machine (1748), París, 1921, parágrafo 97.

2 K. Lorenz. Sobre la agresión: el pretendido mal. México, Siglo XXI, 1984. Pág. 268.

3 Artículo publicado en El Viejo Topo, núm. 165 de mayo de 2002. Citas pág. 55.

4 Ibíd., pág. 48.

5 J. M. Keynes, Las consecuencias económicas de la paz. Barcelona, Crítica, 2002. Pág. 154.

6 E. Black. IBM y el Holocausto. Madrid, Atlántida, 2001. Pág. 56.

7 M.K. Gandhi, La civilización occidental y nuestra independencia. Buenos Aires, Sur, 1959. Pág. 84.

8 Subirats, pág. 49.

9 Subirats, pág. 48. El subrayado es nuestro.

10 Ese es el nombre genérico que se da en Francia a los alrededor de 8 millones de ciudadanos de entre 17 a 30 años o incluso más que, desde todos los sectores de la produción, fueron mobilizados para luchar en la 1ª Guerra mundial. Una cuarta parte no regresó jamás a sus casas y más de la mitad resultó gravemente herida. Literalmente, “poilu” podría traducirse como “velludo” o, en sentido más figurado, como no, “valiente”.

11 Paroles de Poilus. Lettres et carnets du front (1914-1918), bajo la dirección de J.P. Guéno y Y. Laplume. Librio, 2001. Pág. 8.

12 Ibid, pág. 121.

13 Ibid, págs. 77-78. Resulta realmente asombrosa la semejanza entre lo que denuncia el soldado Gauthé en estos fragmentos sobre la visita de Clemenceau a las trincheras y algunas escenas de Paths of Glory (Senderos de Gloria), de S. Kubrick.

14 Del artículo “La terreur et le scrupule”, en el volumen colectivo coordinado por el propio Jean-Jacques Salomon titulado Science, Guerre et Paix. Paris, 1989. Pág. 15.

15 Subirats, pág. 51. El subrayado es nuestro.

16 Puede leerse el informe completo, con todas las investigaciones detalladas y las conclusiones finales de la comisión investigadora gubernamental en la página de internet: http:// tis.eh.doe.gov/ohre/index.html.

17 Los fragmentos aquí citados están extraídos del libro de George Andrews, MKULTRA. The CIA´s Top Secret Program in Human Experimentation & Behavior Modification. Healthnet Press, 2001.

18 Ibíd, pág. 59.

19 The 1994 Rockefeller Report Examining Biological Experimentation on U.S. Military. Parte III. Apartado B. Puede leerse la totalidad de dicho informe en la siguiente página de internet: http:// prop1.org/2000/du/reports/941208rr.htm

20 Citas del artículo de E. Subirats, pág. 48 y 49.

21 A. Einstein, Escritos sobre la paz. Barcelona, Península, 1967. Pág. 155. Fragmento de una carta de enero de 1946, referente al proyecto de Congreso Nacional de Científicos (de EEUU), que finalmente no llegó a celebrarse.

Los 60 años de la CCP, la más antigua organización campesina peruana

José Coronado Cobeñas

Rebelión

Una antigua casona de la Plaza Bolognesi, en el centro de Lima, la capital peruana, recibe día tras día a hombres y mujeres, cuya indumentaria es un indicio inequívoco que proceden de algún lugar de nuestra sierra. El local que los recibe y aloja, tiene en la puerta de ingreso apenas un cartelito con pequeñas letras rojas que dicen: Confederación Campesina del Perú, y con letras un tanto más grandes las siglas CCP.

Y así es como la conocen estos ocasionales visitantes: simplemente como la CCP. En efecto, se trata del local de la organización campesina más antigua del país, y que el próximo 11 de abril estará cumpliendo 60 años desde que fuera fundada en 1947, por un agricultor iqueño, Juan Hipólito Pévez, discípulo de José Carlos Mariátegui, el fundador del socialismo peruano.

Este gremio, que en la década de los 70 y luego a mediados de los 80, encabezó las tomas de tierra en Andahuaylas, Piura, Cusco y Puno, llega a las seis décadas, en medio de un contexto en que las organizaciones sociales y las campesinas en particular, han perdido el protagonismo que alguna vez tuvieron y no logran superar la crisis que sufrieron durante la década del régimen fujimorista, quien a decir de los dirigentes, quiso desparecerlos.

La CCP, es miembro fundadora de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo y del movimiento internacional Vía Campesina, espacios en los que se suma al esfuerzo de otras cientos de organizaciones campesinas e indígenas que luchan porque Otro Mundo es Posible.

HEREDEROS DE MARIATEGUI Y TUPAC AMARU

Juan Hipólito Pévez Oliveros, el fundador de la CCP, fue un dirigente de la Federación de Yanaconas del Perú, que era como se llamaban a los campesinos que trabajaban para los hacendados a cambio de disponer de un pedazo de tierra. En su libro autobiográfico, "Memorias de un viejo luchador campesino", cuenta como empezaron sus primeras luchas contra los hacendados por los abusos que cometían contra los campesinos. Pévez Oliveros, quien falleciera a mediados de la década de los 80, siempre se proclamó un discípulo de José Carlos Mariátegui, quien justamente, luego de la fundación de la CGTP, le encargó la tarea de organizar a los campesinos en una sola central.

"Juan Hipólito Pévez recibió el encargo de José Carlos Mariátegui de formar una organización que agrupe a los campesinos del Perú, que eran tan diversos: comunidades de indígenas, yanaconas, braceros, pequeños propietarios. Esto se concreta el 11 de abril de 1947, cuando se convoca a un Congreso Extraordinario que se realiza en la campiña de Santoyo, en Lima, y su sesión inaugural se da en el Teatro Municipal de Lima", afirma Andrés Luna Vargas, ex secretario general, y considerado uno de los dirigentes históricos de la CCP. Por ello, sostiene Luna Vargas, el Amauta José Carlos Mariátegui es uno de los símbolos de la CCP, junto con Túpac Amaru, en reconocimiento también a quien diera el primer grito libertario de América, y porque además, ambos encarnan el espíritu que se sintetiza en el lema de este gremio: "Por la tierra y el poder". O como lo dice de otra manera Víctor Torres, asesor principal de la organización: "La CCP desde su fundación siempre combinó agro y política".

Justamente, este carácter político y gremial, hizo que en la década del 60, se desarrollaran fuertes disputas políticas por la conducción del gremio, pugnas que condujeron a una etapa de crisis organizativa, que empezó a superarse ya con las luchas por la reforma agraria, que tiene como referente a otro "histórico" de la CCP, Hugo Blanco Galdós.

Un informe interno da cuenta de esta crisis. "La CCP tuvo su primera desorganización durante la represión de la dictadura del general Odría (el ochenio de 1948 a 1956). Se reorganizó al impulso de la lucha por la tierra en los años 60 pero desde fines de esa década, y a inicios de los 70, nuestra CCP estaba nuevamente en crisis. En la dirección de la CCP se producían vaivenes y vacilaciones. Fue predominando una desviación ultraizquierdista. La dirección se burocratizó y se aisló de las bases. Se volvió dogmática y sectaria y aumentó su aislamiento. Dejó de expresar la voluntad de las bases".

Uno de los hitos orgánicos que marca la historia más reciente del gremio, según Luna Vargas, es el IV Congreso Nacional que se realiza en la cooperativa Torre Blanca, en Huaraz en 1974, en el que se produce una reorientación programática y deciden iniciar la lucha por profundizar la Reforma Agraria, lo que terminó enfrentándolos con el gobierno del general Juan Velasco Alvarado.

EL GENERAL VELASCO LES DIO UNA "HERMANA"

Hoy la CCP, reconoce la trascendencia histórica de la reforma agraria, tal como los manifiesta justamente Hugo Blanco, quien iniciara incluso una lucha armada con los sindicatos campesinos en La Convención por el año 65, para exigir esta reforma. Sin embargo, este gremio, explica, no estaba de acuerdo en la decisión vertical de del gobierno de imponer las cooperativas agrarias, sin tomar en cuenta la propuesta de la CCP y las comunidades campesinas de crear las empresas comunales.

Por eso deciden confrontar con el gobierno e impulsar las tomas de tierras y la conformación de las empresas comunales, lo que motivó la represión de los principales dirigentes cecepistas. El gobierno decide entonces dotarse de su propia base social campesina, y el 3 de octubre de 1973, impulsan la creación de la Confederación Nacional Agraria, en la práctica una organización paralela a la CCP.

Desde
esa fecha, mucha agua ha corrido bajo el puente, y hoy, las dos centrales que en un momento rivalizaron, se consideran "organizaciones hermanas", tal como señalan diversos pronunciamientos públicos. En efecto, en años pasados la CCP y la CNA, convocaron unitariamente paros agrarios y movilizaciones. Las dos organizaciones coordinan diferentes trabajos como lo hicieron el año pasado con una propuesta de ley de comunidades campesinas. Ambas organizaciones coinciden también en cuestionar el TLC y así como al modelo neoliberal.

MUJERES AL MANDO EN EL GREMIO

En noviembre del 2005, la CCP realizó su X Congreso Nacional, en el que fueron elegidos sus actuales cuatro secretarios generales colegiados, Melchor Lima de Puno, Roberto López de Piura, Jorge Prado de Ayacucho, y una dirigenta mujer, Marcelina Vargas, del Cusco. Aquí una característica que merece destacarse de este gremio: es uno de los pocos que tienen en su dirección principal a mujeres.

La ex congresista puneña Paulina Arpasi, era secretaria general colegiada cuando fue elegida al parlamento. En el actual Congreso, hay más de una mujer que ha estado ligada a la CCP, como Hilaria Supa, quien fue dirigenta de la Federación Departamental de Campesinos del Cusco, base de la CCP; y Juana Huancahuari, congresista ayacuchana, quien fue presidenta de la Federación Agraria Departamental de Ayacucho e integrante de Comité Ejecutivo Nacional de la CCP hasta el 2005.

La presencia de la mujer no se da solo en la dirección nacional sino en sus federaciones de base; por lo menos el 30 por ciento de esas directivas debe ser ocupadas por mujeres, tal como sucede en todos los eventos que organiza la CCP. Un reciente libro publicado en el 2005, justamente, da cuenta de este importante trabajo que realiza la CCP contribuyendo a organizar y formar dirigentas mujeres.

¿TIENEN VIGENCIA LOS GREMIOS CAMPESINOS EN TIEMPOS DE NEOLIBERALISMO?

Según explican sus actuales dirigentes, el objetivo principal de la CCP es la defensa de las comunidades campesinas, y fortalecer las capacidades de sus dirigentes para esa labor. Sin embargo, también reconocen que tienen debilidades y escasa capacidad de incidencia política, que ya no tienen la misma convocatoria de años anteriores, cuando realizaban paros agrarios nacionales y otras grandes movilizaciones.

Sostienen que el abandono de la pequeña agricultura y la ausencia de políticas de desarrollo para las comunidades campesinas, son factores que propician la dispersión y debilitan la organización campesina. En las propias comunidades se han perdido muchas tradiciones solidarias sobre las que se sustentaba la vida comunal.

Estas preocupaciones son materia de análisis en las llamadas Escuelas Campesinas, que son cursos de capacitación que realiza periódicamente la CCP, y a las que invitan como expositores a dirigentes políticos, expertos en temas agrarios y diversos intelectuales, que aportan sus ideas y propuestas para mantener vigentes estas organizaciones sociales, reto que se torna complejo en el contexto actual.

TLC Y MINERÍA, DOS CUESTIONES DE FONDO PARA LA CCP

Melchor
Lima, secretario general colegiado, señala sin embargo, que hay temas de fondo en los que se demuestra la vigencia de la organización campesina. Uno de ellos, ha sido el Tratado de Libre Comercio, TLC, al que la CCP se opone radicalmente pues "significará la total destrucción de la pequeña agricultura peruana, ya que no puede competir con los productores norteamericanos que recibe miles de millones en subsidios".

La CCP presidió en el 2005 la Campaña Peruana frente al TLC, y junto con otras organizaciones sociales, pusieron en debate los pros y contras del tratado comercial, y al mismo tiempo, convocaron a diversas movilizaciones para protestar contra lo que consideran "un instrumento de dominación geopolítica", de Estados Unidos, como lo remarca Washington Mendoza, ex secretario general y anterior responsable de dicha campaña.

Sin embargo, no es solo el TLC lo que preocupa al gremio campesino. Hay otro tema de fondo para el que vienen preparándose: es lo que denominan el conflicto agro y minería. La CCP considera que la gran minería está destruyendo los recursos naturales de las comunidades campesinas y de los pueblos agrarios; y el agua es uno de los primeros recursos que está en disputa, como sucede en Cajamarca con la minera Yanacocha y en Piura con la empresa Majaz, ambos departamentos en el norte del país.

En el caso de Piura, señala el asesor Víctor Torres, los productores agropecuarios y campesinos tienen las cosas muy claras: la minería es incompatible con la agricultura, pues el área que pretende explotar la empresa Majaz, es justamente la zona donde nacen dos de los principales ríos que posibilitan la actividad agropecuaria en la región.

Por lo tanto, en el año de su 60 aniversario, esta central campesina deberá seguir asumiendo nuevos retos y desafíos, que tienen que ver con la vida misma de un sector social y productivo tantas veces excluido y olvidado, como son los miles o tal vez millones de hombres y mujeres que viven en las comunidades campesinas y de la pequeña producción; muchos de los cuales seguirán tocando las puertas de la vieja casona de su CCP, de su organización de la Plaza Bolognesi en el centro de Lima, que siempre os recibe y los acoge.

jueves 19 de abril de 2007

Argentina 1971: El teatro de lo oculto. Espectáculo del poder

DRAMATURGIA DE GRISELDA GAMBARO: DE LA DESCOMPOSICIÓN A LA DIAGNOSIS. La presión/opresión que los gobiernos dictatoriales han ejercido sobre el campo teatral de Argentina (censura y autocensura, amenazas, prisión, exilio e insilio, secuestro de personan y ediciones, clausura de salas, tortura, desapariciones...) interfirió notablemente limitando su actividad. Se endurecieron y dificultaron las condiciones de producción, difusión y recepción del teatro. En esa obstaculización, se engendra la raíz de un nuevo lenguaje dramático, que viene a responder a la necesidad de referir la realidad socio-política en el texto dramático a través de un sistema metafórico, de correlaciones oblicuas, elaborando una poética del «enmascaramiento», el «escamoteo» y la «ambigüedad». Por un lado, se busca una vía para crear y cuestionar desde la creación (en plena represión), a partir de esos nuevos códigos y por otro, se crea un “pacto de recepción” con el público, privilegiando un lectura política de los espectáculos que carecían, sin embargo, de cualquier alusión explícita a problemas socio-políticos. El horror de la realidad superó toda posibilidad de realismo teatral y fueron necesarios nuevos códigos para trasladarla al texto teatral.



DRAMATURGIA DE GRISELDA GAMBARO: DE LA DESCOMPOSICIÓN A LA DIAGNOSIS

«Yo asediaré el “eso no me concierne” con mi
angustia
y quebraré el sueño ajeno con fuegos de
artificio
horribles, indecentes
con fusilamientos incontables caeré sobre la
indiferencia
de los que pasan
hasta que empiecen a preguntar, a preguntarse... »

Griselda Gambaro. Información para extranjeros

La presión/opresión que los gobiernos dictatoriales han ejercido sobre el campo teatral de Argentina (censura y autocensura, amenazas, prisión, exilio e insilio, secuestro de personan y ediciones, clausura de salas, tortura, desapariciones...) interfirió notablemente limitando su actividad. Se endurecieron y dificultaron las condiciones de producción, difusión y recepción del teatro. En esa obstaculización, se engendra la raíz de un nuevo lenguaje dramático, que viene a responder a la necesidad de referir la realidad socio-política en el texto dramático a través de un sistema metafórico, de correlaciones oblicuas, elaborando una poética del «enmascaramiento», el «escamoteo» y la «ambigüedad».

Por un lado, se busca una vía para crear y cuestionar desde la creación (en plena represión), a partir de esos nuevos códigos y por otro, se crea un “pacto de recepción” con el público, privilegiando un lectura política de los espectáculos que carecían, sin embargo, de cualquier alusión explícita a problemas socio-políticos. El horror de la realidad superó toda posibilidad de realismo teatral y fueron necesarios nuevos códigos para trasladarla al texto teatral.

Griselda Gambaro, nacida en 1928 en Buenos Aires, es conocida como dramaturga, aunque ha producido asimismo narrativa y cuentos para niños. Su extensa obra dramática, repetidamente representada en Buenos Aires, también ha sido objeto de diversas puestas en escena en Europa y en otros países de América. De entre su producción dramática, destacan obras como Las paredes (1963), El desatino (1966), El campo (1967), Nada que ver (1971), Decir sí (1978), La malasangre, Del sol naciente (1984), Antígona furiosa (1986)... Los textos de Gambaro comparten rasgos de un mismo lenguaje escénico propio y particular, que tiene como objeto la revisión y subversión del orden establecido por el poder. Trabaja con unidades fragmentarias y las combina y reordena, en busca de la orientación ética, que provoca la risa amarga ante la constatación de una experiencia real y de extrema crueldad y tontería. La presencia de un cuerpo humano, sorprendentemente real y teatralmente grotesco llena las escenas. Los personajes presentados son a menudo representaciones simbólicas, metonímicas o metafóricas, de la sociedad. Lo que se pone en escena, no son imágenes integradoras de la realidad, sino su descomposición, y por medio del grotesco y del humor negro, se hacen evidentes para el espectador.

La influencia del teatro europeo (Bertold Brecht, Antonin Artaud, Samuel Beckett,Eugène Ionesco...) es innegable, no sólo del teatro del absurdo y del grotesco, también su lenguaje físico revela la influencia del teatro de la crueldad formulado por Artaud, no sólo desde una visión global de relaciones entre teatro y condición humana, sino también colocando al espectador como experimentador de los objetos sufrientes, por medio de la risa y el horror. Los antecedentes del grotesco en Argentina son el circo y los sainetes de finales del siglo XIX. El las primeras décadas del XX se incorporan características del grotesco en algunos sainetes, hasta el aglutinamiento de estos elementos del grotesco en piezas que son designadas como grotescos criollos. Es decir, si el grotesco no empezó de un día para otro, tampoco desapareció de golpe; después de 1960, en las obras de teatro representadas en los “Ciclos de Teatro Abierto” (1981/85), inauguradas en plena dictadura militar (1976/83) se observa el aprovechamiento parcial de muchos componentes: tipo de humor, de conflicto, estilos actorales, deformación de los cuerpos, etc. Es decir, el fenómeno del grotesco en Argentina no remite sólo a unos textos (aspectos literarios, autorales), sino también al escenario (estilo de representación, recursos actorales).

Los sainetes de Discépolo son una influencia directa para Gambaro que se ha criado en la tradición de géneros populares argentinos (sainete, gauchesca, vodevil, grotesco, revista), definida por su marcado lenguaje popular y como una actuación sobre la actuación, como “intertextualidad carnavalesca” o metaactuación, casi un teatro de citas. Las extensas acotaciones que en los textos de Gambaro proponen una concreta gestualidad, maquillaje, movimiento, describen a menudo procedimientos semejantes a los del particular actor nacional de sainetes: muecas, maquietas, latiguillos, cortes, declamaciones, apartes, morcillas... Las funciones de estos procedimientos varían al alterarse o combinarse unos con otros para producir risa, o concretar el ridículo, y en su primera fase sirvieron para restituir la armonía o dar alivio a la tensión sentimental, y en su expresión última se convierten en un hecho cuestionador destructor de la armonía, que expresaba las contradicciones sociales de la época. Así surge el personaje derrotado y fracasado del grotesco criollo. El carácter interactivo de estos procedimientos, provoca que el actor no pueda ubicarse detrás de la cuarta pared (como el actor dramático) y que tenga una relación no garantida con el público.

La composición con elementos de diferentes campos de la realidad puede generar mundos extrañantes o incluso, atemorizantes, e implica necesariamente la renuncia a una imagen armoniosa de la sociedad. No habrá un objeto nuevo, resultado de la manipulación de diferentes entidades, sino la revelación de una naturaleza peligrosa y alevosa a través de la mirada grotesca a esas entidades de lo cotidiano. La comicidad surge de una forma de caricatura cercana esperpento de Valle Inclán, que retrata asimismo realidades contemporáneas o históricas, y que podemos identificar por la distorsión de la apariencia y mezcla de lo humano y animal, realidad y ensueño, buscando en este efecto de contraste, el humor negro, el horror y la perplejidad del espectador, cuyo espanto es amortiguado por la risa.

Los individuos exageradamente pintados que aparecen en el teatro de Gambaro, son un desafiante trastorno de lo reconocido como orden convencional que pervierte la recepción de lo familiar y conocido. Es decir, el grotesco es aplicable tanto a la actitud creativa, al contenido y estructura, como a los efectos sobre el destinatario, o lo que es lo mismo: obra, proceso creativo y recepción.

Cuerpos en desequilibrio, artificiosidad gestual y postural, lenguas enrevesadas, confinamiento espacial o significaciones políticas escondidas, son algunos de los fundamentales rasgos del grotesco. La palabra de los habitantes del grotesco es críptica, está disfrazada y deformada para decir lo indecible, entrecortada y elíptica. El grotesco criollo se construye precisamente en torno a ese contraste entre lo que se muestra o se puede mostrar y lo que se esconde porque no puede decirse abiertamente. Las estrategias de ocultamiento son muy variadas, especialmente en época de dictadura. Los personajes se mueven entre el ser y el parecer. El lenguaje del grotesco es equívoco y privilegia una perspectiva deshumanizada que sirve a desmontar los mitos e instituciones que la sociedad tiene por absolutos. Surge de las anomalías del sistema y representa una experiencia de fracaso que incluye desde la familia o la propiedad privada, hasta el ejercicio del poder. En este sentido, las obras de Gambaro representan los efectos de la crisis social, y su preocupación reside en la decodificación de organismos sociales autolegitimados que caracterizan la dictadura; poniendo de manifiesto las ficciones del poder concebidas tan solo para la justificación y normalización de su abuso. La función del teatro de Gambaro es revelar el sexismo, el elitismo social y el conservadurismo político que se apoya en la crisis que justifica la existencia de un estado militar y por tanto los actos de control social.

Si el grotesco es un procedimiento de reconocimiento, en el caso de Gambaro podemos llamarlo diagnosis, es decir, un conocimiento diferencial de los signos de las enfermedades, exacerbando las contradicciones hasta hacer estallar la validez del sentido que las sustenta.

INFORMACIÓN PARA EXTRANJEROS

Las 20 escenas que conforman el texto, nos muestran una crónica de torturas, secuestros y asesinatos cometidos en la Argentina de 1971. La acción fragmentada se desarrolla en los distintos espacios de una casa.

La casa debería condensar y defender la intimidad, debería responder por lo privado protegido de la amenaza externa, pero el espacio que Gambaro propone en su obra Información para extranjeros es un negativo de la imagen de la casa y una inversión de la función de habitar, así el horror que ocupa los espacios de la casa está en nosotros. Es una trasposición del espacio a lo humano. Es decir, la casa como metáfora del cuerpo o espacio de la confrontación política, representada mediante la tortura.

El público/audiencia es representado en escena por un grupo actores que son tratados por su guía como turistas con la intención de visitar catacumbas, pero el espacio en que ingresan va adquiriendo carácter de prisión con celdas y cámaras de tortura.
[1] Las apariencias no engañan, pero la información sí. Lo que comienza siendo ambiguo, crece en grotesca contradicción. La idea de las catacumbas nos trae la imagen de cuevas múltiples o de una red de galerías, con celdas quizás, donde se meditan secretos y se traman intrigas: un espacio oculto por supuesto, por eso es necesario que nos sea mostrado.

La curiosa conexión entre las catacumbas y la gruta que da nombre y carácter al grotesco
[2], nos revela una concepción de espacio confinado, casi un lugar sepulcral dispuesto a recibir a sus muertos, en efecto, los personajes mueren en escena.

La repetición constante del guía llamando la atención sobre los escalones, la cartera... tiene la clara finalidad de crear incertidumbre, inseguridad; la composición verbal del espacio nos dice que el lugar no es fiable y, sembrando más desconfianza, la gente tampoco: “la ocasión hace al ladrón”; la situación, la oscuridad, las macabras y las crueles escenas de los cuartos que el grupo visita, los espacios cerrados, el lenguaje equívoco... Los elementos se conjugan con maestría en función de un objetivo común: transmitir al espectador la inseguridad, intranquilidad, temor e incertidumbre generada en el grupo de turistas que “padece” la visita a la casa de los horrores, donde son informados, como extranjeros en su propia patria, de los estragos causados por el abuso del poder establecido. La estructura del espacio funciona metafóricamente e implica una arquitectura muy diferente a la sala de teatro convencional, en la que casi se borran por completo la división entre platea y escenario, entre actor y espectador.

La acción tiene lugar en una casa, escenario que señala la usurpación de los espacios domésticos por la junta militar, en relación con la imagen de casa como nación
[3]. Los sistemas del terror anulan la existencia de cualquier lugar seguro. La casa no es un lugar seguro, de eso nos convencemos según avanzan las escenas, al igual que la perversión del lugar, el país conserva la fachada externa de aparente normalidad de lo cotidiano, pero se ha convertido en escenario de las más crueles prácticas.

Pero la casa también representa uno de los mayores poderes de integración para los pensamientos, los recuerdos y los sueños del hombre. Desde esta perspectiva las cámaras secretas/habitaciones se constituyen en morada para un pasado inolvidable y las diferentes alturas de pisos de la casa que requiere el texto, reflejan los múltiples niveles de información dentro del mismo.

Las escenas de violencia política no están limitadas a las prisiones y cámaras de tortura, sino que son escenificadas en calles públicas, en casas privadas, en cuerpos humanos. Así, la toma de la casa, significa de la nación, de la casa familiar, y del caparazón protector del cuerpo, indicando que los tres espacios individual/familiar/social concurren en uno, es el espacio representativo del cuerpo/casa/nación.

Lo público y lo privado, en cierta medida, están mezclados. Se puede hablar de permeabilidad, de límites borrados. En la obra, la tortura se hace pública dejando al público del lado del torturador, es decir, el público está compartiendo el mismo espacio del torturador, hasta el punto que, el verdugo de una muchacha sale de entre el público/grupo de turistas. No es que el público representado sea cómplice, es que esa complicidad es lo que posibilita el espectáculo. La teatralidad del terror sobrepasa los mecanismos de puesta en escena de actos atroces. La obra puede plantearse como otro tipo de tortura: mostrar los instrumentos. El énfasis no está en las acciones violentas, sino en el papel del espectador observando la violencia, en ese tipo de voyeurismo. Lo que nos recuerda la llamada “tortura familiar”, donde el torturado es sólo un medio para torturar al que es obligado a presenciar ante sus ojos la tortura a un ser querido.

Si bien las convenciones teatrales exigen la pasividad del público, las escenas de violencia real y cotidiana están apelando a esa pasividad de “público teatral”, que tiene la responsabilidad ética de tomar parte como testigos para tratar de evitar los abusos de poder que ante sus ojos suceden. Esta es la trampa que Gambaro diseña para el público teatral de Información para extranjeros, porque como ella misma dice:“Toda pieza de teatro es un ajuste de cuentas, un enfrentamiento con la sociedad”.

El poder a través de sus canales de información o mejor dicho, de desinformación, dirige nuestra mirada, determina el punto de atención, se auto-autoriza y legitima para apuntar cuál es la “opinión pública” en función de “los hechos”(pone los límites, determina sentido y dirección) y así escribe la historia oficial. Gambaro llama la atención sobre la manera en que la percepción del público está dirigida y controlada por los que tienen el poder y señala la manera en que el público -dentro y fuera del teatro- depende de este tipo de información nada confiable.

La sociedad parece a la vez tranquila y violenta, pero sin lugar a dudas es frígida, y una sociedad insensibilizada es mucho más dócil y manejable. Gambaro busca sacar a la sociedad de su frigidez, convertir al espectador en parte de un público activo y crítico, que dejaría de aceptar las «explicaciones» espurias destinadas a su pacificación, silenciando así, las justificaciones destructivas que refuerzan el régimen represivo (las del “no te metás”).

Todos los hechos que nos informan y representan están envueltos en teatralidad y artificio; ese disfraz burdo, sirve, en primer lugar, para que trascienda el hecho en sí, intacto en su sentido y además, hace digerible el horror. De este modo, hace participe al público en algo que de otra manera le produciría rechazo. Gambaro quiere despertarnos y desanestesiarnos casi por impacto con el hecho estético. La tercera utilidad de este modo de distanciamiento, de exagerada teatralidad y artificiosidad, es que invita a reconocer la mezcla ficción/realidad de las escenas representadas y por tanto, queda insinuado que en la realidad “presuntamente” extrateatral, también podemos reconocer métodos teatrales. Por esa razón, la autora atrapa nuestra atención con el hecho estético. La información está fragmentada (limitada) y explicada (subjetivada) por el poder (mediatizada). Y en contraste, frente a las figuras del poder, tenemos la figura del muñeco, como caricatura del humano, que es una constante del grotesco, símbolo de la debilidad, de la ausencia de auténtico ser, la incongruencia entre lo que se dice del hombre y lo que éste es en realidad. Como sucede en el esperpento de Valle Inclán, es del distanciamiento de lo que depende la visión grotesca: una combinación de lo vejatorio y lo ridículo que se resuelve en extrañamiento. Si la teatralidad es característica esencial del esperpento, en el texto de Gambaro es el núcleo mismo de la obra, tanto en su forma como en su contenido temático. El drama es espectáculo y el desarrollo de la acción en el escenario trae consigo el desenmascaramiento de las apariencias.

Al hablar de teatro dentro del teatro, también quiero hacer referencia a que todo lo que sucede en la obra, sucede con suma teatralidad y artificio. Es una especie de método extensible a la realidad, para reconocer el engaño que disfraza la mentira en verdad. Disfrazar la realidad sólo para desnudarla La información que se proporciona a los ciudadanos no es fiable: hay que desocultar las verdades.

El propósito de Gambaro es despertar al espectador a los peligros del confinamiento intelectual y físico, prevenir contra la pasividad y ciega aceptación del sistema de poder.

Con todos estos procedimientos, Griselda Gambaro nos revela que la información de la realidad extrateatral tiene unos procedimientos teatrales inherentes. Habla de secuestros, torturas, procesos judiciales o asesinatos mediante juegos de niños, o gags cómicos de acumulación y repetición progresiva de la tradición circense, clowns o títeres de cachiporra, entre otros.

Gambaro pone al mismo nivel la información oficial (la prensa, la información para extranjeros) con la información oficialmente ficticia (los juegos de niños, la música, los fragmentos de la tradición literaria...). Representando la contradicción y la inapreciable frontera entre la verdad y la mentira, la realidad y la ficción.

La obra ofrece una diagnosis o descripción de los males que afectan a la política y a la sociedad de su tiempo. Griselda Gambaro nos abre un camino de conocimiento: la duda, el cuestionamiento de lo establecido, de lo dicho, de lo evidente... Todo esto, en un clima en el que la pasividad es cómplice y la acción se impone necesariamente. En este sentido, podemos considerar Información para extranjeros, una obra casi situacionista, pues el texto representa dramáticamente la tesis de Debord, según la cual, no vivimos en la sociedad de la información sino en la del secreto, o ¿acaso sabemos algo de lo que realmente importa? El poder nos proporciona información muchas veces contradictoria, casi siempre fuera de contexto, sesgada y a menudo irrelevante. Porque además, interpretamos la realidad no a través de la mirada directa sino por la representación que de ella hacen los medios que establece el poder; lo espectacular integrado de La sociedad del espectáculo:

“Quien siempre mira para saber la continuación, no actuará jamás: y ese debe ser el espectador.”

El público asiste al teatro a mirarse en un espejo, que le devuelve una imagen deformada y amplificada de los horrores y temores que le habitan.

Griselda Gambaro, en esta obra y en toda su producción, se preocupa en desenmascarar las relaciones del poder y los procedimientos del dominio político e individual.

El texto plantea una denuncia del olvido, de la pasividad, de la mentira travestida de información oficial, destacando la violencia sexista, la xenofobia y el racismo de la clase acomodada y blanca, la jerarquización social, la falta de responsabilidad individual y colectiva, el abuso del poder en todo ámbito de las relaciones humanas, la aceptación de la violencia y la humillación por el miedo. Pero Gambaro logra ir aún más allá de la denuncia, con un texto que nos conmueve y que busca ser capaz de romper nuestra inmovilidad, apremiándonos con una urgencia de responsabilidad colectiva e individual, buscando que nos afecte como personas miembros de una misma realidad y no como consumidores de noticias: espectadores de desgracias ajenas.


Natalia Arbizu
ABRIL 2007

[1] El sistema represivo y punitivo consecuencia de un orden autoritario-policial, es la prisión, como un área de la realidad cuya naturaleza y función se examina en Las Paredes (1963), El campo (1967), Decir sí (1974), Información para extranjeros (1973), Puesta en claro (1974-1975) o Antígona furiosa (1986). Hotel, hospital, peluquería, casa, pueden desempeñar la misma función que la prisión o el campo de concentración.
[2] La palabra grotesco, como nombre o sustantivo, proviene de las pinturas parietales ornamentales encontradas en grutas de Roma y otras ciudades de Italia en el siglo XV. En ellas se mezclan con gran artificiosidad figuras deformadas y extrañas de seres humanos, plantas y animales que mezclan sus rasgos de distinta naturaleza. En realidad, fue el entorno lo que les dio el nombre, quedando impregnadas de la fuerza evocadora de la gruta.

[3] La obra podría ser una metonimia de la casa como nación. Lo mismo ocurre con El matadero de Estaban Echeverría, en la que ese matadero sería la representación de Argentina, es decir, Argentina como matadero.

miércoles 18 de abril de 2007

Reflexiones acerca de la Huelga de hambre de la lucha docente

Por Prof. Mgter. César Alberto Saldaño

La decisión no fue difícil, llega desde adentro en una manera interpeladora e imperativa. No se presentan presupuestos, ni se analizan consecuencias, es la voz del otro que se instala en el interior y demanda acciones concretas.

La incertidumbre, la inquietud se fue despejando desde que llegué y fui recibido por un grupo heterogéneo, rostros desconocidos, voces ajenas de las que fui apropiándome con ese extraño dinamismo unificador que tienen las luchas comunes. No eran personas abatidas, ni temerosas, inmediatamente intuí la fortaleza de sus principios a través de una animosidad firme y alegre, que nunca se perdió, quizás sean sentimientos contradictorios para quienes crean que tales circunstancias deben enlutar los rostros, trastundar los cuerpos sin entender que el sustento del desafío es recuperar nuestra dignidad y eso es causa de esperanza.

El espacio físico, cargado de historia y de significatividad, fue como un abrazo afectuoso del tiempo.un tiempo que también fue custodiado y observado, para que no diga todo lo sabe, para seguir poniéndole límites al ser, un ser que es ajeno a las cámaras ocultas porque se fue manifestando a todos, incluso a quienes no lo quisieron, como un grito de libertad en un marco de cadenas.

Instintivamente miré hacia atrás y descubrí que comenzaba a privarme voluntariamente no solo de alimento, sino del amor cotidiano de mis hijos y de mi esposa, de esos días siempre nuevos, donde era testigo de su crecimiento, donde era poseedor de sus preguntas, de sus abrazos, de sus llantos y sus risas. Atrás quedaba mi ingreso esperanzado en el aula para compartir el pensamientos de otros y los nuestros, con la abierta posibilidad de construir una sociedad más crítica y democrática.

Los días transcurrieron develando a personas nuevas con ideales, utopías, con broncas y dolor es añejos, con el dilema de una vocación que llama al servicio, pero que se enfrenta con el menosprecio de la persona y me pregunto ¿se puede seguir frente a niños y adolescentes con la resignación de ser postergados, de no ser reconocidos? ¿se puede educar con los ojos y los labios cerrados por el avasallamiento de quienes ostentan las directrices educativas?. De ellos recibí la fuerza diaria, que más allá de la botella de agua o de jugo, estaba centrada en la presencia incondicional de un colega que redescubre su protagonismo en la historia desde la lucha por su dignidad.

Pasaron muchos rostros, manifestando pena, indignación, apoyos y hasta criticas por nuestra decisión tan extrema para algunos y tan insignificante para el gobierno.y nos aprendimos a alimentar de estos gestos de solidaridad, de estas muestras de compromiso con uno mismo y con los otros. No estuvieron ausentes ideologías, intencionalidades políticas, pero como algo necesario de aquellos que enmarcan toda acción desde esta perspectiva, sin embargo nunca fui objeto de adoctrinamiento ajeno a la esencia de esta lucha, si aprendí firmemente que en la compleja diversidad se puede gestar la gozosa unidad.

De este modo cada día la preocupación dejaba de ser la de uno mismo, sino que nuestra mirada y nuestro corazón estaba fijado en el otro, en su fortaleza o debilidad y nos sabíamos responsables de la salud de todos, por eso cada colega que despedimos de la recova porque su cuerpo así lo exigía, sí marcaba en nuestros rostros un rictus de bronca e indignación por la impotencia que genera la indeferencia de un gobierno insensible y ajeno al dolor.

Cada instante de aquella experiencia lo viví como una capacitación gratuita aprendiendo de todo y de todos, incluso del silencio perverso del gobierno, que anteponía porcentajes y amenazas a una realidad innegable: la crisis educativa

Seguramente se trata de una capacitación por la que no se me otorgará puntaje en la Junta, pero esos 15 días sentí que crecí, que maduré como persona y como docente en un ambito de fraternidad y compañerismo.

Creo que nos fuimos acostumbrando a estar en el último lugar y ese exceso de humildad llevó a que hoy nos miren con desprecio y pongan en duda nuestra profesionalidad, nos convencieron que lo que tenemos es suficiente y demasiado, si somos "solamente maestros". no es así colegas debemos ser ORGULLOSAMENTE MAESTROS, y eso implica volver enamorarnos de nuestra tarea, porque solo lucharemos por aquello que amamos, y defenderemos incansablemente todo lo que ello implica, porque enamorarse de la docencia es hacerlo del aula, de la escuela, de los alumnos, de los padres, pero sobre todo convencerse que sin dignidad no podemos nada.y recibir las migajas que caen de la mesa de los poderosos NO ES DIGNO.

Toda lucha es difícil, toda lucha es un riesgo, pero es necesaria para crecer, para redescubrirnos, para demostrarnos y demostrarles a la sociedad que nuestra función es enseñar para lograr una sociedad mejor, más justa y más humana.y eso no se puede realizar desde escuelas destruidas, eso no se puede realizar desde el facilismo pedagógico, necesitamos refundar la docencia, ocupar el lugar que nos corresponde, reconstruir la escuela pero reconstruyéndonos a nosotros mismos como docentes.

Esta lucha no es solo una cuestión salarial, es mucha más profunda, y por eso nace en nosotros la indignación, porque ese pedazo de tiza, esa letra en la pizarra, pierde significación cuando actuamos como cómplices de un sistema que nos desvaloriza.

Ojala, abandonemos las excusas para no unirnos a esta lucha, más allá de las convicciones políticas y gremiales, ojalá podamos dejar todas las diferencias de lado para valorar nuestra esencia, que mostremos a la sociedad de Salta y de la Argentina que amamos lo que hacemos y por eso lo defendemos, porque queridos colegas si seguimos con la apatía y la indiferencia, si dejamos solos a los maestros y profesores que hoy hacen huelgas por todos, seguiremos haciendo docencia pero cada vez nos vamos a alejar más de SER DOCENTES, porque la unidad se enseña desde la unión, y la verdad desde la realidad.

Prof. Mgter. César Alberto Saldaño D.N.I. 18.443.419

fuente: copenoa

martes 17 de abril de 2007

Gobiernos populares en América Latina ¿Revoluciones o neo-reformismo?

Isabel Rauber

La problemática

Las condiciones sociopolíticas, ambientales y económicas predominantes en el mundo capitalista de hoy, imponen a la humanidad –para sobrevivir‑ la obligada tarea de refundar la civilización humana bajo nuevos cánones, creándola y construyéndola a la vez en el proceso de búsqueda. Esto implica la realización impostergable de diversos, profundos y novedosos procesos de transformación social. Dichos procesos supondrán variados, complejos y prolongados caminos hacia lo nuevo. De conjunto estos procesos conformarán un largo período caracterizado, precisamente, por caminar en medio de certezas e incertidumbres, cambios, marchas y contramarchas, y por las búsquedas y construcciones –de modo integral‑ de lo nuevo. Este período se identifica tradicionalmente como transición, pero, ¿de qué transición se trata?, ¿hacia dónde?, ¿cómo y quiénes la realizarán?

La apuesta de transformación de la sociedad [Poder] desde abajo ‑dimensión política concreta en la que ubico estos planteamientos‑, replantea los contenidos, las tareas, y las vías de la transición hacia lo nuevo (hasta ahora conocida como transición socialista [Marx], o hacia el socialismo [Lenin]). La experiencia histórica de construcción de una sociedad superadora de los males del capitalismo, la conciencia de que es necesario construir nuevos paradigmas de desarrollo orientados a la justicia y equidad social, el cuidado y la preservación de la naturaleza, la necesidad de construir relaciones solidarias y fraternales entre todos los seres humanos, aunada a las crecientes y constantes luchas sociales contra el capitalismo neoliberal actual que se libran en los diversos rincones del planeta, han ido germinando reflexiones profundas acerca de cómo encarar esta problemática; atender a ellas es una prioritaria y necesaria labor.

Se trata de una actualización radical de los paradigmas que hasta hace poco rigieron el pensamiento y la acción revolucionaria para la transformación de la sociedad. Como está claro que no se trata de un cambio que se producirá de modo automático ni mecánico, para nuestra generación este desafío implica definir ‑teórica y prácticamente‑ cómo encarar la transición hacia lo nuevo; sin pretender cerrarle el camino creador a la vida social, se impone debatir acerca de los primeros pasos, de las formas y modalidades diversas que se están dando en la realidad, particularmente en América Latina, y acerca de los protagonistas, es decir, del sentido y la orientación de tales cambios. A continuación expongo elementos que considero centrales para estimular la reflexión colectiva acerca de esto.

El concepto de transición, distintas propuestas teóricas y prácticas

►En el pensamiento revolucionario, el concepto de transición emerge ligado a los planteos de Marx acerca del comunismo, particularmente en los debates referentes al Estado y su posible extinción o abolición luego del derrocamiento revolucionario del poder burgués. En polémica con pensadores y revolucionarios de su época, Marx expuso sus argumentos acerca de la imposibilidad de abolir el Estado. Su desaparición, objetivo del comunismo, requiere ‑afirmó él‑, de un proceso de extinción, proceso que se inicia con la revolución (toma del poder) de carácter socialista, que Marx define como período de transición al comunismo.

La transición socialista hacia el comunismo era posible, según Marx, en países con un capitalismo desarrollado, condición socioeconómica que constituyó una premisa central de su propuesta revolucionaria. De ella se desprendieron otras, que la fortalecían como tal premisa: el carácter internacional de la revolución, la presencia de la clase obrera madura en concentración y organización, sujeto histórico capaz de impulsar el desarrollo revolucionario hacia el socialismo y el comunismo, período en el cual se culminaría el proceso de extinción del Estado socialista y se negaría política y socialmente la propia clase obrera y su ideología como clase e ideología hegemónicas. [1] De ahí que Marx entendiera el proceso de transformación social como una revolución permanente hacia el comunismo. Esto se debía no solo a los cambios ininterrumpidos, sino también a la estimación de que la revolución ocurriría de conjunto o en cadena simultánea en los países desarrollados de Europa, ubicados –por su desarrollo‑ en la antesala para la revolución socialista.

Al reflexionar hoy sobre los planteamientos de Marx acerca de la transformación social, no puede omitirse que él no vivió la maduración del capitalismo en su conformación imperialista transnacional. No pudo prever entonces, la futura polarización de las riquezas a escala mundial [Samir Amin], y supuso que la situación del desarrollo capitalista europeo podría repetirse en las otras latitudes del planeta, por lo que consideró a ese desarrollo una condición universal para el cambio revolucionario socialista. Tal concepción, aunada a la creencia de que los recursos naturales eran inagotables, contribuyó a que Marx a considerara a la riqueza y la abundancia como condiciones para la liberación humanas. [2]

►A inicios del siglo XX, el advenimiento de la Primera Guerra Mundial y el surgimiento del imperialismo modificaron las condiciones sociales y políticas de Europa, llevaron a otro revolucionario, Lenin, a repensar la propuesta marxiana del cambio social, particularmente en lo referente a las premisas antes mencionadas.

En sus estudios económicos acerca del capitalismo en su fase imperialista, Lenin puso al descubierto las características del imperialismo, tal como este se había conformado en su época. Basándose en su análisis, expuso y argumentó la hipótesis de que el cambio revolucionario no ocurriría de forma conjunta y simultánea en los países capitalistas desarrollados, sino de forma individual en los países atrasados, concretamente, en el eslabón más débil de la cadena de la hegemonía imperialista. Este eslabón, según Lenin, radicaba entonces en la Rusia zarista de posguerra. A demostrar prácticamente esta hipótesis dedicó su empeño político, y para ello desarrolló la teoría acerca de la revolución social, la construcción del socialismo (transición al socialismo), y la organización política y social necesarias para concretarlas.

Para Lenin, muchos aspectos de la teoría y la lucha revolucionarias deberían ser redefinidos acorde con las condiciones políticas, sociales y económicas en tiempos del imperialismo en los albores del siglo XX. La cuestión central a tener en cuenta para comprender sus propuestas, es la afirmación de la posibilidad del cambio revolucionario en un país capitalista atrasado en su desarrollo. Como en tal caso –y siempre siguiendo a Marx‑, no estarían "maduras" las condiciones materiales y espirituales para el socialismo, Lenin se dedicó a buscar y construir teórica y prácticamente los instrumentos posibles para concretar el cambio revolucionario en una sociedad de tales características.

Esto modificó sustantivamente la concepción revolucionaria del cambio social y las prácticas revolucionarias del siglo XX. Me detendré sucintamente en los puntos que se relacionan directamente con el tema ahora tratado: la transición.

‑Lenin concibió la necesidad de recorrer una etapa previa al socialismo, destinada centralmente a construir las bases materiales (premisas) para el socialismo. Propuso que el cambio revolucionario iniciara un período de transición al socialismo: había que llevar a término el desarrollo que el capitalismo (por las razones que fueren) no había llegado a realizar antes de la revolución (sobretodo en el terreno industrial y tecnológico). Se trataba de un período caracterizado por un desarrollo económico de corte capitalista sin capitalistas (marcado por una carrera competitiva con él), regido por el partido de los comunistas, unificado tras una definición político-ideológica socialista. En tales condiciones el partido ejercería la dirección político-estatal y social de modo centralizado. Así –siguiendo los cánones leninistas‑, el partido se transformó de instrumento de la clase obrera para conseguir sus objetivos, en el agente histórico que "garantizaría" el rumbo del proceso de transición hacia el socialismo y luego hacia el comunismo.

Es interesante destacar que Lenin modificó el planteamiento de Marx, pero no lo contradijo, al contrario, aceptó su definición acerca de cuáles eran las premisas necesarias para una revolución social socialista. En primer lugar, admitió que el desarrollo capitalista es condición (prepara las condiciones) para el socialismo. En segundo ‑y concatenado a lo anterior‑, sostuvo, reafirmó y profundizó la hipótesis de que dentro del capitalismo es imposible iniciar la transformación de la sociedad, cambiar la correlación de fuerzas, construir un poder popular hegemónico alternativo. Reafirmó, por tanto, como imprescindible, el corte político revolucionario basado en la "toma del poder", para implantar la dictadura del proletariado, derrocar del poder político y económico a los capitalistas y, a partir de ahí, abocarse a construir las bases (premisas) para el socialismo.

Ciertamente, la postura de Lenin en relación al tema del poder fue un punto diferenciador clave del bolchevismo respecto de las posiciones reformistas de la socialdemocracia de la II Internacional. Estos apelaban a cambios graduales mediante reformas, cambios que no ponían en cuestión el poder del capital y sus representantes, y que -poco a poco- se transformaron en tibias modificaciones o ajustes secundarios del funcionamiento del capitalismo. Renunciando a toda posibilidad (y necesidad) de superar el capitalismo, el reformismo no se propuso construir poder, ni tomarlo; ha hecho del capitalismo su mejor ámbito de existencia y reproducción.

Cuando Lenin se propuso hacer la revolución en un país atrasado, y acelerar ‑mediante ella‑, la maduración (construcción) de las premisas para el socialismo, modificó sustantivamente el papel de la clase obrera en el proceso revolucionario: esta no había llegado a ser la clase mayoritaria, ni a su más alto grado de desarrollo, concentración, socialización y organización como clase, no había alcanzado –en resumen-, su conciencia de clase para sí, y no podría, por consiguiente, desempeñar su rol de vanguardia y motor de la historia. Lenin sustituyó entonces el papel político de la clase por el partido, entendido como destacamento de avanzada de la clase (sin la clase). [3] Para sostener esta hipótesis Lenin adoptó el postulado de Kautsky, que sostenía que la clase obrera es incapaz por sí misma de alcanzar su conciencia de clase, por lo que esta le debe ser "inyectada" desde afuera por intelectuales comprometidos y, particularmente, por los cuadros del partido (bolchevique) de "nuevo tipo".

Consecuentemente con ello, Lenin desarrolló los fundamentos teóricos, políticos y organizativos para la construcción de este tipo de organización política, altamente centralizada, centralista y verticalista. No vale volver a discutir si ello fue una deformación posterior o no del centralismo democrático, el objetivo ahora no es la crítica del pasado sino el desarrollo del pensamiento crítico actual, que no es lo mismo. Y lo que ocurrió fue que –al reemplazar a la clase en su conciencia, organización y protagonismo social y político real en la construcción de la nueva sociedad‑, el partido formó una clase obrera seguidista y obediente, que se plegaba a sus decisiones, puesto que ella –supuestamente‑ "era incapaz" de pensar debido al atraso de su desarrollo y de su conciencia. El paternalismo que esto trajo aparejado fue uno de los grandes daños del proceso, pero de significación política menor si se tiene en cuenta lo que implicó castrarle a la clase obrera la posibilidad de constituirse en protagonista de la transformación social, sometiéndola a los dictados del partido en nombre de "su" propia ideología, paradójicamente definida por otros desde fuera de la clase. Con ello se reprodujeron las prácticas autoritarias heredadas de las sociedades clasistas anteriores.

En virtud de dicha concepción acerca de la relación partido clase, se definieron también los roles de las organizaciones "de masas" (la clase obrera, el campesinado pobre y sin tierra, y el conjunto del pueblo oprimido) para el "período de transición al socialismo", el socialismo que existió en el siglo XX: desterrados del protagonismo político, las organizaciones naturales de dichos sectores fueron consideradas "correas de transmisión" de las decisiones tomadas por el partido. Y esto se lograba a través de los núcleos partidistas presentes en las organizaciones obreras y sociales.

Las dinámicas verticalistas que regían las relaciones del partido hacia la clase y la sociedad, se transformaron poco a poco –estimuladas por el ejercicio exclusivo del poder‑, en dinámicas internas. Urgidos cada vez más por la resolución de los problemas provocados por la necesidad de acelerar el desarrollo industrial, técnico y científico para avanzar al socialismo y, a la vez, competir con el capitalismo occidental, sumado a los golpes producidos por las guerras, y a las exigencias de defender y preservar a la revolución del hostigamiento capitalista, los escasos resquicios democráticos que sobrevivían en medio del creciente centralismo en la vida partidaria y social, cedieron ante el ordeno y mando ejercido por los funcionarios con jerarquías superiores, método supuestamente necesario (y transitorio) para "garantizar" la preservación de la revolución y el cumplimiento de las tareas revolucionarias del momento. Así se fue consolidando el autoritarismo.

El embudo al revés se estableció en poco tiempo, castrando el leitmotiv esencial de la revolución: la emancipación de la clase obrera y –junto con ella- de la sociedad toda. Las cadenas de la alienación cambiaron de dueño, pero siguieron estando y apretando, y ahora con mayor fortaleza, debido a la dificultad para identificarlas y eliminarlas, pues fueron profusa y sistemáticamente invisibilizadas por la ideología hegemónica justificadora de las necesidades del poder "revolucionario". Este exigía fidelidad e incondicionalidad hacia el partido, hacia sus dirigentes y sus decisiones. Consecuentemente, quienes criticaron cualquiera de las facetas autoritarias y alienantes del poder ejercido por el partido fueron sistemáticamente excluidos, silenciados, o acusados de vacilantes, revisionistas o contrarrevolucionarios; para ello se usaron también las armas del poder "revolucionario".

Es duro reconocer esa realidad, sobre todo al recordar a los millones de hombres y mujeres que –con disposición y confianza‑ empeñaron día a día sus vidas en aras de concretar los sueños de emancipación construyendo lo nuevo, pero –precisamente por ello‑, no puede obviarse. Reflexionar críticamente acerca de las experiencias socialistas del siglo XX resulta, además de un compromiso con la historia de los pueblos, un empeño vital para replantearse hoy la superación del capitalismo, sus vías y métodos, y las formas de organización y participación de los protagonistas fundamentales. En este sentido, está claro que lo relativo a la democracia, la participación y el control populares resultan cuestiones de fondo inherentes a la posibilidad de construir la nueva sociedad y, por tanto, no pueden ser relegadas ni postergadas en ningún momento, bajo ningún argumento.

►Es necesario recabar en la historia todas las enseñanzas posibles y, a la vez, estar a la altura de las exigencias que los tiempos actuales le imponen al accionar político socio-transformador.

El siglo XXI coincide con el inicio de una nueva época histórica, que se evidenció abruptamente con la caída y desaparición del campo socialista mundial y el fin de la confrontación este-oeste, y con la irrupción de la revolución tecnológica, la robótica, la informática, entre tantos otros descubrimientos y desarrollos científico-técnicos. Se caracteriza por la ofensiva ideológica global del poder del capital, orientada a la estructuración y consolidación de un mundo unipolar hegemonizado por el imperialismo norteamericano erigido en gendarme mundial del capitalismo.

La voracidad creciente del capital transnacional, concentrado mundialmente cada vez más, aunada a la globalización de sus intereses, alimentan la búsqueda creciente y constante de artimañas jurídicas, institucionales y políticas que justifiquen y faciliten el sometimiento y avasallamiento de los derechos y las libertades humanas, sociales, políticas y culturales en cualquier parte del planeta Tierra donde el poder entienda o sospeche que se obstaculice –o se pudiera en algún momento obstaculizar‑, la concreción de sus proyectos. Para ello el poder hegemónico del capital ha creado, modificado –y aún sigue modificando‑ sus instrumentos internacionales, ha dictado sus leyes, y ha establecido –junto con los no-límites legales de su accionar‑ los límites de los otros, concretamente, los del Sur.

Ante esta realidad y modalidad de existencia y ejercicio del poder avasallador del capital –que apela a la agresión militar si es preciso-, teniendo en cuenta que el paradigma de desarrollo capitalista trae consigo la destrucción de la sociedad y la naturaleza, es decir, de la civilización humana, teniendo en cuenta los graves problemas ecológicos‑naturales‑ambientales existentes, el agotamiento de los recursos naturales, particularmente de las fuentes de energía, teniendo en cuenta la existencia de problemas globales como el hambre y la pobreza crecientes, la proliferación de enfermedades, el analfabetismo, la explotación infantil, la sobrecarga de trabajo y explotación de las mujeres, la alienación, el consumismo hedonista, el stress social, el abandono de los ancianos, etcétera, teniendo en cuenta –además‑ la experiencia socialista del siglo XX, sus logros y sus errores, una interrogante crece: ¿Es posible realmente construir otro mundo? ¿Cómo pensar la transformación social? [4] ¿Cuál es el tipo de poder que podría responder a las necesidades democráticas, participativas y emancipadoras de los oprimidos? ¿Cuál es el papel de los movimientos sociales, de los pueblos y sus organizaciones en la creación‑realización de esa apuesta estratégica?

Comenzar a transformar la sociedad desde las entrañas del capitalismo

En la América latina posterior a la implantación del modelo neoliberal y la aplicación de sus "planes estructurales de ajuste", se desataron intensos procesos de resistencia popular protagonizados ‑en lo fundamental‑, por actores sociales que repudiaron la realidad en la que los situó el sistema; de ellos emergieron novedosos, numerosos y diversos movimientos sociales: el de los sin tierra de Brasil, el de los cocaleros del Chapare, el de los indígenas de Chiapas, de Ecuador, de Bolivia… el de los desocupados y jubilados de Argentina, el de los barrios populares en República Dominicana, Colombia, Brasil y México. Reconociéndose autónomos, los movimientos sociales fueron planteando –en dimensiones y ritmos diferenciados entre los diversos actores que los integran‑, la necesidad de profundizar la participación de los sectores populares organizados, y la necesidad de articular los procesos de resistencias y luchas sociales sectoriales-reivindicativas con procesos trascendentes encaminados a la transformación integral de la sociedad capitalista.

Las revueltas populares ocurridas en el continente, impulsadas por movimientos sociales que lograron coyunturalmente articularse entre sí, estimularon los debates entre los actores sociales acerca de la posibilidad de cambiar la realidad en que viven, acerca del sentido y el alcance de tales cambios (proyecto alternativo), y acerca de quiénes serían los sujetos que lo llevarían adelante. Se replantearon entonces reflexiones acerca de la problemática del poder: en qué consiste, cómo se constituye, cuáles son los mecanismos de su producción y reproducción, cómo se transforma y por qué medios.

Así, en prolongadas resistencias y luchas sociales, particularmente, las de los últimos 30 ó 40 años, los movimientos sociales fueron creando y desarrollando elementos claves de lo que hoy se perfila ya como una nueva concepción estratégica acerca de la transformación social, de la construcción de poder propio, y de la fuerza social-cultural de liberación. Esta concepción estratégica, que no apuesta a la toma del poder para comenzar el proceso socio‑transformador, que no condiciona el cambio de las relaciones sociales entre hombres y mujeres a directivas que emanen de la superestructura estatal‑gubernamental mediadas por la acción de un partido, es la que identifico como construcción de poder desde abajo. El concepto sintetiza ‑y propone‑ nuevos modos de transformar la sociedad, y ello implica, a la vez, buscar y recorrer nuevos caminos hacia lo nuevo, es decir, nuevas modalidades de transición.

Precisiones conceptuales necesarias

La expresión abajo remite inmediatamente a un ámbito ubicado "abajo" en relación a otro ubicado "arriba", o a una situación política, social o cultural tradicionalmente subordinada a lo que está "arriba". Sin excluir estas u otras posibles significaciones, el concepto desde abajo alude, por un lado, a un posicionamiento político-social desde el cual se produce la transformación de la sociedad, la construcción de lo nuevo, en el que ocupa un lugar central, protagónico, la participación consciente y voluntaria de "los de abajo". Esto da lugar, por otro lado, a una nueva lógica de pensamiento, acción y relaciones sociales y políticas, que se contrapone a aquella que sustenta lo que se piensa y ejecuta "desde arriba", a partir de las superestructuras y los aparatos, alimentando una metodología propia de las élites iluminadas, las minorías autoritarias y las vanguardias.

Construir desde abajo alude, por tanto, a una lógica acerca de cómo contrarrestar el poder del capital, cómo construir el poder propio, y desde dónde. Precisamente por ello resulta vital para pensar y realizar los cambios que reclaman hoy los pueblos de este continente. Puede aplicarse en todos los ámbitos y dimensiones de la vida social, independientemente del lugar o la ubicación en la escala de las jerarquías institucionales, gubernamentales o estatales desde las cuales se piensen y realicen las transformaciones: desde la superestructura política, o desde una comunidad, desde un puesto de gobierno o desde la cuadra de un barrio. El papel organizativo institucional que se desempeñe en el proceso de transformación puede estar ubicado arriba, abajo, o en el medio de los escalafones jerárquicos establecidos, construir desde abajo indica siempre y en todo momento y relación, un posicionamiento y un camino lógico‑metodológico acerca de cómo hacerlo, acerca de quiénes lo pensarán, decidirán y realizarán, e implica siempre, por ello, un desafío colectivo. Resulta por tanto, un posicionamiento lógico y práctico muy valioso para el análisis y la práctica política de los movimientos sociales y políticos del continente.

Entre sus ejes principales, destacaría los siguientes:

ü La superación de la enajenación humana, la liberación individual y colectiva, constituye el sentido primero y último de la transformación social.

ü La transformación de la sociedad (de sus hombres y sus mujeres) es parte de un proceso simultáneo de participación, apropiación y empoderamiento colectivo, a partir de promover el protagonismo de todos y cada uno de los actores sociales.

ü Entiende que no hay sujetos a priori de las prácticas y los momentos histórico‑concretos. El sujeto (social, político, histórico) del cambio (actor colectivo) se autoconstituye como tal en el proceso mismo de transformación.

ü Supone, por tanto, un reposicionamiento de la política, lo político, y el poder por parte del conjunto de actores sociales, políticos, y el pueblo todo.

ü La participación democrática es una característica sine qua non del proceso de transformación (y de la nueva sociedad). Su núcleo articula la participación desde abajo del pueblo consciente y organizado, con el pluralismo (aceptación y convivencia con las diferencias y los diferentes), y la horizontalidad.

ü Profundiza la dimensión sociocultural de la democracia, integrando a esta la necesaria búsqueda de equidad de géneros, y –sobre esta base‑ radicaliza la crítica al poder hegemónico dominante, contribuyendo a su deconstrucción social, histórica y cultural, y a la construcción de nuevos rumbos democráticos participativos. Fundar y construir una nueva civilización humana significa fundar y construir un nuevo modo de vida. [5] Esto reclama incorporar la noción y visión de género como elemento constitutivo del pensamiento y las prácticas cuestionadoras de las sociedades actuales, y de los procesos concretos de construcción de las nuevas. Pretender analizar la naturaleza y alcance del poder prescindiendo de incluir en él lo referente a las relaciones de género que lo sustentan y sobre las que se sustenta, es cercenar el valor práctico de sus conclusiones y propuestas. Y a la inversa ocurre, si se aborda la cuestión de género sin vincularla al cuestionamiento de las relaciones de poder (económicas, culturales, sociales, familiares, etcétera).

ü La construcción de lo nuevo se basa en una lógica diferente de articulación de las luchas sociales y de sus actores, de los caminos de maduración de la conciencia política, de la definición y organización del instrumento político, y de construcción‑acumulación de poder propio: se plantea superar la sociedad capitalista transformándola desde su interior en la misma medida en que va construyendo fragmentos de lo que algún día será una nueva sociedad. Junto con ello, en ese proceso, van (auto)constituyéndose también los sujetos que la diseñan y luchan por hacerla realidad en sus construcciones cotidianas, disputando hegemonía y poder a los sectores dominantes, empoderándose territorialmente, construyendo y acumulando poder y hegemonía propios desde sus comunidades, en dirección al rumbo estratégico que se va definiendo colectivamente.

ü El proyecto alternativo sintetiza el rumbo estratégico. Es por ello, a la vez, el eslabón que articula, cohesiona e imprime un sentido revolucionario cuestionador-transformador a las resistencias sociales, a las luchas sectoriales y a las propuestas reivindicativas, proyectándolas hacia lo que aspiramos un día será una nueva civilización humana.

ü Los procesos y caminos de construcción del proyecto, del poder propio, y de la (auto)constitución de actores sociales en sujetos de la transformación, resultan estructuralmente interdependientes e interconstituyentes. El eje vital radica en los actores‑sujetos, en su capacidad para desarrollarse y (auto)conformarse en actor colectivo del cambio (sujeto popular) y, por tanto, en su capacidad para diseñar y definir el proyecto, construir su poder, y –a la vez‑ dotarse de las formas orgánicas que el proceso de transformación vaya reclamando.

Explorar nuevos caminos y modalidades de transición

Teniendo en cuenta la situación internacional global actual, y particularmente la nuestra, marcada estructuralmente por un persistente y creciente subdesarrollo dependiente, no pueden considerarse vigentes lo que ‑según Marx‑, serían las premisas objetivas y subjetivas, económicas, sociales y políticas, necesarias para llevar a cabo una revolución social superadora del capitalismo. Tampoco es posible aceptar acríticamente la propuesta leninista para los países "atrasados" que –reconociendo los planteos de Marx‑, se propone respetarlos, haciendo de la "toma del poder" un vehículo político para acelerar la formación o maduración de tales premisas. Quedó demostrado que la "toma del poder" per sé no resuelve los problemas, al contrario, en determinadas situaciones puede empeorarlos; quedó demostrado que el desarrollo económico no provoca "automáticamente" cambios en las conciencias, que no construye motu proprio hombres y mujeres nuevos, que los hasta hace poco vigentes paradigmas de desarrollo, bienestar y progreso necesitan ser removidos y renovados creadoramente por los pueblos acorde con las condiciones actuales del planeta, con las necesidades de supervivencia de la humanidad, y con las de cada sociedad concreta de que se trate. No hay recetas para ello; se trata de construir las alternativas colectivamente, desde abajo y con los de abajo, en cada sociedad, creándolas y diseñándolas en el proceso práctico de su construcción. Así ocurre también con los caminos concretos por los que transita o pudiera transitar la transformación.

El desarrollo capitalista alcanzado en el Norte no puede sostenerse –ni teórica ni prácticamente‑ como condición o premisa paradigmática para el cambio y el progreso social. Este no solo resulta hoy inalcanzable sino también indeseable para las regiones "periféricas". Inalcanzable porque está excluido de los planes y el diseño mundial del capitalismo global actual. Indeseable porque está claro que no es un "modelo" sobre el cual pueda basarse la posibilidad de justicia, equidad, liberación, supervivencia de la humanidad y progreso. Consiguientemente, en nuestra realidad no cabe esperar por un supuesto "desarrollo" capitalista nacional (no dependiente); de lo que se trata es de crear y construir las nuevas sociedades sobre nuevas concepciones del desarrollo, el bienestar y el progreso, atendiendo a conjugarlo todo con la justicia y equidad social y la preservación humana. Y ello implica un relacionamiento diferente con la naturaleza y entre los propios seres humanos.

Así como no cabe esperar ni apostar al gran desarrollo económico capitalista, no cabe esperar tampoco que la clase obrera crezca y se desarrolle hasta constituirse en el único sujeto revolucionario del cambio. En primer lugar, porque –como expresé- ese "desarrollo" no ocurrirá. En segundo, porque en su fase transnacional actual el desarrollo capitalista transformó (y transforma) a la clase obrera; esta se encuentra hoy atomizada, quebrantada y dispersa. Los trabajadores ocupados y desocupados, formales e informales, los trabajadores temporales y en negro (particularmente los migrantes), en diversidad de jerarquías y de fragmentaciones por sectores, constituyen la realidad actual de la clase obrera. Los explotados de las ciudades y del campo se diversifican por doquier, los pueblos originarios reclaman su lugar en la historia, se constituyen decenas de actores sociales en lucha por sus derechos. Y la necesidad de articulación de todos ‑a partir de sus diversas modalidades de existencia, organización, identidades, problemáticas e intereses‑, se impone cada vez más como único camino para la construcción del actor colectivo capaz de diseñar y realizar los cambios políticos del momento actual, así como de empujar el proceso hacia transformaciones mayores.

Los nuevos actores y actoras, surgidos y constituidos en tales actores y actoras en las últimas décadas, junto a la clase obrera tal y como ella existe hoy, resultan sujetos potenciales de los cambios sociales con plenos derechos y capacidades como tales sujetos. El sujeto se avizora claramente como un sujeto plural, constituido en base de la articulación horizontal, voluntaria y consciente de todos y cada uno de los actores socio-políticos revolucionarios que protagonizan el proceso de transformaciones en una sociedad concreta, en un momento histórico-determinado. Un paso importante hacia ello lo constituye la conformación del actor colectivo, fuerza político-social capaz de diseñar, pensionar e impulsar el proceso de cambios en transición hacia lo nuevo, la utopía buscada.

Ese actor colectivo del cambio social no se constituirá como tal espontáneamente, su articulación es una labor político‑organizativa consciente, sistemática y colectiva. Los procesos de resistencia y lucha contra las atrocidades y discriminaciones del capitalismo protagonizados por diversos actores y actoras sociales, constituyen plataformas concretas para construir las convergencias y articulaciones comunes orientadas hacia la (auto)constitución de los variados y fragmentados actores sociales (sectoriales, intersectoriales y políticos) en actor colectivo.

Esto abre una serie de tareas y desafíos en lo político, en lo cultural y en lo organizativo. La búsqueda de respuestas concretas a tales tareas y desafíos caracteriza a los actuales procesos políticos alternativos que tienen lugar en Latinoamérica, en confrontación política con los representantes de los intereses del capital transnacional desde ámbitos locales, ya sea desde la oposición o desde el gobierno nacional, impulsando –en este caso‑ con mayor fuerza y posibilidades, procesos de acumulación de fuerzas sociales favorables al cambio, y la construcción de poder propio popular (empoderamiento colectivo) desde abajo.

Acceder a espacios de gobierno o al gobierno nacional, puede resultar un gigantesco paso de avance para desarrollar procesos de empoderamiento sociales colectivos. En la estrategia de transformación social que se basa en la participación democrática y protagónica de los actores sociales articulada a procesos de constitución de estos en actor colectivo (sujeto popular), batalla político-cultural mediante, el gobierno resulta un instrumento clave. Con su accionar puede activar –con la apertura y /o ampliación de procesos democráticos participativos‑ los procesos de conformación del actor colectivo del cambio, promoviendo –desde abajo‑ la transformación del propio gobierno y sus formas de ejercicio institucional y de control social, y –a través de ellas‑, del poder o ‑mejor dicho‑, de los poderes instituidos del capital.

Esto implica una modificación de la concepción acerca del Estado y su papel en los procesos sociales del cambio, en su relación con la llamada "sociedad civil" y viceversa, con los gobiernos nacional y estaduales, provinciales, departamentales, etc., en lo jurídico-institucional y en lo democrático-participativo. De ahí que resulte central en los actuales procesos de construcción democrática de lo nuevo, la convocatoria y realización de asambleas constituyentes, sustrato jurídico de la nueva institucionalidad engendrada por los procesos de luchas sociales, abanderados por la resistencia, el empuje y los reclamos históricos de los pueblos de este continente (con sus organizaciones sociales y políticas).

No existe justificación, después de los actuales procesos de Venezuela y Bolivia, para afirmar que es imposible hacer transformaciones estratégicas siendo gobierno, argumentando que el Estado está en manos de sectores enemigos, o que no se tienen aún las fuerzas sociales necesarias para impulsar los cambios. Si el peso del Estado burocrático y oligárquico es mayoritario, estas experiencias enseñan que siendo gobierno es posible –si hay voluntad política‑ impulsar la participación protagónica del pueblo en el proceso y, con ello, avanzar –desde abajo‑ en la construcción del poder popular que constituye, a la vez, la base del proceso de construcción del actor colectivo, de su conciencia y organización revolucionarias. Es precisamente por ello que las experiencias de Venezuela y Bolivia se empeñan hoy en una gran transformación cultural y política (práctica-educativa); esta constituye la base y plataforma permanente e indispensable para los cambios. Los logros están a la vista, también los desafíos.

Lo expuesto reafirma una hipótesis: en las condiciones actuales de Latinoamérica, la disputa político‑electoral por el gobierno nacional resulta una instancia clave para el proceso de cambios. Negarse a participar en tales contiendas, implica ‑de hecho‑, la negación de toda política, a la vez que torna un sinsentido la lucha de clases, los procesos de acumulación de fuerzas y la construcción sociopolítica toda, ya que -de antemano- se les impone a esta un límite que –por definición- no se desearía traspasar.

"…desconocer la importancia del campo político, …es una pura ilusión. En el mejor de los casos podríamos hablar de utopismo en el sentido más negativo. En el peor de los casos esto se corresponde con el proyecto neoliberal: disminuir el poder del Estado para devaluarlo a mercado y, en este proceso, despolitizar las sociedades. No podemos ignorar a los poderes políticos, ni a los partidos, para lograr las transformaciones sociales esenciales, sino: ¿cómo operar una reforma agraria?, ¿cómo impedir la realización de los tratados de Libre Comercio?, ¿cómo lograr una política petrolera sin el ejercicio de un poder político?" [Houtart 2004: 3]

El problema radica, por un lado, en cómo superar la desconfianza instalada en las mayorías populares hacia los partidos políticos, los políticos y la política, y -anudado a ello-, por otro, en cómo hacer política de un modo y con un contenido diferente al tradicional. Porque hacer política es imprescindible y fundamental, tanto para buscar alguna salida positiva a las luchas reivin­dicativo-sociales, como para el desarrollo político de sus protagonistas.

"No resulta suficiente protestar contra las injusticias. No resulta suficiente proclamar que otro mundo es posible. Se trata de transformar las situaciones y tomar decisiones efectivas. Y en ello radica la pregunta acerca del poder." [Ibídem: 1]

En esta perspectiva, la participación en parlamentos y gobiernos provinciales, estaduales y nacionales, resulta central. Lo que podría entenderse como vía electoral para realizar las transformaciones sociales, resulta hoy un camino medular para el proceso de construcción, acumulación y crecimiento de poder, conciencia, propuestas y organización política propias, en proceso de (auto)constitución de los actores sociales y políticos en sujeto popular del cambio.

Esta es una definición de fondo, estratégica y primera. Deja sentado, de inicio, que participar en elecciones, llegar a ser gobierno de un país –con todos los desafíos que ello implica-, es parte de un camino que puede contribuir enormemente a impulsar la transformación social hacia objetivos superiores. Estar en el gobierno dota a las fuerzas sociales transformadoras de un instrumento político de primer orden que, en conjunción con el protagonismo de las fuerzas sociales extraparlamentarias populares activas, puede abrir puertas para promover transformaciones mayores. Ni la participación electoral, ni el ser gobierno provincial o nacional constituyen -en esta perspectiva-, la finalidad última de la acción política.

Por un lado, esto define los métodos y el o los instrumentos a emplear, crear, etcétera. Por otro, indica la apertura de un largo proceso de cambios, que es –precisamente- lo que caracteriza las transformaciones sociales de la época actual, pues la transición a otra sociedad supone, necesariamente, la articulación de los procesos locales, nacionales y/o regionales con el tránsito global hacia un mundo diferente (y la formación del sujeto revolucionario global).

Se puede avanzar –de hecho ocurre- en el ámbito de un país, pero es necesario ir generando consensos regionales e internacionales, interarticularse con otros procesos sociotrans­for­ma­dores de similar orientación. En Latinoamérica se abren hoy grandes oportunidades para ello, dada la coincidencia histórica de gobiernos -cuando menos- críticos del sistema neoliberal global. Es una situación que emerge como resultado de la acumulación de resistencias y luchas de los pueblos, que marca el predominio de la tendencia transformadora que se abre paso en medio (a través) de la casualidad.

El desafío es, en este sentido, superar la sorpresa y poner en marcha propuestas concretas que permitan, por un lado, fortalecer y articular a las organizaciones sociales populares y, por otro, profundizar los procesos de cuestionamiento de las medidas regresivas del neoliberalismo, frenar su implementación y, allí donde sea posible, anular su vigencia. Sobre esa base, y simultáneamente, el objetivo es avanzar en la construcción de alternativas concretas, desarrollar programas de gobierno que -teniendo en cuenta la correlación de fuerzas existente y las posibilidades de modificarla favorablemente-, impulsen al máximo posible los procesos socio­trans­formadores.

Construir una amplia fuerza social de liberación, que coordine su accionar político en los ámbitos parlamentario y extraparlamentario

El desafío mayor radica en construir un amplio movimiento sociopolítico que articule las fuerzas parlamentarias y extraparlamentarias de los trabajadores y el pueblo, en oposición y disputa a las fuerzas de dominación parlamentaria y extraparlamentaria del capital (local-global). En un primer momento, esta fuerza podrá ir nucleándose mediante la confluencia de diversos actores en torno a la creciente certeza de lo que no quieren: el capitalismo. Poco a poco, se podrá ir abandonando la identidad negativa, y el anticapitalismo dará cauce -labor de formación político-cultural de las organizaciones socio­políticas mediante-, a la construcción -desde abajo- de la propuesta alternativa de superación del capitalismo, es decir, de liberación, patriótica, indo-afro-latinoamericanista y solidaria con los pueblos del mundo. En ello radica la clave revolucionaria de esta opción estratégica.

Es injustificable que la participación de la izquierda en gobiernos locales o nacionales termine aceptando o incluso promoviendo las políticas del neoliberalismo. Esto conduce a perder el sentido político estratégico transformador que tiene para la izquierda la participación gubernamental, y termina generalmente abortando el proceso social en posiciona­mientos personales. Los casos más evidentes resultan ser los de par­la­mentarios de izquierda que llegan a ser tales en nombre de movimientos sociales u organizaciones políticas de izquierda y luego -cortando todo vínculo- se dedican a hacer de la bancada un ámbito para sus ambiciones personales, un lucrativo puesto de trabajo. Y puede ocurrir lo mismo con partidos políticos de izquierda que arriban al gobierno. En tal caso, por muy buenas intenciones que se tengan, las elecciones –y la maquinaria institucional funcional al capital‑, terminarán tragándose la perspectiva de transformación social de los que participan en el gobierno. Ejemplos sobran de ello en Latinoamérica y en el mundo. Es el juego del poder, precisamente. De ahí que la adopción de esta vía constituya un desafío inmenso para las organizaciones sociales y políticas populares. En cada momento del proceso hay que optar y ratificar (o rectificar) a favor de quiénes y de qué políticas se está, y desde dónde y para quienes se gobierna. Esta es siempre una opción conciente, individual y colectiva, y para lograrla o mantenerla hay que construirla cotidianamente desde abajo.

Por eso resulta fundamental que la participación electoral se discuta, construya y desarrolle respondiendo (articulada) a un proceso político mayor traccionado por una amplia fuerza social extrapar­la­mentaria capaz de pensar, organizar e impulsar el proceso hacia transformaciones mayores, buscando ir más allá del capitalismo, conformando una alternativa nacional y –a la vez- continental, de liberación de los trabajadores y el pueblo, orientada hacia lo que en un futuro podrá llegar a ser un socialismo nuevo, creado y construido –desde abajo y día a día- colectivamente. Este es el sentido y la significación política estratégica de la construcción de un movimiento político-social, núcleo articulador –horizontal- de una amplia fuerza social parlamentaria y extrapar­la­mentaria de los trabajadores y el pueblo. Como explica Mészáros:

"Sin un desafío extraparlamentario orientado y sostenido estratégicamente, los partidos que se alternan en el gobierno pueden continuar funcionando como convenientes coartadas recíprocas al fracaso estructural del sistema para con el trabajo, confinando así efectivamente el papel del movimiento laboral a su posición de plato de segunda mesa, inconveniente pero marginable en el sistema parlamentario del capital. Por consiguiente, en relación con el terreno reproductivo material y con el político, la constitución de un movimiento de masas extraparlamentario socialista estratégicamente viable –en conjunción con las formas tradicionales de organización política del trabajo, para el presente irremisiblemente desencaminadas, que necesitan perentoriamente de la presión y el apoyo radi­ca­lizadores de las fuerzas extraparlamentarias- es una precon­di­ción vital para contrarrestar el inmenso poder extrapar­la­men­tario del capital." [2001: 849]

Pensar la transición sobre nuevas bases y premisas

►Si se acepta que el replanteo profundo del tipo de sociedad que se quiere construir implica, por un lado, una radical modificación de la concepción del desarrollo económico y del bienestar, repensados y diseñados sobre bases solidarias, equitativas y sustentables, y a la vez ‑por otro, y articulado a lo anterior‑, una radical modificación del modelo político, social y cultural hasta ahora conocido por la humanidad, junto a la creación de nuevos parámetros de bienestar y progreso basados en la participación democrática organizada y consciente de las mayorías; si se acepta que la construcción del actor colectivo del cambio social y la disputa de poder y hegemonía se desarrolla hoy a través de los procesos democrático-parlamentarios, se coincidirá entonces en que la búsqueda de nuevos paradigmas –fortalecida por los nuevos caminos y horizontes políticos que existen hoy en el continente‑, reclama repensar la transición hacia la nueva sociedad desde nuevas bases y premisas: las de la construcción del poder, los sujetos y el proyecto alternativo desde abajo, desarrollando desde el presente la participación democrática integral de la ciudadanía en todos los ámbitos de la vida social, e impulsando la transformación cultural de los pueblos hacia su (auto)constitución en sujeto revolucionario.

Ya no se trata de "una etapa" que se inicia como consecuencia de la "toma del poder"; sus tareas no consisten tampoco en construir las "bases materiales" para el socialismo, sistema económico-social que supuestamente sucederá al capitalismo en el proceso histórico. En realidad, el contenido concreto y los rumbos de dicho proceso no pueden definirse de antemano. La orientación socialista de un proceso de cambio social, puede aceptarse si se asume el socialismo como ideal de la sociedad que superará los males del capitalismo y su irracionalidad. Pero la definición concreta y las características específicas que ese socialismo tendrá en cada sociedad, serán creadas y decididas colectivamente por cada pueblo, en tanto vaya madurando como protagonista de su historia, o no lo que se construya no será realmente un empeño liberador.

Está claro que en el capitalismo no solo no habrá soluciones a los problemas sociales y ambientales, sino que estos empeorarán de modo creciente; no hay dudas de que hay que buscar caminos alternativos, como tampoco que las soluciones no vendrán mágicamente de "alguna parte" externa a nuestras prácticas y construcciones cotidianas. Hoy más que nunca antes la transformación de la sociedad se evidencia como un proceso permanente de construcción-transformación de lo nuevo (del nuevo poder), que nace y se desarrolla desde abajo y desde las entrañas de las sociedades capitalistas, y es protagonizado, en primer lugar, por los hombres y las mujeres que viven –en el campo y en la ciudad‑ de su trabajo. Son y serán ellos –transformación cultural y construcción del actor colectivo revolucionario mediante‑, los responsables de imprimir el contenido y la orientación al proceso de transformación que encarnan en cada sociedad en la medida que sean capaces de impulsarlo y construirlo. Arrebatarle esta posibilidad ‑cualquiera sea la justificación política o ideológica que para ello se enarbole‑, es traicionar la lucha por la des-enajenación de los oprimidos y discriminados, esencia y sentido de la gigantesca tarea liberadora, ya anunciada por Marx.

La superación del capitalismo, que requiere –si de terminar con sus males se trata‑, de la superación de la lógica del funcionamiento del capital, hace que la transformación social requiera –vale reiterarlo‑ de una larga transición. Esta nace en las entrañas del capital, pero no de ella, en el sentido de que no se producirá espontáneamente ni por la maduración "necesaria" de condiciones; requiere organización y acción política consciente. Se caracteriza por la construcción de poder político‑cultural desde abajo, llave y camino –a su vez‑ para la construcción del actor colectivo (fuerza social revolucionaria) del cambio, y de su organización política, impulsados por la participación democrática, y cohesionados inicialmente mediante definiciones programáticas estratégicas que orienten su caminar en el ámbito local, a la vez que contribuyen a encauzar y organizar la confluencia de estos procesos de lucha con los que tienen lugar en otros ámbitos.

Se trata de ir definiendo colectivamente un proyecto alternativo capaz de imprimirle una direccionalidad común a la diversidad de procesos de resistencias, luchas y construcciones de vías de sobrevivencia sectoriales que se desarrollan aparentemente aislados entre sí. De conjunto, esto alimenta el proceso de [auto]constitución de los actores sociopolíticos en actor colectivo del cambio (sujeto histórico), constructor de su hegemonía (su poder político, cultural y social) sobre nuevas bases, es decir, encarnando a la sociedad superadora del capitalismo y de su lógica de funcionamiento, en la medida que se la va construyendo en las prácticas alternativas del presente. [6] En este empeño, el desarrollo de la participación democrática y consciente de todos y cada uno de los actores y actoras sociales y políticos y el desarrollo de la batalla cultural que la haga posible y verdadera, es decir, desalienante, resulta elemento definitorio vital. [7]

La organización política: herramienta clave

Como he expresado, nada de esto se logra espontáneamente; se hace necesario contar con una organización política capaz de impulsar la realización de las tareas políticas necesarias, orientadas a construir –con los actores sociales y políticos- las convergencias y articulaciones necesarias y posibles en los distintos momentos del desarrollo de las disputas político-culturales con la hegemonía dominante.

El replanteamiento de las modalidades y los caminos de transformación social desde la perspectiva expresada, y la larga transición que ello demanda, reclaman una redefinición del tipo de organización política necesaria y de su papel político‑social. Es fundamental retomar y reafirmar su carácter de instrumento político de los pueblos, para organizar y potenciar su protagonismo y participación políticas orientados a la mejor concreción de los objetivos propuestos, y no como un aparato superestructural construido para suplantarlos. En la actualidad, una de la tareas centrales de ese instrumento político consiste en contribuir a la articulación y organización de los diversos actores sociales en un actor colectivo, unido en su diversidad como protagonista social y político de los cambios, entendiéndose, obviamente, como parte integrante de ese actor colectivo.

La organización política no es –vale reiterarlo‑, "el sujeto político" del cambio, sino la herramienta política de los pueblos para alcanzar los objetivos por ellos definidos. A tono con ello –junto a otras variadas razones‑, resulta cuando menos limitado pensar las alternativas organizativas circunscribiendo la política y lo político a la acción de los partidos, se consideren o no "de vanguardia".

La situación social y política que anima el continente reclama renovar las miradas y las reflexiones de los procesos sociotransformadores, sus perspectivas, los alcances de la acción política protagonizada por diversos actores sociales, la relación entre los movimientos sociales populares y los sobrevivientes partidos de izquierda. Al igual que sus actores, la acción política resulta una encadenada articulación de luchas reivindicativas políticas, sectoriales e intersectoriales. Y esto se relaciona directamente con la elaboración de propuestas alternativas, con las prácticas que las van construyendo, y con los pensamientos que reflexionan críticamente sobre ellas y las orientan.

No se trata de tomar el poder que existe

En el proceso de confrontación con el poder hegemónico dominante del capital, los sectores populares despliegan, simultáneamente, sus capacidades de construcción de poder (saber, organización, conciencia), acumulación y posicionamiento territorial de fuerzas, de cultura, de organización política y de propuestas propias. En tales procesos desarrollan sus capacidades de gestión y administración de lo propio (gobierno), van construyendo poder propio y –en la misma medida‑, lo van ejerciendo. Es decir: el poder se va tomando en la misma medida que se va construyendo; se toma lo que se construye. Se trata –para decirlo en apretada síntesis‑ de un proceso de empoderamiento colectivo y a la vez particularizado.

Desde esta dimensión, el construir poder o el tomarlo no resultan caminos antagónicos. Implica sí, un andar sinuoso y complejo, en el cual el poder se va construyendo y, en ese sentido, conquistando: ejerciendo lo que se pueda ejercer, y cambiando todo lo que sea posible: legislación, instituciones, funcionamiento y toma de decisiones, desarrollando nuevas formas y contenidos democráticos, participativos, que permitirán avanzar –colectiva y conscientemente‑ hacia lo nuevo en la misma medida en que se lo va construyendo. [8]

Esto supone la conformación de un proceso social articulado y orientado a la superación del sistema del capital basado en una (nueva) lógica alternativa propia, que también hay que ir construyendo. Requiere, por tanto, de la voluntad organizada y la participación consciente de todos los actores sociales. En primer lugar, porque su actividad cuestionadora y transformadora hace al proceso mismo y, en segundo, porque la sociedad anhelada habrá de ser diseñada y construida con la participación creativa de todo el pueblo, constituido en actor colectivo, protagonista del proceso (sujeto).

De ahí el contenido y alcance revolucionarios de la concepción que plantea transformar la sociedad y construir el (nuevo) poder, la nueva sociedad, desde abajo y desde el presente: no hay un después en cuanto a tareas, enfoques y actitudes se refiere. Lo nuevo –aunque de modo fragmentado e incipiente‑, se va gestando y construyendo desde el presente, en cada resistencia y lucha social enfrentada al capital, y se desarrolla y profundiza en todo el proceso de transformación. En él, el ejemplo ocupa el lugar pedagógico-político central. Es clave que quienes ocupan responsabilidades de dirección y liderazgo político y social no se olviden de ello: sus modos de actuar política y socialmente valen más que mil palabras.

Ocupar espacios parlamentarios y gubernamentales es –cuando menos‑ insuficiente

Vale aclarar un punto: no se trata de tomar el poder que existe, ni de limitarse a ejercerlo accediendo y ocupando sus espacios parlamentarios y gubernamentales nacionales o locales mediante elecciones; el cambio social requiere poner fin al poder del capital, a su lógica de funcionamiento, y a sus mecanismos de hegemonía y dominación. Y esto tiene posibilidades de lograrse si se va construyendo una nueva cultura, nuevos modos de interrelaciones sociales, colectivas, grupales, comunitarias, alimentando ‑sobre esa base‑ el poder propio, creado y desarrollado con la participación de todos y todas, de modo que despliegue su independencia de pensamiento y acción encaminadas a la liberación individual y colectiva.

Si se llega al poder con la misma cultura del capital, a la corta o a la larga se reproducen sus modos de funcionamiento, su lógica verticalista, autoritaria, explotadora, discriminadora, excluyente y alienante. Es vital por ello, entender que la construcción de poder propio conlleva la creación y construcción de una nueva cultura; no puede limitarse entonces a ser un "contrapoder". Es un camino de gestación de nuevos valores y relaciones, y, en tal sentido, liberador. De ahí el lugar central que ocupa en este proceso el desarrollo simultáneo y permanente de la batalla político-cultural. Esta constituye, a su vez, un complejo proceso de transformación‑creación ‑gestación‑construcción del nuevo poder popular (de los poderes populares). Y es precisamente por ello –junto a otras razones‑ que la superación del capitalismo implica un largo proceso de transición hacia lo nuevo.

Se trata de un proceso integral de transformación también integral: en lo social, económico, político, cultural, ético, jurídico, etc., todo se va transformando articuladamente marcado por la consciente actitud y actividad del actor colectivo protagonista del cambio. No se trata de diseñar (y transitar) primero una etapa dedicada a construir las bases económicas, luego otra destinada al cambio cultural… No hay etapas separadas entre sí que luego de transcurridas ‑en sucesión temporal‑, den como resultado la nueva sociedad; en lo social, el todo no es la suma de las partes, salvo dialécticamente hablando, es decir, interconectadamente, lo que habla de intercondicionamiento, interdependencia e interdefinición entre todas y cada una de ellas.

Solo por un camino integral será posible avanzar (de un modo integral), hacia una sociedad liberadora, desalienadora –que solo puede ser tal si es autodesalienadora‑, y en ese sentido formadora de nuevos hombres y nuevas mujeres, diseñadores y constructores de la utopía anhelada.

Reformas para qué y hacia dónde

Lo dicho sintetiza una diferencia fundamental respecto de la propuesta socialdemócrata, que se plantea apenas "mejorar" el capitalismo. Sus reformas no están concebidas como parte de un camino para superar el capitalismo, sino para sostenerlo aliviando sus conflictos. Consiguientemente, la socialdemocracia amolda y acomoda –en cada momento‑ sus gobiernos y sus políticas a las necesidades y dictados del capital.

Contrastando con ello, en Latinoamérica crecen con fuerza otros ejemplos que apelan –desde una perspectiva diferente‑ a caminos de reformas: Venezuela y Bolivia tienen hoy gobiernos conquistados por vía democrático electoral parlamentaria, encabezados por gobernantes que apuestan –por ese camino‑ a cambiar la sociedad. El gobierno –y el Estado‑ se manifiestan allí como instrumentos potenciadores de los cambios, demostrando que sí es posible emprender caminos de reformas para ir cambiando la sociedad, cuando estos emergen de procesos sociales desde abajo y se dirigen a modificar la raíz de los problemas.

Enfrentado a ello, el caso de Brasil marca la diferencia y vuelve a poner sobre la mesa las limitaciones de los cánones y paradigmas socialdemócratas: emplea al gobierno como un "buen" regulador–ejecutor de las relaciones del poder hegemónico‑dominante (en este caso, desde la izquierda). En menor medida, pero en el mismo grupo puede ubicarse a los gobiernos de Uruguay y Chile. Ecuador comienza a situarse en esta perspectiva, aunque sin definirse aún por un determinado tipo y camino de reformas. El caso argentino escapa igualmente al encuadre en una u otra perspectiva estratégica puesto que ‑tanto por su génesis como por sus complejas raíces históricas enlazadas con el peronismo, la izquierda y la lucha democrática antidictatorial de amplios sectores sociales‑, se plantea construir un capitalismo nacional capaz de sostener un proyecto autónomo para impulsar el desarrollo del país. Se trata, en apretado resumen, de construir un proyecto nacional que solo puede ser tal si es a la vez, regional y continental; de ahí el empeño gubernamental en apuntalar proyectos de integración desde una perspectiva latinoamericana.

No obstante las disparidades mencionadas, los diferentes gobiernos conforman un polo de desafío, freno o confrontación con el neoliberalismo, con políticas que –en ese sentido‑ convergen –en mayor o menor medida según el país de que se trate‑, con los intereses populares. Este y otros puntos de interés común propician un ambiente de opinión favorable a los cambios hacia sociedades basadas en justicia, solidaridad y equidad social, de género, de etnias, buscando eliminar la discriminación y los males sociales históricos y recientes, entre ellos, el desempleo y su interminable secuela de miserias y tragedias individuales y sociales. Y todo ello ubica a los actuales gobiernos populares hacia o en caminos de transición hacia otro tipo de sociedades y hacia otra Latinoamérica, se lo propongan expresamente así o no sus actuales "progenitores" políticos. Comprender las posibilidades de despegue que encierra o abre esta realidad –con los bemoles que la diversidad impone en cada caso‑, es entender el sentido del momento histórico y llama a prepararse y preparar a los jóvenes para que sean capaces de continuar, profundizar o reorientar lo empezado cuando sea el momento.

Abril de 2007


Bibliografía

Amín, Samir. 1999. Miradas a un medio siglo. 1945‑1990. Plural-Iepala, La Paz.

Gramsci, Antonio. 2001. Cuadernos de la cárcel. Edición crítica completa a cargo de Valentino Gerratana. Ediciones ERA-Universidad Autónoma de Puebla, México.

Houtart, François. 2003. "Convergencia de movimientos sociales: un ensayo de análisis", texto presentado a la Conferencia Internacional "La obra de Carlos Marx y los desafíos para el Siglo XXI", La Habana.

Marx, Carlos y Engels, Federico. La ideología alemana. Obras Escogidas en tres Tomos, Tomo I, Editorial Progreso, Moscú (1976).

Mészáros, István, La teoría de la enajenación en Marx, Ediciones Era, México, 1978.

‑‑‑‑‑‑ Más allá del capital, Vadell Hermanos Editores, Caracas, 2001.

Rauber, Isabel. 2006. Sujetos Políticos. Desde Abajo, Bogotá.

‑‑‑‑‑‑2005. "Movimientos sociales, género y alternativas populares en Latinoamérica y El Caribe", publicado en Itinéraires No, 77, IUED, Ginebra.

‑‑‑‑‑‑2004. Movimientos sociales y representación política. Articulaciones. Ciencias Sociales, La Habana. ‑‑‑‑ ‑‑2004. "Caminos de la transformación, pensarlos y construirlos desde abajo", artículo. Archivo de Pasado y Presente XXI. ‑‑‑‑‑‑1997. Actores sociales, luchas reivindicativas y política popular, Ediciones UMA, Buenos Aires.



[1] Con la clase obrera madura políticamente en su conciencia de clase, es decir, consciente de su misión histórica liberadora, la revolución socialista solo tendría que poner la cabeza encima de los pies: echar a los capitalistas y poner las empresas en mano de los productores y, sobre esa base, construir el Estado y el gobierno revolucionarios. Este era –en apretada síntesis‑ el sentido de la transición socialista; de ahí en adelante, se abriría un marcado proceso de revolución ininterrumpida hacia el comunismo. En este período, luego de la superación de los intereses particulares capitalistas, se avanzaría en la negación de los intereses particulares de la clase obrera como clase hegemónica. Junto con ello, se hacía cada vez más innecesario el Estado y todo su aparato administrativo, de control y coerción social.

[2] "…dos premisas prácticas. Para que se convierta en un poder 'insoportable', es decir, en un poder contra el que hay que hacer la revolución, es necesario que [el capitalismo] engendre a una masa de la humanidad como absolutamente 'desposeída' y, a la par con ello, … un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas …constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella solo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior…" [Marx, Carlos y Engels, Federico. 1976:34]

Estas reflexiones obligan hoy a una doble lectura: linealmente no pueden aceptarse, pero resulta también importante tomar en cuenta las advertencias de Marx acerca de la escasez, y la imposibilidad de avanzar –en medio de tales condiciones‑ al socialismo y al comunismo. Como él lo señalara: las miserias acarrean miserias, egoísmos, individualismo, etcétera .

[3] Era práctica común de ese tipo de partidos cuidar el origen obrero de sus miembros para que éste fuera mayoritario en sus filas. Pero ello no garantizó tener partidos proletarios. Esto no podía lograrse con medidas cuantitativas (administrativas), sosteniendo a la vez, la concepción piramidal de la organización, por lo que –en los hechos‑, funcionalmente, en la ideología y la política de tales partidos poco influyó el origen de clase de sus integrantes.

[4] La dependencia estructural de los países del Sur, periféricos o del tercer mundo, generada por el saqueo de los del llamado primer mundo, el agotamiento de los recursos naturales, los males sociales como el hambre, el analfabetismo y las enfermedades curables, son calamidades generadas por el desarrollo capitalista a ultranza, que hoy hay que enfrentar y resolver, rediseñando un universo humano natural donde ‑derrotando la ambición salvaje de los grandes capitales transnacionales, el guerrerismo imperialista que pretende sobrevivir a costa de la anexión de territorios y recursos naturales‑, predomine el equilibro, la equidad, la ética, la paz y seguridad colectiva, y el pluralismo democrático. Hacia estos objetivos hay que caminar, es este el rumbo de las transformaciones actuales en tránsito a lo que en el futuro será una nueva civilización humana.

[5] Ello implica el desarrollo yuxtapuesto, simultáneo y articulado de procesos de transformación de la sociedad, de sus modos de producción y reproducción, de transformación-autotransformación de los hombres y las mujeres que realizan esas transformaciones, y de las interrelaciones sociales (públicas y privadas) entre ellos establecidas.

[6] La maduración de este proceso, el momento en el que se producirá una fuerza tal que sea capaz de enrumbar esa transformación más abarcadora del todo social, si bien constituye el objetivo estratégico de ese poder popular, no puede definirse a priori ni será el mismo para todas y cada una de las sociedades y los momento históricos.

[7] El cambio social no se logra automáticamente cambiando las relaciones de propiedad, las estructuras, las leyes y las instituciones; es fundamental partir del cambio de los seres humanos que la integran; de ahí la que sea imprescindible enfocar el proceso sociotransformador en su integralidad y profundidad multidimensional.

[8] Lejos de ser el centro de la transformación social, el poder político es uno de sus instrumentos. Centrar la discusión en la interrogante acerca de si el poder se toma o se construye, es empobrecer el pensamiento y podar las alas de las voluntades de quienes luchan y construyen inspirados en la posibilidad de concretar los sueños de un mañana diferente. Entre los movimientos sociales y políticos del continente, las posiciones respecto al tema del poder y la transformación social se han polarizado, entre otros factores, por la influencia del pensamiento dogmático en sectores del campo político e intelectual de la izquierda latinoamericana, que resulta todavía mantienen todavía predominante en la cultura política del conjunto militante. Este pensamiento ha identificado e identifica la posibilidad de transformar la sociedad con la "toma del poder", y contraponen esto a la búsqueda práctica concreta de los movimientos sociales que apuntan –desde sus lugares cotidianos de resistencia y lucha‑, a transformar la sociedad en proceso de construcción y deconstrucción permanente de poder, conciencia, organización y cultura. Esta contraposición actúa como una barrera que bloquea las capacidades para re-conocer la realidad social compleja y diversa, mestiza y multifacética de hoy, para pensar y actuar a partir de ella, junto a la reflexión y re-apropiación crítica de las experiencias de las luchas por la liberación que tuvieron lugar en nuestro continente y aquellas que emanan del socialismo que existió en el siglo XX.

lunes 16 de abril de 2007

Brasil: Héroes y víctimas de la antireforma agraria


Tomás Balduino

ALAI AMLATINA, 11/04/2007, Sao Paulo.- Les presento un pequeño héroe: se llama Eduardo Sousa Pereira Júnior. Tiene 9 años. Desde los tres meses de edad hasta hoy vive con su padre, Eduardo, y su madre, Maria Aparecida, en el campamento "Gurita", en el municipio de Jataí, Goiás (Brasil), bajo la lona negra, entre la cerca del latifundio y la autopista, a la espera de la tierra, junto a otras familias. Vio y oyó muchas cosas. Desde las amenazadoras visitas de la policía y de los malhechores, hasta los insultos provenientes de los carros en tránsito. Vive la dureza inenarrable del día a día. Esta es su infancia. Además es el polvo, el sereno, la tos. Eduardo es un pequeño antihéroe de la antireforma agraria.

Hay también el personal de la caña. Según una indagación de la Delegación Regional del Trabajo (DRT) de São Paulo, murieron, en este Estado, 416 trabajadores rurales en 2005 en el sector azucarero-alcohol. Es preocupante la incidencia del agotamiento y de los calambres entre las causas de algunas muertes, siendo que el más viejo tenía 55 años. Estos y otros son héroes y víctimas de la actual política agraria.

¿Estaría, entonces, en curso una antireforma agraria en nuestro país?

Hay dos datos que van en esta dirección: en primero lugar el no cumplimiento de la constitucional "función social de la propiedad". En segundo lugar la nueva mega-política energética gubernamental del agro-combustible.

La constitución brasileña de 1988 produjo una joya de las más luminosas, digna de esta "Carta ciudadana", a saber, la "función social de la propiedad". Y esto figura en el título fundacional de los "Derechos y Garantías Fundamentales", donde, en el ítem XXIII se dice: "la propiedad responderá a su función social". Estamos, de hecho, ante una innovación jurídica copernicana. En la Carta de Ribeirão Preto, los miembros del Ministerio Público Provincial y Federal, en el seminario sobre "El Medioambiente y Reforma Agraria", del 13 de diciembre de 1999, respecto de esta preciosidad constitucional, con admirable solidez jurídica declaran lo siguiente: "La función social define el derecho de propiedad. La función social no es una limitación del uso de la propiedad, ella es el elemento esencial interno que sustenta la definición de la propiedad. La función social es elemento del contenido del derecho de propiedad". Es el fin, por tanto, del nefasto derecho absoluto de la propiedad privada.

La Constitución asumió un mecanismo de garantía de esta función social y también del establecimiento del ordenamiento agrario. Se trata de la "expropiación por interés social, para fines de reforma agraria, del predio rural que no esté cumpliendo su función social" (Art. 184). Pero, desgraciadamente, a lo que asistimos es al abandono de la tierra por parte del poder Ejecutivo ante la voracidad de la privatización nacional y extranjera. Incluso ante la presión para revisar los índices de productividad para cumplir el tímido plan de reforma agraria, el Gobierno prefiere comprar la tierra antes que dar paso a la expropiación. Y el poder judicial, salvo honrosas excepciones, no hace otra cosa que garantizar la defensa del latifundio a través de una industria de providencias contra las expropiaciones y la condena de los líderes de los movimientos sociales. En 2006 fueron desalojadas de la tierra 19.449 familias.

El 80% de las expropiaciones realizadas en los últimos 10 años fue obtenido gracias a las ocupaciones de tierra por las organizaciones campesinas. Sin esto, la figura de la expropiación ya sería letra muerta. Sin embargo, la bancada rural del Congreso, ciegamente apegada al latifundio, ya anda articulando, soterradamente, la criminalización de la ocupación de tierra como terrorismo y, por tanto, como "crimen
perverso".

La omisión de la garantía de la función social de la propiedad mediante la expropiación viola abiertamente la Carta Magna de manera fundamental. ¿Esta fractura de la función social no tipifica un crimen de responsabilidad del Estado?

La reforma agraria, siempre abundante en el discurso demagógico gubernamental y escasa en la práctica, hoy desapareció hasta del discurso. Los cálculos, todavía no divulgados, estiman que en 2006 han sido asentadas tan sólo cerca de 40 mil nuevas familias. Como los recursos presupuestados para 2007 son prácticamente los mismos irrisorios de 2006, no se puede esperar ningún avance significativo en términos de nuevos asentamientos de reforma agraria. Es la práctica descarada de la antireforma agraria.

¿Y el "agro-combustible"? Aquí, al contrario, el dinero corre suelto, comenzando con el perdón de miles de millones a las usinas. En uno de los períodos más lucrativos para las usinas de caña de azúcar en el país, el Banco do Brasil concedió al sector un perdón de deudas superior a mil millones de reales (más de 450 millones de dólares), según documentos obtenidos y publicados por la Folha de São Paulo.

Ahora, con las alianzas con el gran capital internacional, sobre todo el estadounidense, en razón del agro-negocio de la energía llamada "limpia", el ritmo de implantaciones de usinas de etanol en el país, con los respectivos cañaverales, es en promedio de una al mes hasta el 2010. Es grande, consecuentemente, el desplazamiento hacia la tierra, sobre todo la tierra con manantiales, por parte de empresas nacionales y extranjeras. Nunca la tierra estuvo tan valorizada. ¿Cómo queda, entonces, la reforma agraria que venía implementándose bajo la fórmula de la compra de la tierra y con escasos recursos? ¿Cómo queda la soberanía territorial?

Asimismo, surge la cuestión de la soberanía alimentaria. Se trata del derecho de acceso a la tierra, al territorio, a las semillas; se trata del derecho a alimentarse de acuerdo con la propia cultura. En efecto, la propuesta, incluso tentadora, de incorporar la agricultura familiar en ese gran proyecto del etanol con la expectativa de la diversificación de la cultura, está resultando, al contrario, en la pérdida de la pequeña propiedad incorporada al latifundio de la caña bajo la forma de alquiler pagado anticipadamente. Este dinero se gasta y, luego, la familia no consigue recuperar su tierra arrasada por el monocultivo. En esto hasta los quilombolas (asentamientos afros) y los indios están sucumbiendo. Mañana no faltarán tanques llenos a expensas de barrigas vacías.

Mucho se pregona la multiplicación del empleo. Hay, de hecho, una carrera en desbandada hacia los cañaverales, semejante a la que va en busca de minas. Muchas escuelas del Nordeste se cerraron porque los alumnos migraron al corte de caña. Gente de toda procedencia, de la ciudad y también del campo, ocupantes, pequeños productores, hasta asentados. El trabajo existe, sí, pero con un cuadro sombrío por delante. El trabajador, estimulado a competir con las máquinas, trata a veces de cortar de 12 a 20 toneladas de caña por día. Pero las máquinas, temidas por los cortadores de caña, están llegando para quedarse. Finalmente, ni trabajo, ni tierra, ni reforma agraria. Queda la antireforma agraria.

Felizmente las organizaciones sociales están ahora reaccionando, después de un tiempo de parálisis, ante la expectativa del sueño de cambios a partir del Gobierno. Es hora, pues, de la reforma que nos restituya un Estado estructurado para cumplir su verdadera razón de ser, al servicio del pueblo, en lugar del Estado que está ahí, al servicio del empresariado capitalista. (Traducción ALAI)

- Mons. Tomás Balduino es Consejero Permanente de la Comisión Pastoral de la Tierra y Obispo-emérito de la Ciudad de Goiás.

domingo 15 de abril de 2007

A Alca, o livre comércio e o futuro da América do Sul


César Benjamin
www.outrobrasil.net


1. A dependência externa e a hegemonia do capital financeiro se expressam, no campo do pensamento, em duas características marcantes: a incapacidade de definir uma agenda própria de desenvolvimento e a tirania das questões de curto prazo. As sociedades que se submetem por muito tempo a essas condições perdem a capacidade de reconhecer seus próprios problemas e suas próprias potencialidades. Abandonam a idéia de definir um projeto próprio. Passam a gravitar em torno de temas artificiais e importados. No caso do Brasil, bom exemplo é o intenso debate em torno da criação da Área de Livre Comércio das Américas (Alca), mais uma entre tantas imposições de fora para dentro.

Surgida a partir de uma decisão e de uma proposta do Estado norte-americano, a Alca - se vier a existir - permitirá o livre fluxo de mercadorias, serviços e capitais dentro do espaço hemisférico. É o nosso assunto do mês. Pela natureza deste texto, e pelo fato de realizarmos, no âmbito do LPP, um acompanhamento detalhado da evolução das negociações (acompanhamento publicado mensalmente nesta página), faremos uma abordagem geral da questão, tentando entender os problemas de fundo nela envolvidos e evitando descrever passo a passo os caminhos, bastante erráticos, das negociações em curso.

2. A proposta original dos Estados Unidos para a Alca - proposta que enfrenta dificuldades, mas não foi abandonada - era muito abrangente.

As tarifas de importação seriam drasticamente reduzidas e, no limite, depois de esgotado um prazo, abolidas; nenhum país poderia proteger sua indústria, que passaria a ficar exposta à competição continental, independentemente das condições reais de competitividade.

Todas as compras governamentais - não só dos governos nacionais, mas também dos estaduais e municipais - teriam de ser feitas por meio de licitações oferecidas, em igualdade de condições, a empresas nacionais e estrangeiras (oriundas dos países que aderissem ao tratado), ficando proibidas a incorporação, nesses contratos, de cláusulas que fixassem obrigações adicionais aos investidores.

As áreas de saúde, educação e previdência, entre outras, seriam consideradas serviços comuns, ficando também abertas ao controle externo; em vez de serem espaços de cidadania, regulados por políticas públicas, passariam a ser, cada vez mais, espaços mercantis.

A legislação sobre propriedade intelectual, copyright, patentes, segredos comerciais e marcas seria mais restritiva que a da Organização Mundial do Comércio (OMC), tendo como modelo a própria legislação dos Estados Unidos.

Quanto aos investimentos, os governos seriam proibidos de definir políticas que favorecessem os investidores nacionais, mesmo que fosse apenas para compensá-los por deficiências estruturais ou de natureza sistêmica (tributação excessiva, infra-estrutura deficiente, etc); a definição de investimento seria a mais ampla possível, de modo a incluir todas as formas de ativos: ações, concessões, contratos, títulos de dívida, etc.

Investidores privados passariam a desfrutar de um estatuto legal antes reservado apenas a Estados nacionais; o investidor de um país membro da Alca teria direito de recorrer a uma arbitragem internacional (no âmbito do Banco Mundial, por exemplo) para questionar decisões de um Estado, que assim aceitaria ser julgado por uma Corte situada fora de seu espaço de soberania.

O poder regulatório dos Estados seria praticamente reduzido a zero, com o correspondente aumento da margem de manobra de empresas multinacionais.

Os governos seriam proibidos de estabelecer critérios (por exemplo, usar um mínimo de fatores de produção locais), compromissos (por exemplo, de transferência de tecnologia) ou requisitos de desempenho (por exemplo, metas de exportação) para investidores de outros países membros; também seria proibido definir qualquer tipo de preferência para bens produzidos no próprio país.

A circulação de capital seria liberada: os investidores teriam o direito de transferir recursos para dentro ou para fora de qualquer país da Alca sem restrições, seguindo as taxas de câmbio do mercado; isso significaria garantir, por tratado internacional, livre fluxo de divisas e conversibilidade plena das moedas.

3. Para conduzir negociações tão amplas, o Congresso dos Estados Unidos, paradoxalmente, concedeu um mandato muito restrito ao Executivo daquele país: nos termos da resolução em vigor (chamada Trade Promotion Authority, ou TPA), só são negociáveis no contexto da Alca os temas que interessam aos Estados Unidos, remetendo-se para o âmbito da Organização Mundial do Comércio todos os demais (legislação anti-dumping, agricultura, etc.). Isso despertou, desde logo, sérias dúvidas quanto à possibilidade de um acordo, pois o Estado norte-americano nunca emitiu uma sinalização clara de que aceitaria abrir seu mercado doméstico nos setores em que sua competitividade é menor.

Na verdade, a iniciativa da Alca veio acompanhada, nos últimos anos, de um aumento do protecionismo, especialmente dirigido àqueles setores (aço, têxteis, calçados, suco de laranja, açúcar) em que o Brasil é mais competitivo. Pode ser coincidência, mas também pode ser uma estratégia de negociação.

O paradoxo das pressões norte-americanas sobre o Brasil, na direção do livre comércio, fica claro quando se sabe que o grupo dos quinze principais produtos exportados pelo Brasil paga tarifa de importação de 45,6% (média ponderada) para entrar nos Estados Unidos. Inversamente, os quinze produtos mais exportados pelos Estados Unidos pagam 14,3% no Brasil. Além disso, há toda sorte de barreiras não tarifárias - sanitárias e técnicas, que incluem condições de licenciamento de produtos, embalagem, ingredientes utilizados, rotulagem, etc - de identificação bastante complexa e sujeitas a regras pouco objetivas. Por fim, há os mecanismos específicos de defesa comercial. Coerentes com uma longa história prévia, em que prevaleceu o protecionismo, os Estados Unidos são um péssimo exemplo quando se trata de liberdade comercial e abertura de mercados.

4. Embora sempre esboçando resistências, o Brasil, nos últimos anos, foi sendo enredado em um processo de negociação que durante muito tempo seguiu a agenda e o cronograma definidos pelos Estados Unidos. Com a posse do novo governo, em janeiro de 2003, o Ministério das Relações Exteriores, sob a chefia de Celso Amorim, adotou uma política negociadora mais dura, que no limite admite a possibilidade de que o acordo não seja assinado, ou então seja substancialmente desidratado, com a formação daquilo que se passou a chamar de "Alca light": haveria um tratado geral minimalista, que poderia ser complementado por acordos bilaterais entre países. Ao mesmo tempo, Antônio Palocci (Fazenda), Roberto Rodrigues (Agricultura), Luís Fernando Furlan (Desenvolvimento) e Henrique Meirelles (Banco Central) defendem uma negociação "construtiva", que conduza efetivamente à formação da Alca, buscando-se obter concessões norte-americanas setor a setor. Nosso governo está, pois, dividido nessa questão.

5. Como pano de fundo da negociação em curso, há sinais crescentes - e preocupantes - de que o Brasil parece estar conformado com a atual divisão internacional do trabalho, concentrando seus esforços em extrair maiores vantagens de sua condição de exportador de produtos primários. Isso se reflete em declarações reiteradas do presidente Lula, que apontam numa mesma direção. Ouçamos o que ele disse logo depois da reunião da OMC em Cancún: "Em nenhum momento estamos pedindo qualquer benefício ou privilégio. O que estamos pedindo é que os países desenvolvidos façam uma política de comércio exterior em que sejamos tratados com igualdade. Nós queremos apenas a oportunidade de competir livremente."

Lula tem-se apresentado no cenário internacional como o campeão do "verdadeiro" livre comércio, combatendo a hipocrisia dos países ricos, que dizem defender essa causa, mas não a praticam. É aí que mora o perigo. Pois, se o Brasil, como diz Lula, quer "competir livremente" com os Estados Unidos, é forçoso reconhecer que a adesão à Alca - uma Alca talvez modificada, em relação à indecente proposta norte-americana original - permanece sendo uma ameaça real. Ao contrário do que muitas vezes se dá a entender, a posição de Lula não é incompatível com os interesses fundamentais dos Estados Unidos. Sobre isso, Armando Boito escreveu: "A política de Lula colide com os interesses dos produtores rurais estadunidenses, com os do comércio de produtos agrícolas daquele país e com um setor do Estado que entende ser importante uma política de autonomia agrícola por razões de segurança nacional. (...) Porém, o setor mais reacionário da burguesia estadunidense, o grande capital financeiro, não parece apoiar a política protecionista, pelo menos na sua forma e no seu radicalismo atuais. O capital financeiro quer que o Brasil obtenha divisas para continuar pagando, em moeda forte, os juros da dívida. (...) [Por isso,] The Wall Street Journal aplaudiu, em editorial, a pressão do governo Lula contra os subsídios agrícolas que 'desnaturam o livre comércio'."

O tema merece, como se vê, uma reflexão cuidadosa.

6. Os fundamentos da posição defensora do livre comércio são bem conhecidos: ele seria o caminho para a prosperidade coletiva. Em um ambiente de ampla exposição à concorrência, as vantagens competitivas se distribuiriam de acordo com as potencialidades específicas de cada país. Com o tempo, cada um encontraria o lugar que lhe permitiria a inserção mais vantajosa (comumente identificada com a sua dotação de fatores de produção) no comércio global, e a soma das inserções mais vantajosas para cada um representaria a situação mais vantajosa para todos. Para construí-la, ainda segundo essa visão, é preciso maximizar o potencial dos fluxos de comércio, e a melhor forma de fazer isso é eliminar todas as barreiras que protegem ineficiências ou reproduzem situações de relativo isolamento. Políticas específicas de proteção, indução ao desenvolvimento e industrialização passam a ser condenadas.

As origens históricas dessa posição também são bem conhecidas. Realizada a Revolução Industrial, a economia política inglesa foi dominada pela idéia de que a agricultura tenderia a operar com rendimentos decrescentes, pela incorporação de terras piores, o que conduziria toda a economia, no limite, a um estado estacionário, com concentração do excedente nas mãos dos detentores da renda da terra. Para que a Inglaterra escapasse desse destino - que, segundo se imaginava, provocaria o colapso de sua indústria -, o Parlamento inglês, sob influência de David Ricardo, adotou nas primeiras décadas do século XIX o princípio do livre comércio, que na prática significava a abertura do país à importação de bens agrícolas, os únicos produzidos pelos demais países. Estabeleceram-se assim as bases de uma divisão internacional do trabalho em que a Inglaterra se especializava em bens industriais e um enorme conjunto de países se especializava em bens primários. Para impedir que esses países repudiassem o arranjo, a potência defensora do livre comércio construiu o maior império até então conhecido, de modo a garantir, pela força, que os espaços agrícolas permanecessem sob controle do centro. O livre comércio, desde então, tem sido freqüentemente uma imposição dos impérios.

Hegemônica na Inglaterra, essa visão nunca foi unânime na economia política, na Europa ou fora dela, nem mesmo no século XIX. Basta lembrar que o principal livro de Friedrich List, pai da moderna economia alemã, chama-se Sistema nacional de economia, e que os Estados Unidos adotaram políticas fortemente protecionistas durante todo a sua longa fase de desenvolvimento industrial. Eis o que dizia Abraham Lincoln: "Não sei muito a respeito de tarifas no comércio exterior, mas sei isto: quando compramos produtos fabricados lá fora, ficamos com os produtos e os estrangeiros ficam com o dinheiro. Quando compramos produtos fabricados dentro do nosso país, ficamos com os produtos e com o dinheiro."

A questão de fundo é simples: o livre comércio fortalece e aprofunda a divisão internacional do trabalho existente em cada momento. Por isso, ao longo da história, os países que ocupam o centro do sistema-mundo (Inglaterra no século XIX, Estados Unidos no século XX) defendem essa prática, enquanto os países retardatários e periféricos (Estados Unidos do século XIX, países asiáticos e latino-americanos no século XX) procuram formas de defender-se de uma exposição em campo aberto, que lhes impediria de desenvolver sua própria base produtiva. Estes últimos países precisam selecionar os influxos que lhes chegam do centro do sistema, de modo a compatibilizá-los com o conjunto de exigências e necessidades de suas próprias sociedades nacionais. Se não fizerem isso, não conseguem definir projetos próprios e ficam cada vez mais para trás.

7. A reflexão sobre comércio internacional e mecanismos de proteção foi substancialmente aperfeiçoada, na América Latina, pelos trabalhos de Raúl Prebisch. Seu principal argumento pode ser assim sintetizado: o comércio exterior de países periféricos apresenta forte assimetria, com exportações concentradas em bens primários e de baixo valor agregado, e importações de bens e serviços mais intensivos em capital, técnica e conhecimento. A dinâmica desses dois subconjuntos é muito diferente. Pois, na medida em que a renda das sociedades cresce, diminui a participação relativa do primeiro subconjunto de bens (elasticidade-renda menor do que 1), seja pela menor utilização de matérias-primas nos produtos finais, seja pela descoberta de novos materiais sintéticos, seja pelo aumento relativo da participação dos bens industriais e dos serviços na cesta de consumo das populações. O inverso também é verdadeiro: os países ricos produzem, em maior proporção, os bens cuja demanda cresce mais do que o crescimento da renda (elasticidade-renda maior do que 1). Qualquer debate sério sobre comércio internacional deve partir da constatação dessa assimetria. Por causa dela, políticas de proteção aplicadas no centro e na periferia do sistema têm conseqüências bem diferentes.

A proteção dos mercados dos países centrais, quando atinge os produtos ofertados pela periferia, retarda o crescimento e aumenta a vulnerabilidade dos países periféricos, reduzindo assim sua capacidade de contribuir para o crescimento do comércio mundial, visto como um todo. A proteção seletiva dos mercados dos países periféricos, ao contrário, ao atuar no sentido de corrigir as diferenças de elasticidades-renda, ajuda a maximizar o comércio mundial. Pois, por definição, os países periféricos em via de modernização continuarão necessitando importar no limite de suas possibilidades, e por isso farão sempre o maior esforço exportador que esteja ao seu alcance. A proteção seletiva de seus mercados permitirá diminuir sua vulnerabilidade externa, tornando mais completa a sua base produtiva e maior a sua renda interna, sem diminuir (e até aumentando) o volume de suas importações. Esse tipo de proteção alterará apenas a composição dessas importações, concentrando-as naqueles produtos que os países pobres não têm condições de produzir.

Como se vê, Raúl Prebish desmontou o argumento liberal em seus próprios termos, pois a adoção de níveis adequados de proteção pelos países periféricos, ao aumentar sua renda sem diminuir sua propensão global a importar, maximiza - ao contrário de minimizar - o potencial do comércio mundial. Por isso, ele dizia, "a confiança do GATT [hoje Organização Mundial do Comércio] no livre jogo das forças de mercado e a proposta, dela decorrente, de reduzir igualmente as tarifas só seria correta se se aplicasse a países com estruturas econômicas homogêneas." Ou seja: quando o centro se abre para receber exportações da periferia, a periferia responde aumentando suas importações oriundas do próprio centro. Quando a periferia se abre da mesma maneira, a recíproca não é verdadeira. Neste caso, o déficit externo dos países periféricos tende a agravar-se rapidamente, forçando-os a aumentar seu endividamento (e sua fragilidade) ou a reduzir suas importações.

Portanto, além de não ser justo, não é economicamente eficiente submeter às mesmas regras comerciais países que apresentam estruturas muito diferentes. Num sistema internacional marcado por forte heterogeneidade, a maximização do livre comércio não coincide com a maximização do comércio. Para obter esta última, que é desejável, é preciso reconhecer o fato histórico de que as trajetórias de desenvolvimento, entre países e entre regiões, são desiguais.

8. Também ao contrário do que diz o argumento liberal, o processo de industrialização dos países retardatários nunca reforçou nenhuma tendência ao seu isolamento e ao conseqüente enfraquecimento das trocas internacionais. No caso brasileiro, isso fica nítido quando se observam, no auge desse processo, a imensa afluência de capital e de populações estrangeiras em direção ao nosso território, bem como o incremento e a diversificação do nosso comércio externo. A industrialização não reduz, mas aumenta, a necessidade de importar. Na medida em que ela avança, o estrangulamento externo é sucessivamente reposto, e mesmo agravado, pela necessidade de comprar no exterior máquinas, equipamentos, peças, insumos, etc., exigindo que se aumente, em paralelo, a capacidade de exportar.

Por fim, esse processo tampouco produz uma tendência à ineficiência sistêmica. Como regra geral, qualquer empreendimento industrial começa a funcionar em escala inferior à sua escala ótima. Isso é ainda mais nítido no ambiente de economias periféricas. Por isso, numa primeira fase, que pode ser mais ou menos longa, a mera comparação de custos de bens nacionais com bens importados similares freqüentemente mostra resultados desfavoráveis à produção local. Mas o fato de os custos internos serem mais altos que os preços de importação não implica que essa indústria seja antieconômica para o país. Não tem sentido comparar isoladamente custos industriais internos com preços de importação (por esse critério, nenhum país retardatário deveria industrializar-se). O relevante é comparar o aumento da renda nacional decorrente da expansão industrial com o que teria sido obtido se os mesmos recursos tivessem sido investidos nas atividades exportadoras necessárias para sustentar as importações dos bens que passaram a ser produzidos internamente. É esse critério - o critério econômico por excelência - que mostra a racionalidade do esforço de industrialização e a necessidade de protegê-lo.

Por tudo isso, ao apresentar-se como o campeão do "verdadeiro livre comércio", o presidente Lula, um pouco por deslumbramento, um pouco por ignorância, um pouco por irresponsabilidade, rompe com a melhor tradição do pensamento econômico latino-americano e adere ao discurso tradicionalmente hegemônico nos países centrais.

9. Voltemos à Alca. Muitos dizem que não podemos ser contra ela porque não sabemos como será. As negociações estão em curso. No artigo "Como será a Alca", escrito para a Agência Cartamaior, o embaixador Samuel Pinheiro Guimarães, secretário-geral do Itamaraty, refutou com muita clareza esse argumento. "A Alca", diz Samuel, "terá de ser muito semelhante ao Nafta, acordo de livre comércio que engloba os Estados Unidos, o Canadá e o México. (...) Terá de ser compatível com o disposto no artigo XXIV do GATT-94, acordo que faz parte da OMC e que estabelece as condições para o reconhecimento da Alca pela OMC e por seus membros." Para ser compatível com a legislação internacional, a Alca acarretaria a eliminação de todas as barreiras a, no mínimo, 85% do comércio hemisférico, medido em valor, no prazo de até dez anos. Além disso, como vimos, os Estados Unidos desejam que a Alca, a exemplo do Nafta, inclua um conjunto enorme de outros fluxos, além das mercadorias, de modo que "o eventual acordo terá de ser compatível [também nesses temas] com as normas da OMC". Mas não teria sentido fazer a Alca para apenas reproduzir nela as normas da OMC, que já estão em vigor. Por isso, os Estados Unidos, coerentemente, insistem em obter o que chamam de normas "OMC-plus", ainda mais favoráveis aos interesses das suas empresas multinacionais.

O mesmo raciocínio se aplica às comparações entre Alca e Nafta: a Alca, diz Samuel, só terá sentido se incluir normas "Nafta-plus": "As normas do Nafta já se aplicam às relações econômicas entre os três países que constituem em conjunto cerca de 88% do PIB das Américas (...). As dificuldades para a aprovação do Nafta pelo Congresso norte-americano em 1994; as críticas de certos setores da sociedade norte-americana à sua implementação; a aprovação por apenas um voto, na Câmara dos Deputados, da Trade Promotion Authority (TPA); a firme negativa norte-americana em negociar o que chamam de leis de defesa comercial (anti-dumping, anti-subsídios, salvaguardas); a recente legislação norte-americana que concede amplos subsídios de proteção à produção e à exportação agrícola; e a lista de 300 produtos 'sensíveis' - tudo isso revela com clareza as dificuldades, para os próprios Estados Unidos, de negociar e aprovar qualquer esquema que se afaste das linhas gerais do Nafta. Por outro lado, seria difícil aos Estados Unidos, principal membro do Nafta, conceder ao Brasil tratamento mais favorável do que aquele que concedeu, nos mesmos casos, ao Canadá e ao México. (...) A Alca será como o Nafta. Naquilo que for diferente, será diferente para ser mais favorável aos Estados Unidos."

10. Trata-se de uma má notícia. Pois a experiência do Nafta é passível de muitos questionamentos. Artigo recente da economista indiana Jayat Gosh mostra que a uniformização de normas e a eliminação de barreiras resultaram em maior controle da economia mexicana pelas corporações norte- americanas, com a multiplicação das chamadas indústrias "maquiladoras", que só realizam em território mexicano as últimas etapas do processo produtivo, etapas que agregam menos valor e utilizam mão-de-obra barata. Também para a agricultura mexicana, a mais frágil desse acordo regional, os impactos foram desastrosos. As estatísticas oficiais mostram que houve aumento da concentração fundiária, falência de pequenos e médios produtores, explosão de desemprego no campo (com 6 milhões de postos de trabalho a menos), aumento do êxodo para as cidades e das migrações para o exterior. A agricultura mexicana ficou totalmente submetida ao agronegócio dos Estados Unidos. Em 1992, o México importava US$ 790 milhões em alimentos. Em 1999, cinco anos depois de inaugurado o Nafta, importava US$ 8 bilhões, inclusive produtos que antes exportava, como arroz, batata e algodão. Hoje, importa dos Estados Unidos 50% do que consome. A "livre competição" com uma agricultura que goza de altos subsídios e tem uma base técnica mais avançada foi fatal.

11. Se a Alca será como o Nafta, tampouco procedem comparações com a experiência da União Européia. Para compreender a natureza da Alca, é instrutivo ressaltar essas diferenças.

(a) A União Européia começou a nascer depois da Segunda Guerra Mundial, com a formação da Comunidade do Carvão e do Aço, uma iniciativa conjunta de países europeus para reconstruir suas siderurgias e seus sistemas energéticos destruídos pelo grande conflito bélico. Depois, na década de 1960, essa iniciativa se desdobrou no Mercado Comum Europeu. Realizando inúmeros estudos e passos intermediários, a integração européia foi progredindo lentamente, sendo testada e avaliada, até chegar recentemente à forma atual. O processo levou cerca de 50 anos. Os Estados Unidos querem inaugurar a Alca em 2005, sem nenhum passo intermediário.

(b) A União Européia integrou parceiros que mantêm entre si um relativo equilíbrio. A Alemanha, maior economia da Europa, representa cerca de 25% do PIB regional, seguida por economias do porte da França, Inglaterra, Itália e Espanha. A menor destas - a Espanha, com PIB de US$ 900 bilhões - é significativamente maior que a maior economia da América Latina. No Hemisfério Americano, a situação é bem diferente. De um lado estão os Estados Unidos, a maior economia do mundo, dominada por empresas gigantescas, com alta produtividade e tecnologia de ponta, com um produto interno bruto de quase US$ 12 trilhões. Esse país detém, sozinho, cerca de 80% da capacidade produtiva do Hemisfério (ou seja, quatro vezes o PIB de todos os demais países somados, inclusive o Canadá e o México). Seu orçamento militar é da mesma ordem de grandeza do PIB do Brasil! De outro lado estão os demais países latino-americanos, o maior dos quais é o próprio Brasil, com pouquíssimas empresas de grande porte, quase nenhuma marca com peso internacional, com um produto interno bruto de apenas US$ 500 bilhões. A Alca "integra" um gigante e um grupo de pequenos atores.

(c) A União Européia concedeu cidadania continental aos povos. Todos passaram a portar o mesmo passaporte europeu, podendo deslocar-se livremente pelo continente, escolhendo onde morar e trabalhar. O mercado de trabalho foi unificado. Na Alca, garante-se a livre circulação de capital e de mercadorias (fatores que a sociedade norte-americana tem em abundância), mas não de pessoas (fator que as sociedades latino-americanas têm em abundância). Os Estados Unidos não aceitam sequer negociar a remoção, ou mesmo diminuição, de barreiras à entrada de trabalhadores latino-americanos em seu território.

(d) A União Européia criou uma moeda única, emitida por um Banco Central Europeu, onde todos os Estados do continente têm representação. Não há indícios de que os Estados Unidos aceitem abrir mão de sua moeda para compartilhar uma moeda continental com a Argentina, o Brasil, a Bolívia e a Guatemala. A moeda da Alca será o dólar, cuja emissão continuará sendo uma prerrogativa exclusiva do Estado norte- americano, segundo os interesses de sua economia.

(e) A União Européia reconheceu a existência de disparidades econômicas e sociais significativas no continente e adotou políticas ativas de desenvolvimento para os países e regiões menos desenvolvidas. A Alca é apenas business. Embora em um continente muitíssimo mais desigual que a Europa, não prevê nenhum fundo de desenvolvimento, nenhuma compensação por perdas, nenhuma ajuda a regiões ou setores deprimidos ou prejudicados.

12. Em síntese: cada Estado europeu, visto isoladamente, era fraco para enfrentar a competição mundial pela riqueza e o poder no século XXI, diante dos Estados Unidos já dominantes e da Ásia em ascensão. A União Européia foi concebida para manter os povos europeus nessa disputa, por meio da criação de um Estado continental. O caso da Alca é justamente o inverso: concebida de forma unilateral pelos Estados Unidos, ela elimina a possibilidade de um projeto comum latino- americano, integrando o continente, de forma subordinada, à área regional sob controle direto da grande potência. Em depoimento ao Congresso dos Estados Unidos, o general Collin Powell, secretário de Estado do governo Bush, foi direto ao ponto: "Com a Alca, nosso objetivo é garantir para as empresas norte-americanas o controle de um território do Ártico à Antártida, com livre acesso em todo o Hemisfério, sem nenhum obstáculo ou dificuldade, para os nossos produtos, serviços, tecnologia e capital."

As autoridades norte-americanas, como se vê, não hesitam em dizer quais interesses defendem. Principalmente quando falam para as instituições de seu próprio país.

13. Com a extinção dos espaços econômicos nacionais em todo o Hemisfério americano, do Alasca até a Patagônia, ficaria anulada a capacidade de cada Estado conceber e aplicar suas próprias políticas de desenvolvimento, conforme a especificidade de cada país. As conseqüências econômicas são evidentes.

Ouçamos, primeiro, Paulo Nogueira Batista Jr.: "A Alca acarretaria uma formidável perda de autonomia na condução de aspectos essenciais da nossa política econômica. De todas as negociações internacionais em curso, essa é a que apresenta a maior ameaça à soberania do país. O Brasil ficaria comprometido, por acordo internacional, a manter seu mercado interno sempre aberto para as exportações dos Estados Unidos. As empresas brasileiras se veriam expostas à vigorosa concorrência das grandes corporações norte-americanas, com todo o seu poderio financeiro, tecnológico e comercial. O Brasil teria de abrir mão de uma série de instrumentos de política governamental, tornando-se incapaz de implementar um projeto nacional de desenvolvimento. Ficariam fora do nosso alcance muitos instrumentos e políticas a que recorreram sistematicamente os países hoje desenvolvidos, inclusive os Estados Unidos, ao longo de seu processo histórico de desenvolvimento. (...) Uma área de livre comércio com os Estados Unidos produziria efeitos destrutivos em boa parte do sistema produtivo brasileiro, especialmente nos setores mais avançados, em que a primazia das empresas norte-americanas é inquestionável (bens de capital, componentes eletrônicos, química, eletrônica de consumo, informática, etc). A economia brasileira tenderia a regredir à condição de economia agrícola ou agroindustrial e produtora de bens leves ou tradicionais." A questão relevante, então, passa a ser: que impacto tem, sobre as estruturas internas da sociedade brasileira, vista como um todo, um esforço de crescimento liderado pela exportação de bens agrícolas ou agroindustriais? Pode o crescimento brasileiro assumir esse perfil, garantindo um mínimo de justiça social e estabilidade? A resposta é não. O ano de 2003 foi exemplar quanto a isso. De um lado, as exportações brasileiras tiveram um crescimento espetacular (+14,2%); o saldo comercial subiu de US$ 13 bilhões para US$ 24 bilhões; o agronegócio prosperou e exultou. De outro lado, a economia como um todo teve crescimento negativo (-0,2%); o desemprego e a pobreza aumentaram; a instabilidade social e política cresceu. Recolocar o Brasil na condição primário-exportadora, mais de 70 anos depois da Revolução de 1930, é um retrocesso inviável, que teria conseqüências dramáticas. Basta lembrar que, hoje, temos um parque industrial diversificado e 83% da nossa população vivem em cidades.

14. Ouçamos, de novo, Samuel Pinheiro Guimarães: "A Alca é um projeto de criação de um território econômico único, onde não haverá nenhuma barreira para a circulação de bens. Nessas condições, o Estado brasileiro adbicará da possibilidade de ter política comercial, porque não poderá mais existir nenhum obstáculo ao comércio. Se abdica da possibilidade de ter política comercial, abdica também da possibilidade de ter política industrial, porque abre mão de uma parte importante dessa política que é a proteção a novos investimentos. Sem política industrial, perde o sentido ter política tecnológica, pois ela só faz sentido se gerar inovações que vão reduzir custos no processo produtivo."

Há, ainda, outros riscos talvez mais graves: a Alca exigiria o aprofundamento das políticas de abertura comercial e financeira praticadas a partir da década de 1990.

Ficaríamos impedidos de reassumir o controle dos fluxos de capitais que transitam por nosso espaço econômico. Sem o controle desses fluxos, o Banco Central permanecerá refém do capital especulativo, com sua permanente ameaça de abandonar a moeda nacional e buscar abrigo no dólar. A instabilidade do real tenderá a agravar-se, com crescente perda da nossa capacidade de estabelecer políticas monetárias coerentes com o nosso desenvolvimento.

A exigência de livre fluxo de divisas e a conversibilidade plena das moedas, que vimos no início, ameaçaria a própria sobrevivência das moedas nacionais no continente, pois, num espaço econômico unificado, se tornaria mínima a capacidade dos países de defender suas moedas de movimentos especulativos cada vez mais intensos. Instalada a Alca, a exigência seguinte será o uso do dólar como referência permanente, ou seja, será a constituição formal da "área do dólar" na economia mundial. A moeda emitida pelos Estados Unidos passaria a organizar diretamente toda a atividade econômica continental, o que corresponderia a concentrar no Estado norte-americano, com exclusividade, a mais importante prerrogativa da soberania nacional. As elites latino-americanas seriam plenamente absorvidas nesse espaço econômico alargado, como sócias menores, passando a denominar toda a sua riqueza em moeda forte, rompendo definitivamente quaisquer laços de solidariedade com os seus espaços nacionais de origem. Daí a atração que certos setores, como o do agronegócio, sentem diante da proposta da Alca.

15. O que se passa na América Latina tem relação direta com o que acontece no resto do mundo. A formação da União Européia e o fortalecimento da China mostram que o sistema internacional está transitando para uma nova ordem, com vários centros de poder. Os espaço econômico da União Européia rivaliza em tamanho com o dos Estados Unidos, e o euro ameaça a disputar, no mundo, a primazia com o dólar. As economias do Leste da Ásia, por sua vez, crescem muito rapidamente e formam uma área cada vez mais integrada, com o Estado chinês cumprindo um papel regional cada vez mais relevante. Nos três principais continentes - a América do Norte, a Europa e a Ásia - surgem megaestados regionais, comandando grandes economias, com larga base territorial e populacional.

A América do Sul, o Oriente Médio a África são as grandes regiões do mundo que ainda não definiram os seus próprios projetos regionais e não constituíram, nem estão em via de constituir, os seus megaestados. Estão marginalizadas. O Oriente Médio vive sob ocupação militar. A África está à deriva, devastada pelas guerras internas, a pobreza e a Aids. Se a ordem internacional fosse justa e solidária, o mundo inteiro teria de realizar um mutirão de ajuda a esses povos que, escravizados no passado, construíram, com o seu sacrifício, a riqueza de outras regiões.

Quanto à América do Sul, duas grandes possibilidades estão colocadas. A primeira, que tem na formação Alca seu centro de articulação, reforçaria e tornaria quase irreversíveis os processos de fragilização do continente, com sua incorporação formal a uma área regional sob controle direto dos Estados Unidos. A segunda é defendida por um número cada vez maior de cidadãos: a constituição de um projeto próprio latino-americano que garanta a união dos nossos povos e a inserção soberana dos nossos países no sistema internacional. Seria a realização das aspirações dos mais generosos pensadores e estadistas da nossa história, de Simon Bolívar a José Martí, de Ernesto Guevara a Darcy Ribeiro.

Os dois projetos estão em choque neste momento, e o continente terá de decidir por um deles nos próximos anos.

Laboratório de Políticas públicas da UERJ
Fundação Rosa Luxemburgo
Página na internet: www.outrobrasil.net
Economia e política econômica
Data do fechamento: 2 de maio de 2004
César Benjamin (com Rômulo Tavares Ribeiro)

A era da ética


Leonardo Boff

As imagens de torturas a prisioneiros iraquianos, aliás cotidianas, segundo o NYTimes de 31 de maio, nas prisões norte-americanas, são reveladoras do descalabro ético a que chegamos. Elas tem a ver com a crise de nosso paradigma civilizatório. Com efeito, a era que está terminando se fundou na vontade de conquista e dominação dos outros e da natureza, quase sempre com o recurso da violência direta. O capital, a acumulação privada de bens materiais, o consumismo, a competição, a exaltação do indivíduo e a espoliação dos recursos naturais caracterizam esta era. Junto a valores irrenunciáveis, não se pode desconhecer um legado perverso: uma humanidade barbarizada e dividida entre incluidos e excluidos, uma Casa Comum depredada e uma máquina de morte montada, capaz de destruir o projeto planetário humano e de afetar profundamente o sistema da vida. Tudo indica que ela já realizou suas virtualidades históricas. Sem capacidade de persusão, precisa usar a violência para se manter, o que agrava sua situação. Se quisermos garantir nossa presença no processo evolucionário precisamos de outro arranjo civilizatório que nos crie condições de futuro e de sustentabilidade.Em outras palavras, precisamos de uma revolução no sentido clássico da palavra, vale dizer, do estabelecimento de uma nova utopia, de um novo rumo com outras estrelas-guias que orientam a caminhada, desta vez, da humanidade como um todo. Embora com pretensões universalistas, todas as revoluções anteriores foram regionais. Agora importa que ela seja global porque globais são os problemas que exigem um equacionamento global. E ela é urgente, porque o tempo do relógio corre contra nós. Ou a faremos dentro de um tempo limitado (a ONU estabelece até o ano 2030, Joanesburgo até 2050) ou será tarde demais. O sistema-Terra-Humanidade perderá sustentabilidade. O impensável pode virar provável.Sobre que base se fará esta revolução?Cristovam Buarque, nosso político-pensador, nos acenou para a pista verdadeira. Referindo-se à segunda abolição, a da pobreza, escreveu: precisamos de "uma coalizão de forças que se fará por razões éticas, muito mais do que por razões políticas".Pensando na situação mundial equivale dizer: precisamos urgentemente de uma ética planetária para garantir nosso futuro comum. Como se fará isso? Não será em poucas linhas que desenharemos seu perfil, coisa que tentamos em nosso ensaio, fruto de muitos intercâmbios, Ethos Mundial, um consenso mínimo entre os humanos (Sextante 2004).Mas precisamos antes de tudo uma utopia: manter a humanidade re-unida na mesma Casa Comum contra aqueles que querem bifurcá-la fazendo dos diferentes desiguais e dos desiguais dessemelhantes. Em seguida, precisamos potenciar o nicho onde irrompe a ética:a inteligência emocional, o afeto profundo (pathos) onde emergem os valores. Sem sentir o outro em sua dignidade, como semelhante e como próximo, jamais surgirá uma ética humanitária. Depois importa viver, no dia a dia, para além das diferenças culturais, três princípios compreensíveis por todos: o cuidado que protege a vida e a Terra, a cooperação que faz com que dois mais dois sejam cinco e a responsabilidade que zela pelas consequências de todas as nossas práticas para que sejam benfazejas. E por fim, alimentar uma aura espiritual que dará sentido ao todo. A nova era ou será da ética ou não será.
* Teólogo

martes 10 de abril de 2007

La crítica marxista a las libertades públicas de la sociedad burguesa


En La cuestión judía 1844, uno de los dos únicos artículos escritos por Marx para la publicación parisina Anales franco – alemanes, se desprende, entre tantas, una tesis sobre la que quiero, por su importancia y actualidad política, exponer ante el lector una reflexión:
La crítica marxista a las libertades públicas de las sociedades burguesas reviste un carácter complejo no simple.
El análisis que busca demostrar la invalidación de esas libertades dentro del marco de la sociedad burguesa ─libertad individual; libertad de pensamiento; libertad de prensa; libertad de reunión y asociación; y libertad de gobierno bajo la forma del sufragio universal─, aunque parte como premisa que una sociedad basada en el régimen de la propiedad y el interés privado no está capacitada para desarrollar una verdadera democracia, el modo en que se expresa socialmente esa incapacidad política no constituye, ni tampoco se resume, en una negación simplista de la existencia de dichas libertades.
O sea, esas libertades se encuentran de un modo siempre relativo implicadas en el entramado social de casi todas las sociedades occidentales, pero no nos liberan. El marco jurídico desde el cual fueron elaborados por los filósofos del siglo XVIII los derechos del hombre más la práctica política de las dos grandes revoluciones político burguesas de ese siglo ─la norteamericana y la francesa─, todavía cumple su abstracta vigencia y su relativa verificación legal en cada individuo, que es reconocido por el Derecho, de esas sociedades.
Entonces, ¿qué es lo que ocurre?
Siguiendo la lectura de la exposición del pensamiento de Marx en ese citado artículo de la revista Anales franco – alemanes, encontramos lo que en principio creímos era una paradoja antes de empezar a desatar el ovillo de su lógica: La propiedad y el interés privado lejos de inhabilitar a las llamadas libertades públicas hacen que éstas constituyan su realización política. Porque es mediante el ejercicio legal de esas libertades jurídicas que al individuo burgués le es garantizado poder restringir su acción social dentro del exclusivista espacio de su interés privado y su peculado particular. Dicho entonces con palabras de Marx: “Los llamados derechos universales del hombre no se basan en la unión social, sino en la separación del hombre con respecto al hombre”.
No porque no se cumplan en la práctica esas libertades es que deja de verificarse la democracia social bajo el capitalismo, sino porque relativamente se cumplen es que esas sociedades quedan incapacitadas para la gestión democrática que haría realmente posible la igualdad social y la participación colectiva en la gestión política y económica.
En la base de esa distancia creada por la ley jurídica entre los ciudadanos solo hace papel de intermediario el interés, el cual por un lado es el artífice egoísta de la soledad humana en las sociedades burguesas, y, por otro, es el elemento ínter conectivo que liga al hombre privado con el resto de los intereses de los individuos privados.
Los intereses de los individuos privados solo pueden sumarse abstractamente, pues la verdad de esa suma sólo puede ser positivamente sancionada por un concepto puramente legal: el Derecho, el cual le entrega una relativa libertad jurídica a los individuos. Mientras que el Estado burgués no es otra cosa que la generalización positiva del interés privado devenido en sociedad política.
La crítica de Carlos Marx va dirigida a la esencia misma de la llamada democracia burguesa. Explicándonos el concepto del Estado burgués, Marx nos dice además que la burguesía marchó a la revolución política en los siglos XVIII y XIX en aras de la emancipación económica de la vieja sociedad civil. Para lograr esa emancipación hubo primero que despolitizar la vida económica; es decir, separar lo que estaba unido en la Edad Media: el interés público y el interés privado; la propiedad y el Estado.
Del mismo modo que la sociedad moderna de tipo burgués quedó fundada por la separación de la sociedad civil ─las necesidades materiales del ser humano─, y el Estado político ─los intereses generales del hombre público─, la sociedad medieval estuvo principalmente estructurada en dos estamentos sociales: el clero y la nobleza, donde en cada uno de ellos se realizaba por igual la sociedad económica ─la propiedad feudal de la tierra─, y la sociedad política ─la organización seglar y secular de los intereses colectivos─. O sea, estos dos estamentos ─prefiguraciones ambos del Estado contemporáneo─, se repartían entre ellos el poder político y la propiedad de la tierra que era la forma básica de la propiedad feudal.
La transformación social que se fue poco a poco gestando desde los siglos finales de la Edad Media posibilitó la liberación económica del tercer estamento frente al antiguo Orden Feudal: la sociedad baja, el pueblo, aunque representado principalmente por el habitante más prospero de las ciudades, el burgués localizado bajo la forma básica del comerciante. La alianza de la burguesía de las ciudades con los campesinos y plebeyos produjo a la larga la victoria ante el Orden Feudal. De este modo la burguesía, en su papel de rectora ideológica y conductora política de las masas oprimidas, se sintió envestida de un programa universal de liberación ─portadora de un legado antigenealógico y antirracial de la riqueza y el poder─, el cual sobre la base de una revolución política ─la llegada al poder del Tercer Estado, Francia 1789─ crearía las condiciones jurídicas para la igualdad social y la fraternidad humana.
Fueron de estos modos erigidos, desde la Filosofía del siglo XVIII y para el pensamiento político de toda una época altamente revolucionaria, los derechos del hombre frente a una medievalidad, que para decirlo con palabras de Federico Engels, “no conoció en lo absoluto los derechos del sujeto.”
Mas, el sujeto humano que aparece como nuevo concepto con las revoluciones burguesas que reclama para sí, y ante la historia moderna, sus reivindicaciones económicas y políticas, es un sujeto profundamente escindido entre sus apetencias y necesidades naturales ─la base humana y material de las que vive y dispone─, y su humanidad abstracta, el hombre genérico, concebido para ejercer estrictamente sus derechos dentro del espacio jurídico en que se organiza políticamente la sociedad.
Lo que a todas luces parece suceder es que en el Estado burgués al ser la institución más acabada en que se organiza la vida política de los ciudadanos bajo el capitalismo, el cual ha sido concebido al margen de lo que ocurre en la sociedad civil, la libertad del individuo adquiere la forma exclusiva de una libertad nominal en cuanto estrictamente política.
Con respecto a esto último Marx comenta aproximadamente que la desigualdad social, engendrada por la propiedad privada opuesta el beneficio público, queda suprimida sólo idealmente cuando el desposeído se convierte ─al ejercer el sufragio universal─, en legislador de los que poseen.
De este modo el bello sueño filosófico de la burguesía original ─ coautora política junto al pueblo de las tres revoluciones francesas y de la revolución norteamericana─, terminó elaborando, para los primeros tiempos de la Modernidad capitalista, una utopía jurídica porque la separación abisal entre el hombre natural, regido por el reino material de la necesidad, y el hombre público, regido por la noción especulativa del Derecho, es del todo arbitraria y solo puede ser sancionada positivamente en nombre de una jurisprudencia abstracta.
Es decir, dicho con palabras que por su sentido pueden pertenecer al pensamiento marxista: Todo lo que hay de irresuelto, inacabado y moribundo en el Tercer Estado resulta de una figura ideológica que nos propone con insistencia la desgarradora escisión del hombre en dos mundos ─el mundo de las ideas y el de la vida material─, y que, por consiguiente pretende hacer imposible la revolución humana de la que hablaban con énfasis Carlos Marx y Federico Engels en los tempranos años 40 del siglo XIX.
De este modo el Estado político moderno ─síntesis ideológica de las instituciones burguesas─, plantea haber resuelto el problema de la libertad humana totalmente al margen de lo que en verdad ocurre en la sociedad civil, del mismo modo que para el creyente de la Edad Media le era posible concebir la completa igualdad en el Cielo y la sumisión más bárbara en la Tierra. La desigualdad económica incuba y expresa constantemente desde su seno la desigualdad política.
Es que es necesario entender que no hay una humanidad abstracta y otra concreta y que no puede existir por tanto el divorcio de dos mundos realmente complementarios representado, uno, por las relaciones sociales de dominación que engendran el Estado político, y otro, por las relaciones de explotación que se contraen en la sociedad civil.
Es necesario también recordar que el Estado político moderno posee una interpretación social del Derecho la cual no pudo jamás haber nacido al margen del desarrollo histórico de la economía y la industria. Es decir, es un Estado que se encuentra sociohistóricamente determinado y, por tanto, una concepción puramente especulativa del Derecho, como la que brinda la burguesía histórica, no puede resolver los problemas que nos plantea la redención humana.
El Estado político burgués es la expresión jurídica de su sociedad civil, aunque bajo la forma relativamente autónoma que reviste su cielo especulativo en el que el Derecho burgués dice constantemente ser la realización jurídica de la libertad, aunque estrictamente unido en la práctica social a su naturaleza económica, la cual implica lo que realmente es el Estado: La cuartada legal del interés privado.
Así el cuerpo jurídico que porta consigo el Estado político representa, desde un punto de vista humano, lo que hay de virtud y de enajenación en la sociedad burguesa: la igualdad de todos los hombres ante la ley y la competencia económica más desaforada del individuo frente al resto de los individuos; la libertad jurídica del individuo ante el Estado y la desigualdad humana más profunda. De este modo la verdad de la ley no es otra que la exclusiva verdad del hombre abstracto, reconstruido ideológicamente por el Derecho burgués dentro del contexto socio histórico de las sociedades capitalistas.
Para resumir estas ideas puedo añadir que frente a las concepciones abstractas del Derecho burgués que buscan restringir a la cosa pública frente al interés individual y su peculado, José Martí, el Apóstol de nuestra independencia nacional, resumió en una revista para niños su concepción personal del Derecho:
“Libertad es el derecho que tiene todo hombre a ser honrado, y a pensar y hablar sin hipocresía.” Las llamadas libertades capitalistas pueden, sin duda, habilitar jurídicamente al hombre para el constante ejercicio de su interés privado, pero la libertad entendida como el derecho humano a la honradez económica y al constante ejercicio de la sinceridad política pertenece, por su propia esencia, a la siempre preterida realización histórica de la condición humana.
Julio Pino

domingo 8 de abril de 2007

Carlos Fuentealba, la Patagonia rebelde, y la historia que continúa

El 3 de abril del 2007, en la Patagonia Rebelde, los docentes de Neuquén, después de un mes de paro en reclamo de recomposición salarial y pase a planta de los trabajadores de planes sociales, decidieron cortar la ruta 22. La policía los reprimió brutalmente, y mientras escapaban de los gases y de las balas de goma, un miembro del Grupo Especial de Operaciones Policiales (GEOP), disparó una granada de gas lacrimógeno a la cabeza de Carlos Fuentealba.

El maestro, con su cerebro destrozado, murió en unas horas, pero no dejó de enseñar. Su ejemplo empezó a hablar en nombre de su cuerpo ausente, a movilizar, a multiplicar la resistencia, a exigir justicia, a hacer memoria. Los maestros y maestras, sus compañeros, continuaron la lección. Señalaron como principales responsables al gobernador, Jorge Sobisch y a sus funcionarios. Pero también recordaron que sus demandas no tuvieron respuestas del gobierno nacional, ni del ministro de Educación, Daniel Filmus, ni del presidente de la Nación, Néstor Kirchner.

Diez años atrás, el 12 de abril de 1997, la policía de la misma provincia, mataba en Cutral Co a Teresa Rodríguez. Teresa tenía 24 años y era empleada doméstica. Mataron a Teresa, pero la bala apuntaba también contra la pueblada desencadenada a partir de otra lucha docente, que amenazaba multiplicar piquetes y resistencias más allá de sus propios límites. El gobernador de Neuquén entonces, era Felipe Sapag. El presidente, Carlos Menem.

Dos años antes, en Semana Santa, el 12 de abril de 1995, en Ushuaia, era asesinado por la policía provincial el obrero de la construcción Víctor Choque. La bala mató a Víctor, pero la orden de muerte tenía como objetivo desarticular la movilización obrera que se extendía en el extremo más austral del mundo. Matar el corazón rebelde del sur. El gobernador de Tierra del Fuego era José Estabillo. El presidente, Carlos Menem.

Los restos de Víctor Choque fueron llevados a su provincia de origen, Salta, de donde se había ido años atrás buscando nuevos horizontes de vida. Salta es una provincia devastada por las políticas del Banco Mundial que la declararon parte de los llamados "territorios inviables". El término perverso anticipaba el silencioso genocidio neoliberal, que produjo los nuevos "desaparecidos" como consecuencia de la desocupación, las enfermedades, la contaminación ambiental, la represión, la depresión, el hambre. Fue repetido en numerosos discursos por Domingo Cavallo, ministro plenipotenciario durante el gobierno de Menem primero y de Fernando De La Rúa después. Los desaparecidos del neoliberalismo, comenzaron a aparecer como piqueteros en Jujuy, cortando la ruta que lleva a Bolivia; en Salta; en la Patagonia. Había que detener la rebelión. En Salta, el 10 de noviembre del 2000 fue asesinado en la ruta 34 -entre General Mosconi y Tartagal- Aníbal Verón, trabajador mecánico, despedido de la empresa de transporte Atahualpa. Aníbal Verón, de 37 años, fue fusilado con una bala de la Policía provincial, pero la bala apuntaba a desarmar la protesta que se extendía por el reclamo de los Planes Trabajar caídos. El gobernador de Salta era entonces –como ahora-, Juan Carlos Romero. La Ministra de Trabajo del gobierno de la Alianza, era Patricia Bullrich. El Ministro del Interior, Federico Storani. El presidente, Fernando de la Rúa.

Unos meses antes, también en Salta, en mayo del 2000, eran asesinados los jóvenes Orlando Justiniano y Matías Gómez. Secuestrados mientras juntaban leña para llevar al piquete, fueron torturados salvajemente y muertos por la policía provincial. Luego fueron abandonados en una ruta de Jujuy, con la intención de simular un accidente. El 17 de junio del 2001, en el Día del Padre, en la misma provincia, eran asesinados los jóvenes Oscar Barrios y Carlos Santillán. Las balas que asesinaron en General Mosconi, en Tartagal, pretendían callar las voces insurrectas del pueblo norteño que había aprendido de Cutral Co el valor del corte de ruta como herramienta de lucha, cuando el paro forzoso que implica la desocupación masiva, no deja más caminos que interferir en la circulación de mercancías. Las balas eran para los jóvenes que aprendían en las rutas, las primeras lecciones de dignidad y resistencia.

Sin embargo, los asesinatos de Salta no fueron los primeros crímenes del gobierno de la Alianza. En Diciembre de 1999, en el puente de Corrientes, la Gendarmería había asesinado a los jóvenes Mauro Ojeda (18 años, sobrevivía con changas) y Francisco Escobar (25 años, cartonero). Con ellos querían matar la lucha autoconvocada de trabajadores docentes, estatales, del pueblo correntino. Los mataron las balas de los gendarmes al mando de los comandantes Chiappe y Caruso, enviados por el Ministro del Interior Federico Storani a "pacificar" la provincia de Corrientes para que su interventor, Ramón Mestre, pudiera asumir el cargo. La viceministra del interior era Nilda Garré.

La Alianza terminó sus días con otro crimen: los asesinados del 19 y 20 de diciembre del 2001 en todo el país. Jóvenes en su mayoría. Trabajadoras y trabajadores, desocupados y estudiantes, motoqueros, piqueteros, amas de casa. Aníbal Ibarra era Jefe de Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires. Carlos Alberto Reutemann era gobernador de Santa Fe. El gobernador de la provincia de Buenos Aires era Carlos Ruckauf. El Vice gobernador, Felipe Solá. Ninguno se cree responsable.

El "que se vayan todos", en diciembre del 2001, nombraba a estos responsables de las políticas de hambre y muerte. Pocos meses después, el 26 de junio del 2002, el pueblo recibió un nuevo golpe en la masacre de Puente Pueyrredón. Los jóvenes piqueteros, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, fueron asesinados en una brutal represión que pretendía reestablecer la gobernabilidad, y garantizar el orden del miedo. El presidente era Eduardo Duhalde. El Gobernador, Felipe Solá.

Antes y después de estas muertes en protestas sociales, hubieron muchas otras muertes como consecuencia del mismo sistema. Gatillo fácil. Desaparición de mujeres víctimas de la trata. Cromañon. Los muertos y las muertas, siempre del mismo lado. Víctimas de la pobreza. Víctimas de la desesperación. Víctimas de la corrupción. Víctimas de la desocupación. Víctimas de la indiferencia. Víctimas del capitalismo.

Por eso, aunque no conocíamos el rostro, sabíamos quién era Carlos Fuentealba, el maestro de Neuquén asesinado en este abril del 2007. Sabíamos que Carlos estaba en el corte de ruta, resistiendo. Y que antes había dado clases de dignidad en las escuelas. También sabíamos que Carlos era Teresa, era Aníbal, era Darío, era Víctor, era nuestro pueblo, eran los de abajo, los de la memoria que no tiene punto final, porque tampoco hay punto final para la represión y para la impunidad.

Sabemos también quiénes lo mataron. Sabemos que el gobernador de la provincia de Neuquén, Jorge Sobisch, tiene una responsabilidad principal en estos hechos. Una vez más dio orden de reprimir. Él como Juan Carlos Romero, en Salta, manejan la provincia con criterios de patrones de estancia. Como la familia Menem en La Rioja, o la familia Kirchner en Santa Cruz. Es un sistema de poder que reparte políticamente prebendas y ventajas, en el que las burguesías locales disputan privilegios y multiplican ganancias. Por eso, es inconsistente el análisis de quienes pretenden separar, artificialmente, las responsabilidades de los gobiernos provinciales de las políticas nacionales, oscureciendo las modalidades de la división del trabajo. En el ejercicio cotidiano de la dominación, las políticas llevadas adelante en todo el país, tanto en el plano político, económico, social, como en los modelos represivos, tienen fuertes denominadores comunes. Precisamente en los mismos días en que Carlos fue asesinado, se extendía la lucha docente y la represión a la misma en otras provincias como Santa Cruz, Salta, La Rioja, Chaco, Formosa, Tierra del Fuego… ¿quién encendió la mecha?

Pensando como candidato su campaña electoral, el Ministro de Educación Daniel Filmus, el "hombre de Kirchner en la Capital", había anunciado a fines de febrero un aumento salarial, cuya efectivización no estaba garantizada, debido a que son las provincias las encargadas de realizarlo. En la mayor parte de las provincias, se ofrecieron aumentos por debajo de lo anunciado, la mayor parte en negro, bajo la modalidad de bonificaciones. Este anuncio, de no haber sido un gesto de campaña, debería haber sido acompañado de un debate presupuestario serio, que hiciera posible cumplir con las promesas. Pero cuando llegó la hora de la verdad, ninguno de los "hombres del presidente" se hizo cargo. Y no se hacen cargo ahora, de la responsabilidad que les cabe en esta situación.

Tampoco se hace cargo el socio político de Sobisch, quien pensaba acompañarlo en la cruzada por la Presidencia: Mauricio Macri. Por el contrario, en los comandos electorales de las campañas capitalinas, el tema que se discute ahora, cínicamente, es como quitarse o cómo transferir responsabilidades, para que estos hechos "no afecten la suerte de los candidatos". Mientras los maestros neuquinos, santacruceños, salteños, y de distintas provincias, enseñan la dignidad, estos políticos son maestros de la hipocresía, del vale todo, de la naturalización de las injusticias. Ellos, los que miran para otro lado, los que cambian de camiseta y de alianzas tres veces por día, los que descreen del pueblo, los que lo engañan, los que callan, los que otorgan, son responsables al menos de la deslegitimación de la democracia… de esta democracia suya, la del poder.

El anuncio realizado por el ministro Filmus desde la Rosada, había sido acompañado por el titular de la CTA (Central de Trabajadores Argentinos), Hugo Yasky. El dirigente de CTERA (Central de Trabajadores de la Educación de la República Argentina), no es el primero ni el último de los líderes de movimientos de trabajadores, o de sectores populares que se sumaron a la tarea de construir consenso a la dominación. Ellos, que deberían estar cada día en la organización de las resistencias, en las demandas de derechos, en la batalla popular por una vida digna, en el frío de la intemperie que se sufre en los cortes de ruta, acompañando a los maestros y maestras que en Santa Cruz tienen sus escuelas tomadas por la Gendarmería, o que fueron gaseados brutalmente en Salta. Ellos, que deberían estar junto a los que dicen representar -y no calentándose en los salones de los despachos oficiales- también tienen responsabilidad frente a estos hechos últimos, sobre todo, por la indefensión en que se encontraron los docentes. Los maestros y las maestras, en Salta y en Santa Cruz, en Neuquén y en Formosa, sintieron la presión directa del poder, y la deserción de la dirigencia sindical que ahora, tardíamente, convoca a un paro de 24 horas. Que haya sido necesario un muerto, que se esfuercen en repetir el discurso que pretende adjudicar todas las responsabilidades al gobernador de Neuquén, es un gesto más que profundiza la desconfianza de los trabajadores y trabajadoras en lucha, hacia las conducciones burocratizadas y "enganchadas" en la política disciplinadora y domesticadora del kirchnerismo, en sus más amplias variantes.

El 24 de marzo último, dos lógicas se expresaron en los actos por los 31 años del golpe militar. La lógica de quienes creen que el tema de los derechos humanos pertenece al pasado, y que estamos en un momento de "reparación histórica". Y la lógica de quienes sostienen que los derechos humanos tienen que ser garantizados para todos y todas. Que el derecho al trabajo, a la educación, a la salud, a la tierra, a la vivienda, a la posibilidad de decidir sobre nuestros cuerpos, a la recreación, a la justicia, no pueden ser garantizados sólo para una clase, la clase en el poder, o para unos grupos, los amigos del presidente. Que entre los derechos humanos se encuentra también el derecho a la protesta social, el derecho a reclamar por lo que es justo, el derecho a no integrarse en la lógica de dominación a cambio de un lugar subordinado en las políticas clientelares. Que los derechos humanos, no pueden guardarse en un museo; porque la vida sigue siendo amenazada, cada vez que el pueblo se decide a reclamar con autonomía por lo que le corresponde.

Una muerte, la de Carlos, el maestro querido por su gente, vuelve a mostrar dolorosamente el abismo que se va abriendo entre estos dos lugares. Porque la sangre de Carlos no acepta dobles discursos. Porque la lucha docente requiere urgentes respuesta. Porque quienes cuentan votos y desprecian vidas, alguna vez escucharán nuevamente el eco de aquel "que se vayan todos". Y cuando el eco vuelva, desde la Patagonia Rebelde o desde la Salta inviable, ya no será para decirles que se vayan. Será sencillamente la voz del pueblo, ocupando su lugar en la historia. Con voz de pueblo rebelde hablarán Carlos y Teresa, Darío y Pocho, y tantos y tantas, y todas y todos los que no se cansen de luchar.

Claudia Korol

Abril 2007

LA GUERRA DE CONQUISTA SOBRE EL CAMPO MEXICANO.


EL NUEVO DESPOJOŠ 5 siglos después.

Subcomandante Insurgente Marcos

25 de Marzo del 2007.

Permítanme iniciar esta plática, primero que nada agradeciendo a los compañeros y compañeras del Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas A. C. (más conocido por los zapatistas como "el CAPISE") y a quienes hicieron posible que se hiciera esta mesa redonda la cual, quién podría imaginarlo, es cuadrada (o rectangular, según el caso o cosa, según). Agradecemos también al CIDECI y al doctor Raymundo Sánchez Barraza su acostumbrada hospitalidad en las instalaciones que, contra viento y marea, mantienen funcionando como alternativa educativa y ecológica.

Como EZLN hemos sido invitados a esta especie de neo-arranque de la segunda etapa de nuestra participación directa en La Otra Campaña, para participar en el tema de LA GUERRA DE CONQUISTA SOBRE EL CAMPO MEXICANO.

Para entender nuestra posición sobre este asunto, es necesario conocerŠ

Algunos presupuestos inicialesŠ

A) Sobre la Guerra Neoliberal.-

1.- En algún texto de ésos que nos permiten a los zapatistas decir "odio decir que se los dije, pero se los dije", llamado "Siete Piezas Sueltas del Rompecabezas Mundial", de hace casi siete años (junio de 1997), describimos a grandes rasgos la ruta que seguiría y sigue el capitalismo en su fase actual. Entonces la definimos como una ruta de guerra, de guerra de conquista, una guerra mundial, la Cuarta, totalmente total. Una guerra que superaba a las otras en brutalidad, pero repetía las pautas de una guerra tradicional de conquista: destruir y despoblar, para luego reconstruir y repoblar.

2.- La etapa actual del capitalismo es, en sentido estricto, una nueva guerra de conquista. La IV guerra mundial, una guerra en todas partes, en todo momento, de todas las formas. La más mundial de las guerras. El mundo es, así, redescubierto una y otra vez cada que el nuevo dios, el mercado, convierte en mercancías bienes que antes eran ignorados o permanecían fuera del circuito mercantil.

3.- Así, el agua, el aire, la tierra, los bienes que contiene el subsuelo, los códigos genéticos, y todas esas "cosas" que antes eran desconocidas o carecían de valor de uso y de cambio, se han convertido, durante los vertiginosos últimos años, en una mercancía.

Como ejemplo está el de los mantos freáticos y manantiales naturales que tratan de ser protegidos por los indígenas zapatistas en el campamento que mantienen en el Cerro de Huitepec, en las montañas del sureste mexicano. Una empresa trasnacional que embotella conocido refresco de cola (presten atención por favor) está extrayendo el líquido y convirtiéndolo en mercancía.

A cambio de las grandes ganancias que la compañía obtiene, la orgullosa y soberbia Jovel no recibe a cambio nada más que la saturación de su paisaje con el enfadoso bicolor rojo y blanco de su ondulado logotipo.

4.- La mercancía que permanece, a pesar de los cambios y avances tecnológicos e informáticos, es la fuerza de trabajo, las trabajadoras y los trabajadores del campo y de la ciudad. El sueño capitalista de un mundo sin trabajadores, sólo con robots y máquinas que no exigen sus derechos ni se sindicalizan ni hacen huelgas, es eso: un sueño. Otro mundo será posible sobre el cadáver del capitalismo como sistema dominante.

5.- La globalización del capital destruyó las fronteras nacionales y reacomodó al mundo. La lógica del mercado es ahora la que determina las relaciones internacionales y las relaciones dentro de los moribundos Estados Nacionales.

6.- La lógica del mercado esconde, detrás de su aparente inocencia, la lógica de la explotación, del despojo, de la represión y del desprecio, es decir, la lógica del capitalismo. Fuera de los sueños que cantara Chava Flores, es decir, más allá de la lotería, el melate y sus equivalentes, en este sistema no hay riqueza limpia e inocente. La riqueza capitalista tiene como origen el robo y la explotación.

7.- La revolución tecnológica e informática trajo consigo la posibilidad de la simultaneidad y la omnipresencia del capital, fundamentalmente de su sector más emblemático: el capital financiero.

8.- En la Globalización Económica Capitalista, es decir, en la IV Guerra Mundial, el "enemigo" es el planeta mismo, no sólo sus habitantes mayoritarios, también todo lo que contiene: la naturaleza. Si esto es "autogol" no debe sorprender, la estupidez es la dama de compañía de la codicia capitalista. En esta guerra, la Nación agresora es Multinacional o, como dirían los clásicos, Trasnacional.

9.- El Imperialismo habrá cambiado sus formas de guerrear, pero el amo sigue siendo el capital y su emperador vitalicio, el capital financiero, avanza en su política de camaleón en la bolsa de valores.

Mientras en la lista de FORBES aparecen los supuestos hombres más ricos del planeta, se omite la referencia a la que hemos llamado "La Sociedad del Poder", un pequeño grupo de dueños de industrias, comercios, bancos y empresas turísticas.

Mientras los señores Bill Gates y Carlos Slim, por mencionar sólo a dos, creen que son de los más ricos del mundo, la "Sociedad del Poder" hace como que lo cree. Pero en Estados Unidos tienen su sede 53 empresas que obtenían ellas solas, hace 7 años, el 40% de las ganancias a nivel mundial. Estas empresas norteamericanas, junto con otras que operan desde Japón, Alemania, Francia, el Reino Unido, Italia, los Países Bajos, Suiza y Corea del Sur, obtienen más del 90% de las ganancias mundiales. 193 empresas con sede en estos países obtuvieron más de 225 mil millones de dólares de los 250 mil millones que fueron las ganancias mundiales en 1997.

El señor "Coca Cola" no existe, por eso no aparece en la lista de los más ricos. Tampoco el señor "Wall Mart", el señor "Ford", "Chrisler", "General Motors", "HSBC", "Santander", "Monsanto", etcétera.

10.- "Conquistado" en la III Guerra Mundial el territorio que fue del campo socialista, el capitalismo dirige sus manos ensangrentadas hacia los países pobres con abundantes recursos naturales: África, Asia, el Medio Oriente y América Latina. Estas regiones del mundo se han especializado en las dos cosas, es decir, en poseer abundantes recursos naturales y en una ya legendaria alta producción de pobres.

11.- Los Pueblos originarios a nivel mundial (con más de 300 millones) están asentados en zonas que poseen el 60% de los recursos naturales del planeta. La reconquista de esos territorios es uno de los objetivos principales de la guerra capitalista.

12.- Latinoamérica es ya uno de los nuevos escenarios de la guerra de conquista y, por tanto, los Pueblos Indios de América tendrán, como hace 500 años, el papel protagónico en la resistencia. Pero la batalla terminará en una derrota definitiva si no se alían con los trabajadores del campo y de la ciudad, y con esos nuevos personajes con identidad propia, es decir, con diferencia, que son las mujeres, los jóvenes y los otros amores. Estos tres sectores sociales, aunque pueden y son referidos a su identidad como clase, tienen realidades propias, diferentes a l@s otr@s, y se construyen una identidad propia, muchas veces, pero no únicamente, en la cultura.

B).- Sobre la Política de Arriba en la Globalización.-

1.- En esta guerra de conquista, las fuerzas expedicionarias en la mayoría de los países de América Latina las forman los gobiernos y la clase política. Salvo la excepción de Cuba, la rebeldía creciente de Venezuela y la aún por definirse especificidad de Bolivia, los gobiernos latinoamericanos, sin importar su supuesta ideología, se han convertido en los capitanes de reconquista de los territorios que vieron florecer las civilizaciones de los pueblos originarios de estas tierras.

2.- Los gobiernos nacionales son ya claramente meros gerentes que cumplen las disposiciones del dueño. Y un gerente es, sobre todo, un capataz.

3.- Con el mercado nacional agoniza también todo lo que en su entorno floreció: la clase política tradicional, la clase media, el pensamiento crítico, el corporativismo, las grandes centrales obreras y campesinas, la autonomía relativa de las instituciones educativas, de la investigación científica y de la cultura y el arte, las relaciones comunitarias, el tejido social, la seguridad social, la seguridad pública, la democracia electoral.

4.- La llamada "clase media", que floreció juntos a los Estado Nacionales y se convirtió en su soporte social, ideológico y político, se encuentra ahora inerme (al menos en México) y, a pesar de sus suspiros por un cambio pausado que la retorne a su bonanza y tranquilidad, ve con desesperación cómo la destrucción alcanza su antigua fortaleza y torre de cristal: la familia.

5.- Con las lógicas actuales en el quehacer político, allá arriba no hay nada qué hacer. El entusiasmo de algunos sectores medios ilustrados por un "cambio sin ruptura", sufrirá una y otra vez descalabros, desilusiones, crudas morales.

6.- El camino de la libertad no es una moderna autopista de paga, por la que transitan las "masas" conducidas por una élite de caudillos e iluminados. Por el contrario, el camino para ser libres no está siquiera hecho. Se construye por los sin nombre y sin rostro que, con sus luchas, van probando una y otra ruta hasta llegar a donde quieren llegar.

C).-Sobre los medios de comunicación.

1.- Si antes eran el ejército, la policía, el batallón Olimpia, los halcones, las guardias blancas; ahora son los grandes medios de comunicación electrónica los "inhibidores" de la lucha democrática y social.

2.- Los medios de comunicación masiva son, a la vez, Ministerio Público, Jurado Artístico, Púlpito flamígero no siempre laico, Gabinete extraoficial, policía plenipotenciario, juez expedito en la condena al de abajo y la absolución al de arriba. ¡Ah! y a veces entretienen.

3.- "Wag The Dog" es una expresión idiomática en inglés que quiere decir algo así como "mover al perro con la cola" (presten atención porque si no, no se entiende). Es la habilidad suprema de la manipulación mediática. Noticieros, mesas de análisis, comentarios y columnas políticas, tienen como objetivo "mover al perro con la cola", es decir, "hacer que las cosas pasen", pero partiendo de una mentira.

Ésta es la nueva "habilidad" de los medios electrónicos. Así como hacen "desaparecer" realidades y movimientos, ignorándolos o difamándolos (algunos ejemplos recientes: el pueblo de San Salvador Atenco, el movimiento de la APPO en Oaxaca, la movilización ciudadana e" contra del fraude electoral del 2 de julio del 2006), también pueden "crear" tramoyas mediáticas sin ningún sustento real. Es decir, crean mitos posmodernos.

Ejemplos de mitos creados, creídos y difundidos por los medios de comunicación:
Mitos Políticos: el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa es fuerte, legítimo, legal y vela por todos los mexicanos; el PRD es un partido de izquierda; el PAN es el partido de la "renovación cultural"; el PRI es un partido político.

Mitos Deportivos: la selección nacional de México tiene calidad futbolística de nivel internacional; la serie mundial del béisbol gringo es mundial; los Jaguares de Chiapas tienen bonito color de uniforme.

Mitos Militares: el ejército federal está para salvaguardar la soberanía nacional; la indígena mayor de edad que fue violada por soldados en Veracruz, en la Sierra de Zongolica, murió de gastritis y no de violación; el ejército combate al narcotráfico.

Mitos Policíacos: el objetivo de los ataques del gobierno del DF en contra el noble barrio de Tepito son para acabar con la delincuencia y no para favorecer la instalación de centros comerciales; la policía previene el delito; la AFI combate a la delincuencia organizada.

Mitos de Espectáculos: Britney Spears sufre en su programa de desintoxicación; RBD es un grupo musical;

Mitos Culturales: CONACULTA es una institución que fomenta la cultura y las artes; el Congreso de la Unión tiene genuino interés en fomentar el cine mexicano; Sebastián es un escultor.

Mitos Educativos: Elba Esther Gordillo es maestra; el CENEVAL beneficia la educación media y superior; Josefina Vázquez Mota trabaja por mejorar la educación en México.

Mitos Jurídicos: la justicia en México es honesta, limpia, imparcial y objetiva; la Constitución es la máxima ley en nuestro país; el Estado de Derecho impera en México.

Mitos Económicos: las privatizaciones son necesarias y urgentes para la economía nacional; las reformas al ISSSTE lo salvarán; la banca sirve a la economía nacional.

Mito Cómico: hay alguna diferencia entre las noticias de la clase política y la barra cómica;

Mito Religioso: Onésimo Cepeda es un obispo católico.

Mito Ético: la posición que se tome sobre el tema del aborto será una posición a favor de la vida o a favor de la muerte.

Mito Histórico: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano tiene algo del General Lázaro Cárdenas del Río (digo además del primer apellido);

Mitos Informativos: Gutiérrez Vivó y Jacobo Zabludovski son representantes de la prensa libre, independiente y honesta; Crónica es un periódico; Joaquín López Dóriga y Javier Alatorre son periodistas.

Mito Sexual: el supMarcos tiene bonitas piernasŠ (¡arrrrrrrrrroozzzz con leche!)

D).- Sobre el Campo Mexicano.-

1.- En el campo mexicano y, como fue explicado en forma breve y brillante por el compañero Rafael Alegría, de la Vía Campesina en Honduras, en todo el mundo, se da un proceso de destrucción y despoblamiento, y, de manera simultánea, de reconstrucción y repoblación.

2.- Sobre esto explicará más el compañeros Sergio Rodríguez LazcanoŠ


La reapropiación frente al despojo

Sergio Rodríguez Lascano
"La globalización moderna, el neoliberalismo como sistema mundial, debe de entenderse como una nueva guerra de conquista de territorios". (Subcomandante Marcos 7 pensamientos en mayo)

Si analizamos los hechos fundamentales de la historia de México, en todos ellos nos vamos a encontrar con la tierra como el hilo conductor que nos permite comprender las rebeliones, las revueltas y las revoluciones. La lucha por la tierra ha sido el signo de identidad en la conformación de ese gran sujeto social que es el pueblo mexicano.

Desde la intervención del imperio español, los de arriba han luchado por generar espacios de acumulación por medio del despojo, para lo cual siempre han utilizado la ideología del progreso como coartada. El progreso como mecanismo de saqueo y de eliminación de los lazos comunitarios.

El 6 de enero de 1992, Carlos Salinas de Gortari, adelantándose a lo que sería la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), hizo aprobar una serie de modificaciones al artículo 27 constitucional, con lo cual se buscaba no tan sólo dar por terminado el reparto agrario sino, sobre todo, poner en el mercado a la tierra. Con esto se enterraba la conquista fundamental de la revolución mexicana y se ubicaba a la tierra como una mercancía más que podía venderse o rentarse.

Al rededor de ese acontecimiento mucha saliva se gastó. Luis Téllez fue entrevistado por el Wall Street Journal y para que, los lectores de ese periódico, lo entendieran dijo que la reforma del 27 tenía como analogía histórica, la conquista del oeste en los Estados Unidos. Puso como ejemplo a esos "esforzados" colonos que atravesaron las rocallosas para colonizar el dorado californiano, desde luego lo que no dijo es que esa hazaña se hizo masacrando a las tribus indias. Según él, igual que en aquella ocasión, el capital fluiría como un río impetuoso civilizando el mundo atrasado del agro mexicano.

En el campo de los intelectuales, el ingeniero por profesión y vendedor por ocupación, ese que se disfraza con el ropaje de historiador, Enrique Krauze dijo que el conflicto que estaba atrás de la reforma del 27 se ubicaba entre los que luchaban por la libertad (Bakunin, Zapata, Manjo, Salinas de Gortari) contra los autoritarios estatistas (Marx, Lenin, Lázaro Cárdenas). Que las reformas del 27 le daban realidad al sueño de Zapata de Tierra y Libertad.

Al final del camino el campo no se ha capitalizado, lo cual no quiere decir que algunos no se hayan capitalizado con el campo. Mientras que en 1990 la participación porcentual del sector agropecuario al Producto Interno Bruto era de 6.19 en el 2004 bajo a 5.05. Y, desde luego, la perorata del intelectual orgánico de televisa quedó en que no fue un triunfo cultural de Bakunin, Zapata o Manhjo sino un triunfo económico de los hoteleros, dueños de grandes almacenes comerciales y las sociedades mercantiles agrícolas, de los restauranteros. En cambio los campesinos cada día son más pobres, así por ejemplo: Para el año 2005, de los 30.185 millones de personas que se encontraban en el medio rural, solamente 8.5 millones de personas se encuentran ocupadas en las actividades agrícolas y ganaderas. Del total de la población rural, el 34% no reciben ingreso (10 millones 262 mil 900 personas), 25% recibe hasta un salario mínimo (8 millones 796 mil 250 personas), 27.9% de uno hasta dos salarios mínimos (8 millones 421 mil 615 personas), 7% recibe de dos hasta cinco salarios mínimos (2 millones 112 mil 950 personas), y sólo 6.1% de los trabajadores agrícolas reciben un ingreso superior a cinco salarios mínimos (1 millón 841 mil 285 personas). (Datos del INEGI).

El problema que se vivió en 1992 fue que el grueso de las organizaciones campesinas, no tan sólo las oficiales sino también las que pomposamente se autodenominaban: nuevo movimiento campesino, avalaron o se quedaron calladas frente a tremenda agresión.

La idea que se ubicaba atrás de esa reforma era generar un reajuste espacial para el capital que tenía las siguientes características:

1.- Poner a la tierra en el mercado para su compra y su venta en lugar de sus productos. La tierra ahora podía ser vendida o rentada.

2.- Transformar la tenencia de la tierra, reintroduciendo el latifundio bajo el elegante nombre de sociedades mercantiles agrícolas.

3.- Realizar un nuevo proceso de separación de los productores de los medios de producción generando un excedente de mano de obra que sería canalizado hacia la inmigración hacia los Estados Unidos, fracturando el viejo tejido social. Permítanme detenerme un poco sobre esto. En la migración mexicana se ubican las cuatro ruedas de la carreta neoliberal: despojo, en tanto un buen de esos campesinos se vieron obligados a vender o rentar su tierra; la represión, en tanto muchas veces son víctimas de la violencia de la migra o de las guardias paramilitares de los rancheros racistas; el desprecio de un sistema regido por el racismo; la explotación salvaje que permite que el valor que crea la fuerza de trabajo sea inmenso. El resultado de sto es: que las remesas que mandan los trabajadores mexicanos que están en los estados Unidos haya alcanzado en el 2006, un poco más de los 24 mil millones de dólares; esta explica que no se haya caído del todo el nivel de vida de los campesinos pobres de nuestro país; un proceso triple que combina una dinámica nunca terminada de acumulación originaria de capital donde el capital financiero sigue saqueando a este país; un proceso de acumulación de capital y la utilización de los indocumentados como mecanismo de reproducción ampliada de capital; y, finalmente, la utilización de los bajos salarios de los trabajadores mexicanos para presionar hacia la baja los salarios del conjunto de los trabajadores de los Estados Unidos.

4.-Todo esto ha representado una agresión global, en contra de esta forma de organización agraria, en muchos sentidos única en el mundo, producto de la revolución mexicana, en contra de la economía moral de los mexicanos, en especial de las comunidades indígenas, con lo que se buscaba destruir una racionalidad, una forma de entender la relación con la naturaleza y una forma de organización social diferente, más armoniosa, donde no sólo se producían materias primas o cualquier tipo de mercancías, sino, antes que nada, relaciones sociales más justas y libres. El criterio de la ganancia entro como cuchillo en mantequilla desbaratando las viejas formas de producción, de comercialización, de organización.

5.- La transformación de los sembradíos, privilegiando la producción agrícola para la exportación por encima de los productos fundamentales de la dieta de los mexicanos. Al abandonar la siembra de productos destinados al mercado interno, no es casual que desde entonces la importación de maíz haya ido subiendo de manera escandalosa. Las importaciones de maíz proveniente de Estados Unidos se multiplicaron por 15 desde la entrada en vigor del TLC. A la avasalladora competencia estadounidense se ha sumado una "política más liberal" del gobierno mexicano que, en el caso del maíz, ha liberalizado el mercado más allá de lo requerido por el propio acuerdo:
El valor de las exportaciones agrícolas de Estados Unidos a México pasó de 3 mil 476 millones de dólares entre 1991 y 1993, previo a la entrada en vigor del TLCAN, a 7 mil 516 millones de dólares en el último trienio, lo que representó un incremento de 116%, según el reporte del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

6.- El generar una ideología productivista entre los que tienen la tierra, (un poco más de 2 millones de ejidatarios, frente a más de 30 que viven en el campo) buscando que no se preocupen de la problemática de los que no la tienen y que según esas modificaciones ya nunca la tendrán.

7.- Tener las manos libres para que las grandes sociedades mercantiles agrícolas introduzcan técnicas de sembradíos con semillas modificadas genéticamente que no tan sólo comienzan a inundar el mercado sino que contaminan a las plantas y semillas criollas.
8.- La utilización de tierra anteriormente de vocación agrícola para la construcción de grandes centros turísticos, centros comerciales, etc.
Desgraciadamente y a pesar de las evidencias, las viejas y la nuevas-viejas organizaciones campesinas siguen sin sacar conclusiones sobre el significado profundo de la reforma del 27 constitucional. Todos trabajan con ese hecho como si fuera un dato inamovible, con una resignación que raya en la aceptación de que ese es el único escenario posible.

Igual sucede entre los que en la pasada elección levantaron un supuesto proyecto alternativo de nación y dejaron de lado el significado de la reformas salinistas al 27. Y no está por demás repetirlo, pero no tiene caso ser un antisalinista de palabra pero un omiso frente al hecho fundamental que marcó ese gobierno.

Más aún los intelectuales "especialistas", "expertos" en la cuestión agraria se la pasan discutiendo sobre la "gran" problemática del campo y debaten sobre que es mejor: si una política de subsidios al agro para compensar la situación estacionaria de la producción agrícola o el volver a las estrategias diversificadas de la viejas sociedades agrarias. Pero resulta que hay más de 30 millones de mexicanos que viven en el campo y solamente un poco más de 2 millones tienen títulos de propiedad. ¿No será que fundamental deberá ser llevar a cabo una nueva reforma agraria que vuelva a fijar un límite de propiedad, quizá menor a lo que eran las 100 hectáreas? ¿No será que el primer paso sea revertir la reforma salinista del 27 constitucional y revertir el despojo al que se ha sometido al campesino indígena y no indígena? ¿No será indispensable reapropiarse de la tierra que están en manos de hoteleros, grandes comerciantes y de las impresionantes agrobussnies, tanto nacionales como internacionales?
Atrás, el problema se ubica en que esos expertos cuestionan el hecho de que después de la reforma del 27 se haya dado un proceso de venta y renta de la tierra, porque, basándose en los datos de proporción de terrenos ejidales, comunitarios, privados y nacionales constatan que ésta sigue siendo más o menos la misma que antes de la reforma del 27.

No se percatan, por que no salen a darse una vueltecita por el país, en especial por el norte de México, que la venta y renta se han estado dando a un ritmo impresionante, que el despojo se está llevando a cabo, día con día, sin que todavía se refleje en las estadísticas nacionales.

Pero hay un dato que revela la situación que se vive en este terreno: Para diciembre de 2005, de acuerdo al centro de estudios y publicaciones de la Procuraduría Agraria, un 22% del total de tierras ejidales y comunales se encuentra en proceso de cambio de dominio, para pasar a ser propiedad privada.
A lo que hay que agregar que la privatización de la propiedad socia ya realizada para el año 2004 fue de 1,804 núcleos agrarios representando una extensión de 829 mil hectáreas (Centro de estudios de la Procuraduría Agraria).
La Otra política agraria.

Según han explicado los compañeros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, uno de los motivos principales que les permitieron llegar a la conclusión que era indispensable alzarse en armas, fue la reforma salinista al 27 constitucional.

Por eso mientras todo mundo dio como un dato inamovible de la realidad que ya no se podía luchar por la tierra, que se había acabado el reparto agrario, como producto de la insurrección zapatista se expropiaron latifundios a finqueros racistas de varias regiones del estado de Chiapas. Las bases de apoyo zapatistas entraron en posesión de esas tierras y desde entonces las trabajan de manera comunitaria, rompiendo con la lógica del mercado, rompiendo con la lógica de la ganancia.

Para alguien como yo, hijo de campesinos pobres de Tlaxcala, cuya madre fue nana de niños ricos de una hacienda de toros, el significado de la primera reunión preparatoria de la Otra Campaña fue muy grande, entrar al casco de lo que alguna vez fue la finca de señores de horca y cuchillo, que ejercían el espantoso derecho de pernada, todo eso tenía algo de sabor a triunfo, representaba la evidencia de que era posible generar nuevas relaciones sociales y humanas, daba sentido específico al combate desde la izquierda por una sociedad más justa, de alguna manera vengaba los agravios de todos los campesinos mexicanos y de todos los hijos de los campesinos mexicanos.

Al mismo tiempo al escoger esa tierra recuperada se le mandaba un mensaje a toda la izquierda mexicana ahí reunida (desgraciadamente no toda lo entendió), que era posible trabajar con otro horizonte diferente al de la resignación, que era posible un anticapitalismo que iba más allá de las palabras.

Todo esto resulta intolerable para el poder, para el conjunto de la clase política, para el conjunto de los señores del dinero. Ellos quieren un campesinado que se esfuerce por "integrarse" mejor al mercado capitalista, aunque éste voluble como es, siempre los margina, que haga sus sociedades de crédito y se olvide de sus hermanos que no tienen tierra, o que venda o rente su tierra, o mejor aún, que se vaya de ilegal a los Estados Unidos y que mande remesas en dólares que son lo único que impide que la miseria se haga aún más terrible en el campo.

Pero no quiere a indígenas-campesinos insumisos que no sólo defienden su tierra sino que se organizan autónomamente y que, además, son las bases de apoyo de un ejército rebelde.

La defensa de las tierras recuperadas es la defensa de la esencia autónoma del zapatismo. No está por demás recordarlo, pero no hay autonomía en la práctica si no hay territorio.

Si los compañeros del EZLN, producto de su visión, que fusiona la política con la ética, han mantenido el compromiso y la generosidad de cumplir su palabra con la Otra campaña y con las comunidades visitadas durante la Otra Campaña con las cuales se hecho trato, de salir para llevar a cabo la segunda fase, nosotros tenemos la obligación de no dejar solos a nuestros compañeros bases de apoyo zapatista que están luchando en contra de esta nueva ofensiva de los señores del dinero y del poder.

El mantenimiento de la autonomía zapatista es el mejor vehículo para poder explicar que hay otra cosa, que lo que desde los medios de comunicación se nos vende como horizonte es apenas una realidad virtual. Que en medio del "desierto de lo real" hay un vergel donde se expresan esos dos afluentes del torrente zapatista: la ira y la razón.

Acabar con la conversión de la tierra en mercancía, con el despojo de los bienes terrenales, con la ganancia mal habida, es decir con el capitalismo sigue siendo el punto de partida para tomar en nuestras manos el control de nuestro destino, para poder seguir siendo México.

Si es verdad que está modernidad avanza para atrás y estamos volviendo a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, si el porfirismo es la única visión de futuro que tiene la clase política, si volvemos a ser un país con una economía de enclave, entonces no está mal volver a la vieja-nueva idea zapatista de que la tierra es de quien la trabaja.

Y muy probablemente, una vez más, escucharemos el viejo, muy viejo, prejuicio de los predicadores dominicales de izquierda que frunciendo la nariz dirán: "esa es una lucha pequeño burguesa", el campesinado y menos el indígena pueden hacer revoluciones, ni transformar de manera duradera las relaciones de dominio, a lo más que pueden aspirar es a ser aliados subordinados de la clase obrera. Y, como siempre sucede cuando esos señores hablan, la realidad les pasará de lado.
Por lo que vimos durante el recorrido de la Otra, es muy probable que estemos en los prolegómenos de volver a vivir la lucha por la tierra, como elemento central de la lucha en contra del capitalismo. No cabe duda que tenía razón el viejo socialista alemán cuando dijo, parafraseando a Goethe: gris es la teoría, verde el árbol de la vida.

A lo largo del recorrido de la Otra Campaña, el verde árbol de la vida del campo mexicano se apareció, nos interpeló, pero de eso hablara el Subcomandante Insurgente Marcos a continuación.

San Cristóbal de las Casas a 22 de marzo del 2007.

Subcomandante Insurgente Marcos:

3.- Tres ejemplos en tres estados gobernados por los tres principales partidos políticos:

a).- Sonora (gobernada por el PRI), Las 2 fotos. Ocurrió camino al territorio del pueblo MAYO, en Sonora. A un costado de la carretera, un gigantesco anuncio monumental proclamaba: "El Gobierno de Sonora cumple: con la creación de empleos". Unas decenas de metros detrás del anuncio, una vieja fábrica dejaba caer sus pedazos carcomidos por el óxido.

Otra foto: en una comunidad indígena MAYO, uno de los dirigentes hace una "lectura" de una foto aparecida en el suplemento Ojarasca, de La Jornada, y nos va contando la historia de despojo de tierras en contra del pueblo Mayo. Historia que se repite en las tierras del Tohono Oda´am, del Seri o Comc´ac, del Yaqui y del Pima.

b).- San Luis Potosí (gobernada por el PAN), el altiplano potosino. "Una escalera", dijeron los otros potosinos, y mostraron un mapa donde la vegetación se escalaba desde la Huasteca hasta el desierto. "Sí, una escalera", dijimos nosotros cuando los escuchamos explicar el desplazamiento de la población campesina original del altiplano y su sustitución por indígenas de la Huasteca, de Puebla, de Veracruz. No sólo cambió el origen de los pobladores, también la tenencia de la tierra. Donde antes había ejidos, ahora hay latifundios. Donde antes había comisariados ejidales, ahora hay capataces. Donde antes se producían alimentos para el consumo de la población, ahora se producen migrantes para la exportación.

c).- Zacatecas (gobernada por el PRD).- En la comunidad de La Tesorera, una empresa prestanombres del prócer perredista de la democracia y del FAP, Ricardo Monreal, pretendió humillar a los pobladores y se encontró con algo desconocido por él: la dignidad. Ahí mismo, otro de La Otra Zacatecas nos contó que en un poblado aumentó significativamente la migración de la población original, pero, extrañamente, aumentó el número de pobladores. Investigó: los zacatecanos tenían que migrar a Estados Unidos por el despojo de tierras, la falta de apoyos al campo, y los bajos salarios. El lugar de sus ejidos fue ocupado por terratenientes, y su fuerza de trabajo, por indígenas llevados como en los tiempos de porfirismo para trabajar de peones. En la Zacatecas perredista, dos tercios de la población de origen zacatecano viveŠ en Estados Unidos.

En el museo que hay en El Cerro de La Bufa para recordar la batalla de Zacatecas hay un ejemplar de un periódico de la época. En él se dice que los "bandidos" de Villa serán aplastados de un momento a otro. Unos días después Zacatecas cae en manos del ejército villista.

4.- Desmenuzando lo expuesto con meridiana claridad por Joao Pedro Stédile, ese recoger de la lluvias de abajo que es Eduardo Galeano, y los, esos sí, obispos católicos Don Pedro Casaldáliga y Don Thomas Balduino, podemos encontrar los pasos, muchas veces simultáneos, de la guerra de conquista en el campo mexicano: desmantelamiento de la política social: ni créditos, ni ayuda, ni mercado, nuevas legislaciones que destruyan las "defensas" jurídicas: reforma al 27, golpeteo económico en los precios (de productos y de consumo), cultivo de expectativas de nivel de vida, indefensión jurídica, venta o despojo, migración, reordenamiento capitalista del territorio, repoblación.

5.- Atenco y el FPDT, Oaxaca y la APPO, Chiapas y el EZLN.

a).- Atenco marcó un punto decisivo en la lucha en defensa de la tierra. La valentía de sus hombres y mujeres, así como la inteligente y decidida participación del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, entre cuyos dirigentes se encuentra Ignacio del Valle (hoy injustamente preso), tuvo uno de los triunfos que alentó la movilización campesina abajo y a la izquierda. Atenco no es sólo la represión del 3 y 4 de mayo del 2006, con su cauda de violaciones a los derechos humanos y la agresión a la mujer como política de Estado. Es también, y es preciso no olvidarlo, la movilización exitosa en contra del aeropuerto foxista. Movimiento que enfrentó la unión de gobiernos, empresarios, clero y los grandes medios de comunicación. El pueblo de Atenco, y con él, el FPDT, tiene mucho que enseñarnos a todas, a todos.

b).- El movimiento social que encabeza la APPO en Oaxaca marca también lecciones importantes en la lucha social. Aunque, por el manejo de los medios de comunicación, pareció y parece un movimiento centrado en la capital del estado, tuvo y tiene momentos brillantes en las zonas rurales oaxaqueñas, donde los pueblos indios han sacado relucir sus tradiciones de lucha y resistencia. Una gran lección del movimiento de la APPO es su empecinamiento, su capacidad de recuperación y la constancia en sus objetivos. Oaxaca entonces no es sólo la represión del 25 de noviembre y su saldo de ilegalidades y arbitrariedades, es también, y sobre todo, la organización popular autónoma, sin la tutela de instituciones ni partidos políticos, la democracia directa aplicada en circunstancias muy difíciles.

c).- En la Chiapas de nuestros dolores y esperanzas, las comunidades indígenas zapatistas demuestran que otro mundo es posible. Y que es posible levantarlo sobre la base de la cultura indígena, su concepción de la tierra y el territorio. "Dignidad" le llamamos nosotros a esta palabra, a este paso, a esta forma de vida, es decir, de lucha.

Cuenta una leyenda reciente que en las sombras de la madrugada en las montañas del sureste mexicano, hombres y mujeres de color moreno sólo tienen en su corazón un temor: el de nada hacer frente a la injusticia. "Los Vigilantes" llaman a estos hombres y mujeres. Son el núcleo duro del Votán Zapata, del guardián y corazón del pueblo. Ellas y ellos son quienes nos cuidan y acompañan. Alguien les pregunta: "¿De qué se trata todo esto?" Ellas y ellos responden: "De ser mejores, de la única forma que es posible ser mejores, es decir, en colectivo". Aunque apenas es un murmullo, la voz de Los Vigilantes se escucha como grito cuando dice: "De ser dignas y dignos, de eso se trata todo esto". Y yo agrego ahora: "uno de los caminos de la dignidad sigue la Vía Campesina en todo el mundo".

¡Libertad y Justicia para Atenco!

¡Libertad y Justicia para Oaxaca!

CAMPAÑA MUNDIAL POR LA DEFENSA DE LAS TIERRAS Y LOS TERRITORIOS INDÍGENAS Y CAMPESINOS, AUTÓNOMAS, DE CHIAPAS, MÉXICO Y EL MUNDO.
HERMANAS Y HERMANOS DE MÉXICO Y DEL MUNDO:

AQUÍ EN CHIAPAS HAY UNA NUEVA OFENSIVA EN CONTRA DE COMUNIDADES INDÍGENAS ZAPATISTAS, PROTAGONIZADA POR GRUPOS PARAMILITARES DE FILIACIÓN PRIÍSTA Y PERREDISTA, QUE CUENTAN CON EL APOYO DEL GOBIERNO ESTATAL (PERREDISTA); DEL GOBIERNO FEDERAL (PANISTA); DE SUS INSTITUCIONES AGRARIAS; DE EX-TERRATENIENTES, QUIENES ORIGINALMENTE ROBARON LAS TIERRAS A LOS PUEBLOS Y; DE LAS FUERZAS MILITARES Y POLICIALES EN FRANCA CONSPIRACIÓN PARA DESPOJAR A LAS COMUNIDADES ZAPATISTAS DE SUS TIERRAS Y TERRITORIOS RECUPERADOS A CORAZÓN, SANGRE Y MUERTE EN 1994.

AQUÍ EN CHIAPAS, CON EL ESFUERZO DE MILES DE COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS MILICIANOS Y BASES DE APOYO ZAPATISTAS, HICIMOS UNA VERDADERA REFORMA Y REVOLUCIÓN AGRARIA, SUSTENTADA EN LA LEY AGRARIA REVOLUCIONARIA DE 1993. GRACIAS A ESTA RECUPERACIÓN REVOLUCIONARIA DE TIERRAS Y TERRITORIOS, EXISTEN HOY DÍA MILES DE FAMILIAS ZAPATISTAS Y NO ZAPATISTAS QUE ANTES DE 1994 HABÍAN SIDO DESPOJADOS DE SUS TIERRAS, DE SU VIDA Y DE SU AUTONOMÍA. HOY, ESOS PUEBLOS Y ESAS FAMILIAS TIENEN TIERRA PARA TRABAJAR, TIERRA PARA CONSTRUIR COMUNIDAD, TIERRA PARA UN FUTURO MEJOR. PARA LOS PUEBLOS INDÍGENAS, CAMPESINOS Y RURALES, LA TIERRA Y EL TERRITORIO SON MAS QUE SOLO FUENTES DE TRABAJO Y ALIMENTOS; SON TAMBIÉN CULTURA, COMUNIDAD, HISTORIA, ANCESTROS, SUEÑOS, FUTURO, VIDA Y MADRE.

PERO HOY DÍA, AQUÍ EN CHIAPAS, IGUAL QUE EN MUCHAS OTRAS PARTES DE MÉXICO Y DEL MUNDO, EL PODER Y EL NEOLIBERALISMO IMPULSAN UNA VERDADERA CONTRA-REFORMA AGRARIA Y CONTRA-REVOLUCIÓN AGRARIA. COMO EN TODO MÉXICO Y EN MUCHOS PAÍSES EN DONDE SE HAN HECHO REFORMAS AGRARIAS - O DESDE ARRIBA, POR GOBIERNOS REVOLUCIONARIOS, O DESDE ABAJO, POR MOVIMIENTOS SOCIALES, O EN DONDE LOS PUEBLOS DEFIENDAN SUS TERRITORIOS CONTRA LA PRIVATIZACIÓN -TRATAN DE DESPOJAR A LAS COMUNIDADES DE LAS TIERRAS Y LOS TERRITORIOS RECUPERADOS, CON SUS EJÉRCITOS, PARAMILITARES, LEYES PRIVATIZADORAS, AUTORIDADES JURÍDICAS AGRARIAS, PARTIDOS POLÍTICOS, FALSOS DISCURSOS CONSERVACIONISTAS Y AMBIENTALISTAS, BIOPIRATERÍA Y CONTAMINACIÓN CON TRANSGÉNICOS, ENTRE OTROS, TODO CON EL FIN DE VOLVER MERCANCÍA PRIVADA LA TIERRA, LOS TERRITORIOS, LA BIODIVERSIDAD, Y LA VIDA MISMA.

AQUÍ EN CHIAPAS, COMO EN EL MUNDO ENTERO, EN DONDE INDÍGENAS, CAMPESINOS Y CAMPESINAS, PESCADORES Y PESCADORAS ARTESANALES Y OTROS PUEBLOS RURALES DEFIENDAN SU DERECHO A LA TIERRA Y TERRITORIO, Y EN DONDE PUEBLOS SIN TIERRAS LUCHAN POR LA TIERRA Y EL TERRITORIO, ESTAMOS BAJO ATAQUE DEL PODER.

EN TODO EL MUNDO, ES LA MISMA HISTORIA. NUESTRA LUCHA ES SU LUCHA.

REUNIDOS AQUÍ EN SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS ESTE 25 DE MARZO DE 2007, NOSOTROS, COMISIÓN SEXTA DEL EZLN, ADHERENTES LOCALES, NACIONALES E INTERNACIONALES DE LA OTRA CAMPANA Y ORGANIZACIONES HERMANAS NACIONALES E INTERNACIONALES, LLAMAMOS E INVITAMOS A TODAS LAS ORGANIZACIONES Y PERSONAS DE MÉXICO Y DEL MUNDO, DAR INICIO A LA CAMPAÑA MUNDIAL POR LA DEFENSA DE LA TIERRAS Y LOS TERRITORIOS INDÍGENAS Y CAMPESINOS, AUTÓNOMOS, EN CHIAPAS, MÉXICO Y EL MUNDO.

LLAMAMOS A ESTA CAMPAÑA MUNDIAL DE APOYO MUTUO ENTRE PUEBLOS RURALES Y OTROS PUEBLOS QUE APOYAN NUESTROS DERECHOS Y NUESTRAS LUCHAS POR EL DERECHO A LA VIDA Y LA DIGNIDAD, LLAMAMOS A JUNTAR NUESTRAS FUERZAS CON OTRAS, POR EJEMPLO, EL APOYO MUTUO ENTRE LA CAMPAÑA GLOBAL POR LA REFORMA AGRARIA DE LA VÍA CAMPESINA Y LA CAMPAÑA MUNDIAL POR LA DEFENSA DE LAS TIERRAS Y LOS TERRITORIOS INDÍGENAS Y CAMPESINOS, AUTÓNOMOS, EN CHIAPAS, MÉXICO Y EL MUNDO.
HERMANAS Y HERMANOS, LES INVITAMOS SUMAR ADHESIONES LOCALES, NACIONALES E INTERNACIONALES, Y ADQUIRIR EL COMPROMISO DE LLEVAR A CABO ACCIONES CONJUNTAS DE SOLIDARIDAD MUTUA.

LA LUCHA EN DEFENSA DE LA TIERRA Y EL TERRITORIO ES LA LUCHA POR LA VIDA Y LA DIGNIDAD.

DETRÁS DE NOSOTROS, ESTAMOS USTEDES.

sábado 7 de abril de 2007

"Se está realizando una forma de terrorismo estatal en contra de los mapuche"

Entrevista con el ex-juez Juan Guzmán Tapia hablando de algunos problemas enfrentados por los indígenas en Chile:
Como Werken (vocero) de la comunidad indígena de Mehuín, en la Décima Región, el ex ministro Juan Guzmán Tapia conversó en exclusiva con Crónica Digital, entregando sus opiniones sobre la situación de los pueblos indígenas, la Justicia y los derechos ciudadanos de las chilenas y chilenos. Guzmán se retiró del Poder Judicial en 2005 y saltó a la historia por ser el juez que pudo enjuiciar al ex dictador chileno Augusto Pinochet. Hoy se encuentra dedicado a la vida académica, como decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Central.

– ¿Cómo nació su motivación de ser vocero del pueblo lafkenche?

– Llegué a ser vocero o werken de la comunidad indígena de Mehuín como producto de una invitación que me realizó Aucán Huilcamán para participan un congreso, en el que los representantes de la comunidad lafkenche me propusieron ser su vocero frente a los chilenos y los pueblos del mundo. Me motivó el desprecio a su cultura, a su hábitat, al daño ecológico que no sólo se está llevando a efecto en Mehuín, sino también a todos los pueblos originarios que viven en nuestro país por parte de las grandes empresas.

– ¿Influyó en su decisión la defensa de su hábitat que realizaron los pescadores de Mehuín de hábitat y la forma en que lograron rechazar los barcos de la Armada chilena, que protegían a la empresa Celco?

– En efecto, fui a la zona y pude ver los videos y conversar con la Armada, así como con los pescadores, y pude ver cómo el barco contratado por Celco fue impedido por los pescadores de realizar las mediciones para que el ducto de esa empresa vertiera los contenidos contaminados al mar y dañara el frágil ecosistema de ese lugar.

– Después de un año como vocero de uno de los pueblos originaros, ¿qué opinión tiene de la situación de respeto de los derechos de las comunidades indígenas en Chile?

– En primer lugar, pienso que no hay avances importantes en el respeto a los derechos humanos del pueblo mapuche. Más aún, hoy se ha entregado un Informe del Estado chileno en el cual se sostiene que no se aplica la ley de conductas terroristas a dirigentes mapuches. Eso no es verdad, el Gobierno sabe muy bien que se les ha aplicado la Ley Antiterrorista en primera instancia, en segunda por lo penal, y por la Corte Suprema. Se tipificó los hechos imputados como conductas terroristas, en circunstancias que aquellos se tratarían, en los casos de personas que no son mapuches, sólo como delitos comunes. Hay un abuso, una discriminación, y ahora una gran mentira en ese informe entregado a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas por el Gobierno.

– Es decir, hay chilenos de primera y segunda categoría…

– Sin duda, hay personas de primera, segunda, tercera, sino más. Yo consideraría que los mapuches están en aquellos de tercera categoría. Eso es discriminatorio y atenta en contra de los derechos civiles de ese pueblo.

– Hace algunos días fue detenido José Huenchunao y mostrado por la policía engrillado y fuertemente custodiado. ¿Qué sintió al ver esas imágenes?

– Desde luego, vi un gran abuso en contra de esa persona. Todavía se cree que estamos en la colonización. Yo creo que se está realizando violencia estatal, que es una forma de terrorismo estatal, en contra de las personas de origen mapuche que defienden su tierra.

– ¿Cuáles son los pasos que, a su juicio, deberían adoptar para enfrentar el conflicto de los pueblos originarios, sobre todo la violencia que lo ha caracterizado en determinados momentos?

– En primer lugar, debemos saber de donde viene la violencia. Pienso que la violencia que está siendo sancionada puede ser provocada por las mismas personas que se dicen afectadas. Además debería investigarse con la tipología penal pertinente, porque con la ley antiterrorista se usan medios distintos y fraudulentos, como es el caso de los testigos sin rostros, que luego se comprobó que eran testigos sobornados y que, en los casos más emblemáticos, ni siquiera estaban en la zona las personas que eran acusadas de haber supuestamente participado en los hechos.

– ¿Qué otras medidas propone?

– Una prensa honesta que difunda en Chile y en el mundo lo que está pasando. En segundo lugar, buena fe por parte del Gobierno y los Tribunales de Justicia. Debo recordar que en la antigua Grecia, el filósofo Sócrates manifestó que la justicia es de los fuertes, de los poderosos. La justicia hoy sigue siendo la justicia de los poderosos. Creo que en la medida que tengamos conciencia de esa situación y podamos cambiarla, será posible poner fin a la discriminación.

– ¿Y qué le propone al pueblo mapuche?

– Sería muy bueno que el pueblo mapuche se uniera y que no constituyera una cantidad de agrupaciones y grupos. Debería haber una entidad que los representara a todos, una organización poderosa. Debería unirse y constituirse en una fuerza política seria, para así representar a los suyos en las distintas instancias del poder político nacional.

– Usted habla de la exclusión política y social pueblo mapuche, pero existen otros sectores, sociales y políticos, que están excluidos…

– No debería haber nadie excluido en nuestro país, repito nadie, ni los mapuches, ni los sectores políticos que no tienen participación en el Parlamento.

– En los últimos meses se ha estado discutiendo sobre la Ley de Amnistía, en las esferas políticas, en el Gobierno y en el mundo judicial. ¿Cuál es su opinión?

–En primer lugar debo indicar que las leyes de amnistía tienen un carácter político y su objetivo es pacificar a algún grupo que ha participado en alguna guerra, revolución o guerra civil. En el caso chileno, esta surgió en un gobierno autoritario, en una dictadura, donde se produjeron tantas torturas, desapariciones forzadas y otros hechos criminales. La amnistía que existe en el país es una autoamnistía y por tanto no aplicábamos esta disposición a los casos de derechos humanos, porque las convenciones internacionales así lo establecen: hay ciertos delitos que son inamnistiables e imprescriptibles. Desde mi punto de vista, está en los jueces no aplicarla.

– Pero hay algunos jueces que la han aplicado…

– Sí, pero creo que a la larga se va a corregir este factor.

– Usted investigó a Pinochet, hoy está muerto y no fue castigado por la justicia. ¿Cuál es su sentimiento?

– Yo procesé a Pinochet en dos casos: en la Caravana de la Muerte y en la Operación Cóndor. Cuando me di cuenta que no había voluntad política, ni tampoco voluntad jurídica por parte del Poder Judicial y en particular de la Corte Suprema, estime que debía hacer una labor fuera de la justicia en temas de derechos humanos.

– ¿Podría explicar a lo que se refiere cuando señala que no existió voluntad del Poder Judicial?

– Por supuesto, la Corte Suprema y el sistema judicial chileno perdió la oportunidad de rehabilitarse frente a Chile y el mundo. El Poder Judicial hizo una labor muy cobarde durante el régimen militar, particularmente rechazando más de 10 mil recursos de amparo, lo que significó la desaparición forzada de personas, la muerte y la tortura de millares de personas. Cuando solicité a la Corte Suprema someter a juicio a Pinochet y no lo sometió a juicio, perdió la oportunidad de rehabilitarse. El sistema judicial sigue hoy deshonrado.

– ¿Qué piensa que ocurrirá con los casos de derechos humanos que todavía se están investigando en la justicia?

– Creo que la mayoría de los jueces chilenos son honestos y confió que se haga justicia.

– Otro tema no menor es la responsabilidad política de los ministros del régimen de Pinochet en los casos de violaciones a los derechos humanos. ¿Está de acuerdo que respondan ante la justicia?

– Yo pedí el desafuero de Sergio Fernández, ministro del Interior, y también de Enrique Montero Marx, pero mi idea no sólo era procesarlos a ellos, sino también a los ministros de la Corte de Apelaciones de la época, y la gran mayoría estaban en la Corte Suprema, los cuales coparticiparon en la represión en contra de los chilenos. La idea mía era llegar también hasta ellos. Pero se olfateó antes cual era mi investigación, en especial hacia la justicia.

– Hace algunas semanas Michelle Bachelet cumplió un año de Gobierno. ¿Cómo evalúa Usted los 365 días en materias de derechos humanos?

– Me parece que hizo más como ministra, en su oportunidad, que como Presidenta de la República en temas relacionados a los derechos humanos. La prueba es el continuismo que se ha dado en estas materias: lo podemos ver en los Gobiernos de Frei, Lagos y hoy Bachelet en el caso particular de los pueblos originarios. En materia de investigación de los casos pendientes de violación a los derechos humanos en el régimen militar, podemos decir que hay avances, pero ha sido el esfuerzo de los jueces.

– ¿Y los derechos civiles?…

--Mire, cuando llega a Santiago ve una maravillosa carretera que hizo Ricardo Lagos, que se llama Costanera Norte. ¿Dígame si no siguen las mismas poblaciones callampas que han existido siempre? Allí se está infringiendo los derechos de los trabajadores. También en ámbitos como el plan Transantiago.

– ¿Los derechos de los ciudadanos están siendo transgredidos con el Transantiago?

– Yo creo que sí. El Plan Transantiago era fundamental por el caos que existía y por un transporte público muy deficiente. Pero por lo menos satisfacía medianamente al usuario. Se puso “la carreta antes que los bueyes”, la implementación debería haberse hecho gradualmente, primero por sectores y después en toda la capital. Me pregunto: ¿por qué se inyectaron millones de dólares en el sistema de carreteras y no la misma cantidad en el Transantiago? La verdad es que se privilegia a los más ricos en desmedro de los más pobres.

– En ese contexto, ¿la justicia está preparada para enfrentar la creciente demanda de los ciudadanos?

– Evidentemente que no. Falta mucho que aprender y crear. Los jueces crean el derecho, y por tanto todavía hay un proceso de aprendizaje. Un ejemplo de ello es la cantidad de casos que los tribunales de justicia dan a tramitación en materia medio ambiental, son muy pocos… Eso demuestra la realidad de nuestro sistema judicial. Para ello debería evolucionar la mentalidad de los jueces y tener los medios para poder estar a la altura de los derechos ciudadanos, creo que las escuelas de derecho tienen mucho que decir en la formación de los futuros abogados, jueces y fiscales, en lo que se refiere en los derechos colectivos y globales.

Iván Gutiérrez Lozano: Periodista y Director de Crónica Digital. Colaboró Rossy Frutos, estudiante en práctica de periodismo universidad Pedro de Valdivia.
Fuente: Rebelión

Reactivan paramilitares en Chiapas - México

En Chiapas se reactivan grupos paramilitares que –en complicidad con funcionarios federales– reclaman tierras en posesión del EZLN. Entre las acciones de contrainsurgencia destacan cinco incursiones armadas a la Junta de Buen Gobierno El Camino del Futuro, el secuestro de tres zapatistas y amenazas y actos intimidatorios en contra de defensores de derechos humanos.

Bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), defensores de derechos humanos e indígenas, luchadores sociales e institutos de investigación asentados en Chiapas, son amenazados e intimidados por grupos de corte paramilitar, como la Organización para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos (Opddic) y la Unión Regional Campesina Indígena (URCI), antes llamada Paz y Justicia.

Entre las acciones de contrainsurgencia -como califican el general José Francisco Gallardo y el doctor Gilberto López y Rivas a los operativos paramilitares- destacan cinco intrusiones de miembros armados de la URCI, ocurridas entre abril de 2006 y marzo de este año en el poblado Emiliano Zapata, del municipio autónomo Ricardo Flores Magón. Desalojo violento, robos, disparos al aire, golpes y destrucción de sembradíos, son los saldos hasta ahora.

También sobresalen los actos de provocación en contra de bases de apoyo zapatistas, como las detenciones ilegales cometidas por la Opddic en contra de Mariano Silvano Girón, autoridad autónoma del municipio Olga Isabel, y de Jorge García Gómez y Alfredo Cruz Gómez de la comunidad Mojha’, el 22 y 23 de febrero, respectivamente.

Y es justamente la Opddic -organización acusada de perpetrar el desalojo de la comunidad indígena Viejo Velasco Suárez, que el pasado 13 de noviembre cobró la vida de cuatro indígenas y la desaparición de cuatro más- la que también ha intimidado a defensores de derechos humanos y activistas sociales, quienes advierten que los gobiernos de Felipe Calderón y de Juan Sabines mantienen un silencio cómplice.

De diciembre a la fecha, Maderas del Pueblo, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, el Centro de Defensa de la Libertad Indígena Xinich y el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria, han recibido amenazas escritas; además, sus integrantes han sufrido diversos acosos.

“Entre 2006 y lo que va de 2007 [en Maderas del Pueblo] hemos documentado alrededor de 18 acciones de hostigamiento y amenazas, incluso de allanamientos a organizaciones defensoras de los derechos humanos”, expone Miguel Ángel García.

Conflicto agrario, el pretexto

Ernesto Ledesma, coordinador del Centro de Análisis Político e Investigaciones Sociales y Económicas (CAPISE), señala que en Chiapas se vive la reactivación de grupos con rasgos paramilitares. “Hay un recrudecimiento del hostigamiento contra las bases de apoyo zapatistas y es una clara disputa por el despojo del territorio y el control del mismo, con todos sus recursos naturales”.

Con base en los resultados de cinco investigaciones hechas por académicos del CAPISE, Ledesma advierte que “la Opddic es la parte operativa, pero hay un estrecho vínculo con la Procuraduría Agraria, la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) y el Ejército Mexicano”.

Para los activistas sociales, la relación entre dicha organización y la SRA ha quedado evidenciada: Beltrán Ruiz Chacón, trabajador con licencia y líder local del sindicato de esa dependencia es abogado particular del grupo paramilitar.

Información del CAPISE revela que dicha organización ha despojado mil 600 hectáreas a los zapatistas en el municipio autónomo Olga Isabel, de nombre oficial Chilón, y que mantiene en trámite la supuesta posesión de mil 300 hectáreas más. También pretende adjudicarse 2 mil 200 hectáreas en el municipio Altamirano y aproximadamente mil hectáreas en Ocosingo. “Es un descaro, un despojo pleno y abierto que están haciendo las autoridades federales a través de la Opddic”, dice Ledesma.

A pesar de que fue calificado por el gobierno de Vicente Fox como uno de los focos rojos más sensibles en términos de conflictividad agraria, la administración de Felipe Calderón considera que Chiapas es un asunto cerrado.

Alberto Pérez Gasca, director jurídico de la SRA, asegura que la administración pasada atendió y dio por concluido el problema agrario en la zona de Montes Azules, donde se identificaban 54 conflictos.

“En febrero se publicaron los decretos expropiatorios que faltaban para cerrar el paquete de conflictos de la comunidad. Para el gobierno este punto está cerrado. Sí hemos sabido de algunos problemas, que algunos grupos volvieron a invadir, pero desde el proceso de negociación quedó claro que eso sería competencia del gobierno del estado, ellos son los que deben aplicar el estado de derecho.”

Añade que desde el punto de vista agrario el asunto se resolvió por medio de acuerdos conciliatorios y que se aportaron recursos a los grupos para finiquitar las controversias.

Entonces -se le insiste al funcionario- todo Chiapas, incluyendo las zonas zapatistas, es asunto cerrado para la federación. “No en estricto todo lo que significa Chiapas. El problema de la zona zapatista es que deriva en cuestiones de otra índole”, reconoce.

Pérez Gasca dice que se ha intentado mantener negociaciones con los zapatistas para regularizar la tierra (indemnizada por la SRA a los dueños originales) a su favor. “Ese punto se sigue atendiendo, pero se requiere que vayan dándose los espacios de negociación y que los propios afiliados a esta organización [EZLN] decidan acogerse a la regularización que el gobierno federal pueda darle a esa tierra”.

Enfrentamiento, el riesgo

Aunque con poca actividad, durante la pasada administración de Pablo Salazar las redes de influencia de la Opddic se extendieron a los municipios de Tila y Palenque. “El gancho que está utilizando la Opddic son los títulos de propiedad. Llega con los habitantes de las comunidades, les dice que si quieren tener más tierras se sumen a ellos, pero cuidado si no quieren porque les quitan la tierra en la que están viviendo”, explica Ernesto Ledesma.

Para Miguel Ángel García, coordinador de Maderas del Pueblo, más allá de la conflictividad agraria, las acciones de provocación buscan generar un enfrentamiento armado y acabar con el EZLN y los defensores de derechos humanos.

“Sólo así -advierte- quedaría el campo libre para la inversión extranjera. Ellos (los dueños del capital) son quienes han exigido que haya paz social y eso no es más que el aniquilamiento de la oposición.” Para el ambientalista, los recursos naturales estratégicos ubicados en las zonas zapatistas son el principal botín.

De darse la confrontación, agrega, las consecuencias serían muy lamentables. “El EZLN tendría que contestar de manera armada. La diferencia es que la Opddic está disfrazada de organización no gubernamental y el EZLN no: es un grupo armado que tiene firmada una tregua [con el gobierno federal] a través de la Ley de Concordia y Pacificación”.

Explica que “si el Ejército Zapatista contesta como grupo armado frente a un grupo de la ‘sociedad civil’, que no se asume como paramilitar, el gobierno va a hacer creer que se trata de un enfrentamiento intercomunitario pero contra un ejército: un grupo civil, la Opddic, va a ser agredido por un ejército armado, el EZLN”.

Con un escenario así, es altamente probable que las Fuerzas Armadas apoyen a la “sociedad civil” agredida, dice Miguel Ángel García. “Van a arrasar a un ejército, el EZLN, que violó la tregua. Eso sería muy grave”.

En los primeros meses del gobierno de Calderón, de diciembre a marzo, han ocurrido tres de las cinco intrusiones de la URCI al nuevo poblado Emiliano Zapata. El asunto no es menor: los comandos armados de más de 15 hombres se mueven con facilidad por zonas donde abundan retenes militares.

El general brigadier del Ejército Mexicano, con 43 años de servicio, José Francisco Gallardo explica que la guerra de baja intensidad en Chiapas, que incluye la creación de grupos paramilitares, es el resultado de las severas críticas que recibió el Ejército después del levantamiento zapatista, en 1994.

El también candidato a doctor en Administración Pública por la UNAM expone que los grupos paramilitares “es gente civil, armada, adiestrada, equipada y financiada por el Ejército, por los gobiernos federal y estatal. Tienen la misión de provocar un rompimiento de la estructura social; de generar desplazamientos para desarraigarlos de su territorio; prostituir a la base de transmisión de la cultura y la lengua que es la mujer”.

SRA y Sabines, cómplices

Además de la venia de los militares, dependencias como la Secretaría de la Reforma Agraria y el gobierno de Juan Sabines podrían estar apoyando las actividades paramilitares, denuncian defensores de derechos humanos.

“El hecho de tener el respaldo de dependencias como la Secretaría de la Defensa Nacional, de la Reforma Agraria y de la Procuraduría Agraria nos dice todo. Para nosotros es muy claro: van a intentar darle legalidad a los despojos [de tierra]. La disputa es por el territorio y por los recursos naturales que hay ahí, donde están la comandancia del EZLN y las bases de apoyo”, dice Ernesto Ledesma.

“Estábamos sorprendidos de la celeridad con que se resolvían los amparos de la Opddic. En este intento de despojo de las 2 mil hectáreas le dan una celeridad impresionante, pero cómo no se la van a dar si el abogado trabaja en la Secretaría de la Reforma Agraria y es el secretario local del Sindicato de Trabajadores.”

Aunque deslinda a la dependencia, el director jurídico Pérez Gasca confirma la relación entre Beltrán Ruiz Chacón y el grupo de corte paramilitar.

“En efecto, en los Tribunales Agrarios hay constancias formales de que él estuvo actuando como abogado privado de un grupo de personas presuntamente afiliadas a la Opddic, que de suyo viola la ley: él, como funcionario, está impedido para ejercer el derecho para causa propia, y eso es lo que se hizo del conocimiento de la autoridad, porque es un asunto indebido y que esto tiene que ser sancionado justamente.”

El director jurídico de la SRA asegura que “con la organización en particular y a raíz de las actividades de Ruiz Chacón, que violan flagrantemente la ley, la Secretaría se deslinda completamente. Incluso hemos actuado como nos lo marca la norma, hemos denunciado estos hechos ante el Órgano Interno de Control, para que en términos de lo que establece la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas el servidor público sea sancionado”.

Pérez Gasca dice que, para evitar conflictos de intereses y tráfico de influencias similares al de Ruiz Chacón, el secretario Abelardo Escobar Prieto ha aplicado algunos mecanismos de vigilancia exhaustiva a la actividad de los servidores, como hacer del conocimiento de manera inmediata a la Secretaría de la Función Pública o incluso al Ministerio Público federal.

Acepta que, a pesar de tener 64 expedientes de la Opddic identificados con la firma de su trabajador, en este caso no acudieron la ministerio porque lo que marca la ley es que a partir de la investigación que realice el Órgano Interno de Control se derivarán situaciones en las que probablemente se haya cometido algún delito.

Sobre una destitución inmediata tras conocer su actividad como abogado de la Opddic, el director jurídico dice que “la investigación de la Función Pública es la que debe determinar si ha lugar a destituirlo e inhabilitarlo para ejercer cualquier cargo en la administración pública. Nosotros no podíamos en este momento separarlo del cargo porque perdería el carácter de servidor público y la autoridad estaría impedida para actuar”.

Al respecto Ernesto Ledesma comenta que el respaldo de la SRA se observa en la expansión que tiene en lugares estratégicos. “Cuando tienes el respaldo de las secretarías de la Defensa y Reforma Agraria, así como de la Procuraduría Agraria, pues tienes tierras y tienes armas”.

El investigador indica que “todo aquel que no sea de la Opddic se va a tener que salir, eso es lo que están intentando hacer en el territorio indígena de Chiapas, sobre todo en los municipios de Altamirano, Chilón y Ocosingo. Esos tres municipios son controlados por la Opddic, por el ex gobernador Roberto Albores Guillén, con la venia de Juan Sabines”.

EZLN responde

Los riesgos del enfrentamiento entre paramilitares y zapatistas aumentan. En febrero pasado el EZLN reaccionó a las amenazas y hechos intimidatorios: “A la Opddic, al señor Pedro Chulín [líder] y a las autoridades gubernamentales les decimos que estamos preparados y dispuestos a defender a nuestros pueblos y a hacer que se cumplan leyes indígenas que protegen los árboles y la naturaleza de la Selva Lacandona, prohibiendo la tala y el tráfico de maderas preciosas, así como la siembra, el tráfico y el consumo de narcóticos.

“Les decimos que si están dispuestos a reiniciar la guerra con esos medios, aunque disfrazándola de ‘enfrentamiento entre indígenas’, y amparados en las poses militaristas del señor Calderón, nosotros también estamos dispuestos y listos […]

“Con nuestra sangre recuperamos la vida para nuestra madre la tierra, con nuestra sangre la defenderemos. No importa cuántos soldados, policías o paramilitares vengan, cuidaremos la tierra que guarda a nuestros muertos aún a costa de nuestra libertad o de nuestra vida”, advirtió entonces el subcomandante Marcos.

Ernesto Ledesma dice que el riesgo es que vaya a haber enfrentamientos, muertos y desaparecidos. “Algo que lo miramos con un alto grado de posibilidad es los desplazados de guerra. No hay que olvidar que en Chiapas hay más de 10 mil desplazados de guerra que hasta la fecha no han podido regresar a sus comunidades”.

Ejército y paramilitares, estrecho vínculo

Investigaciones del CAPISE descubren que la Opddic tiene relación y apoyo directos del Ejército. “Nosotros identificamos que están estrechamente vinculados con los campamentos militares de Yajalón; Crucero Temó; Altamirano; el Vergelito, que forma parte del municipio de Altamirano; Rancho Península y Selva Lacandona, en Ocosingo; Monte Líbano, Taniperlas y San Caralapio, en la frontera de la Reserva de la Biosfera de Montes Azules”, asegura Ernesto Ledesma.

El general José Francisco Gallardo señala que “esta guerra de baja intensidad es aprendida en las escuelas de adiestramiento de Estados Unidos, pero que se utilizan para repeler a un ejército invasor no contra la población civil”. Y alerta que los paramilitares no sólo están en Chiapas, sino que ya tienen presencia en San Salvador Atenco, Oaxaca y Michoacán.

“Los grupos paramilitares se activan en momentos coyunturales, pero no desaparecen. La gente sigue recibiendo financiamiento y adiestramiento aunque no actúen. En las condiciones de inconformidad que estamos viviendo a nivel nacional, esos grupos paramilitares se reactivan. Para el Ejército y los gobiernos federal y local es muy fácil mantener esos grupos y utilizarlos como un sistema de inteligencia”.

Añade que “donde haya una inconformidad social va a haber infiltrados grupos paramilitares. Son grupos formados por funcionarios públicos, policías, militares retirados, delincuentes, maestros de las secciones. El papel de ellos ya lo saben, es agarrar una arma o un garrote y golpear a la gente, infiltrarse, intimidar, herir”.

El doctor en Sociología y académico del INAH Gilberto López y Rivas dice que Chiapas es una demostración palpable de la continuidad entre la política de Vicente Fox y la de Calderón. “Mediatizar, controlar y exterminar el movimiento de oposición del pueblo mexicano y en particular de los pueblos zapatistas. Calderón está ahí para que este país goce de tranquilidad para el capital. Y los zapatistas, lo saben muy bien los militares, constituyen un enemigo histórico que desde que surgió ha traído un odio enorme en el sector castrense.

“Calderón, que se ha sostenido durante todas estas semanas bajo la tónica de apoyar y apoyarse en los militares, va a continuar con la política elaborada por los manuales de contrainsurgencia del Ejército Mexicano y por todos los intereses estratégicos que hay en la región.”

Opddic, apoyo gubernamental

Para Miguel Ángel García, coordinador de Maderas del Pueblo, en una clásica medida que establecen los manuales de contrainsurgencia de origen norteamericano, la Opddic expropia el discurso de las organizaciones de defensa de los derechos y adopta ese nombre para disfrazarse.

“Cualquiera que no conozca el contexto piensa que esa es una ONG de defensa de los derechos indígenas. Pero en realidad es una organización que tiene su origen en una organización paramilitar que se llamó MIRA (Movimiento Indígena Revolucionario Antizapatista) y que actuó en las cañadas de la Selva Lacandona en los años de 1996 a 1998, sobre todo en 1998, con el apoyo del gobernador Roberto Albores Guillén”.

El fundador del MIRA y quien aún se mantiene detrás de la Opddic es el diputado priísta suplente, Pedro Chulín, un indígena tzeltal ex simpatizante zapatista. “Él fue integrante de la Cempi, pero después da el cambio y se convierte en un delator y creador del grupo paramilitar MIRA, este último se transforma en la Opddic. Para disfrazar la actividad se convierte en un supuesto grupo de apoyo de defensa de derechos, pero a su interior mantiene grupos civiles armados”.

A lo largo del sexenio de Fox y de Pablo Salazar los grupos paramilitares no actuaron, pero tampoco hubo castigos. Hubo impunidad y apoyos, dice Miguel Ángel García. “La Opddic recibió, bajo el rubro y disfraz de apoyos para proyectos productivos, recursos públicos de la Secretaría de Desarrollo Social de Chiapas”.

Para el ambientalista es difícil que el gobierno de Juan Sabines se deslinde del grupo de corte paramilitar. “María Cruz, quien estaba en desarrollo social con Salazar fue ratificada en el cargo por Sabines. Eso nos hace presuponer que la misma política permanece, porque es la misma persona”.

Para la elaboración de este trabajo se solicitó la posición del gobierno de Juan Sabines. El área de comunicación social canalizó la petición a la Secretaría de Gobierno, a cargo de Jorge Antonio Morales Messner, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

Detienen a Chulín

El pasado 7 de marzo Pedro Chulín Jiménez, dirigente de la Opddic, y una veintena de militantes de dicha organización fueron detenidos por la Fiscalía General de Chiapas. El moti